El estudio, publicado en Journal of Experimental Biology, fue realizado por un equipo de científicos de Colombia y Estados Unidos, liderado por Felipe Garzón-Agudelo, del Centro de Investigación Colibrí Gorriazul, junto con investigadores de la Universidad de Washington. Los resultados muestran que el pico de los machos funciona como una auténtica daga durante los enfrentamientos por territorio y acceso a las hembras.
Un dimorfismo que va más allá de la alimentación
El colibrí ermitaño verde habita exclusivamente en América Latina, con presencia en países como Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil y Bolivia. Desde hace tiempo se sabía que existían diferencias claras entre los picos de machos y hembras: los primeros lo tienen más recto y afilado, mientras que el de las hembras es más curvo.
Tradicionalmente, este dimorfismo se explicaba como una adaptación para explotar distintos tipos de flores y reducir la competencia por el alimento. Sin embargo, el comportamiento agresivo observado durante la época reproductiva llevó a los investigadores a plantear otra hipótesis: ¿y si el pico del macho estuviera optimizado para pelear?
Ermitaño verde ( Phaethornis guy). Colibrí colombiano habitante del sotobosque con abundante flor de Heliconia. En temporada de reproducción, machos cantan y mueven sus largas colas casi todo el día para lograr conseguir pareja. Así es la vida#BirdsSeenIn2023 #BirdsOfTwitter pic.twitter.com/q8KlvKEKvg
— OSWALDO CORTES (@oswaldoaves) July 3, 2023
Ingeniería natural al servicio del combate
Para comprobarlo, el equipo analizó picos de ocho machos y ocho hembras adultos mediante modelos tridimensionales de alta resolución. A partir de estas reconstrucciones, realizaron simulaciones biomecánicas para evaluar cómo se transmitía la fuerza, qué riesgo había de rotura y cuánta energía se necesitaba para deformar el pico durante un impacto.
Los resultados fueron concluyentes. Los picos de los machos son más largos, rectos y con puntas mucho más agudas. Además, requieren más de un 50 % menos de energía para deformarse, presentan casi un 40 % menos de riesgo de romperse y soportan mejor la tensión cuando los golpes se producen de forma horizontal, el tipo de ataque más probable en vuelo.
Según Garzón-Agudelo, “el pico del macho no sacrifica resistencia por ser más afilado: combina penetración y robustez, una característica clave para el combate”.
Colibrí ermitaño verde!
Siempre va a ser un reto fotografiar colibríes pero cuando se logra deja una linda sensación!
No logro identificar bien el colibrí chupando la flor, para el que sepa 📷
Jardín, Antioquia. pic.twitter.com/Th9eCO8lcG— ParceroDLasFotos (@JuanDQuintero01) May 6, 2024
Implicaciones evolutivas y de conservación
Este hallazgo amplía la comprensión de cómo la selección sexual puede moldear la anatomía de las aves, incluso en estructuras tradicionalmente asociadas solo a la alimentación. En este caso, la competencia entre machos habría sido un factor decisivo en la evolución del pico.
Desde el punto de vista de la conservación, el estudio subraya la importancia de proteger no solo las flores que utilizan para alimentarse, sino también los bosques donde los machos se exhiben y se enfrentan. La degradación de estos hábitats puede afectar directamente a su éxito reproductivo.
Lejos de ser simples joyas voladoras, los colibríes esconden historias de lucha, adaptación y sofisticada ingeniería natural. El pico del ermitaño verde es una prueba más de que, en la evolución, incluso las estructuras más bellas pueden tener un lado letal.
Fuente: Infobae.