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Ciencia

Un hallazgo en Perú revela dos pequeños sapos de arcilla: Lo que simbolizan podría cambiar lo que sabemos de la civilización más antigua de América

En Vichama, a 160 kilómetros de Lima, arqueólogos encontraron una escultura de sapos de 3.800 años que perteneció a la civilización Caral. No es un hallazgo cualquiera: los anfibios tenían un papel clave en la cosmovisión andina y podrían reescribir la forma en que entendemos cómo esta sociedad enfrentaba sus crisis ambientales.
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En la costa norte de Perú, donde la tierra árida se entrelaza con el mar, la civilización Caral escribió una historia que aún sorprende a los arqueólogos. Ahora, un hallazgo inesperado en Vichama, ciudad agropesquera de aquella cultura milenaria, suma un capítulo enigmático: una escultura de sapos que condensa mitos, temores y esperanzas frente al clima.

Un hallazgo que habla de agua y supervivencia

El descubrimiento fue presentado en la sede del Ministerio de Cultura de Perú, tras meses de trabajo en el sitio de Vichama, ubicado a 160 kilómetros al norte de Lima. La pieza, de apenas 12 centímetros, muestra a un macho y una hembra unidos por las patas posteriores, pintados en rojo y negro. Para los especialistas, el simbolismo no es casual: en la cosmovisión andina los sapos estaban ligados al agua y a las lluvias, elementos vitales para una sociedad que sobrevivía en un entorno frágil y dependía de cada ciclo climático.

Tatiana Abad, jefa del sitio arqueológico, subrayó que se trata de la primera vez que aparecen esculturas de este tipo en Caral. En su interpretación, la figura revela un ritual que invocaba abundancia en tiempos donde las lluvias significaban la diferencia entre hambruna y prosperidad.

Vichama: un espejo de crisis y esperanza

Hallan en Perú una escultura que cambia la visión sobre la civilización más antigua de América
© John Reyes Mejía.

La escultura se conecta con otras manifestaciones halladas en el complejo de Vichama, como los murales que narran episodios de sequías y cambios drásticos en el entorno natural. Ruth Shady, directora de la Zona Arqueológica Caral, recordó que estas representaciones no eran meros adornos, sino mensajes codificados sobre la lucha de una comunidad contra crisis ambientales provocadas por el cambio climático hace miles de años.

La ciudad, asentada a orillas del río Huaura, fue un centro agropesquero clave en la última fase de Caral. Pirámides, plazas y murales en relieve aún custodian la memoria de una cultura declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2009. Cada hallazgo —como este muro descubierto en 2015 con figuras cadavéricas de vientres vacíos— confirma que Vichama fue también un testimonio sobre la fragilidad de la vida y la capacidad de resiliencia frente a la adversidad.

El mensaje oculto en los sapos de Caral

La escultura de los sapos no es solo un vestigio arqueológico: es una metáfora del vínculo entre la naturaleza y la supervivencia. Para los antiguos habitantes de Vichama, representar a los anfibios era un modo de dialogar con las fuerzas que podían destruir o salvar su mundo. Ese mensaje, nacido hace 3.800 años, resuena hoy como un recordatorio de que las crisis climáticas, lejos de ser un fenómeno moderno, han acompañado a la humanidad desde sus primeros capítulos de civilización.

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