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El estudio de las marcas en espadas de la edad de bronce revela cómo luchaban en realidad aquellos guerreros

Comparadas con las espadas de acero, las espadas de la edad de Bronce son bastante desastrosas. Tanto es así que muchos estudiosos se han llegado a preguntar si las armas de aquella época realmente se usaron en batalla o eran solo objetos ceremoniales. Un equipo de arqueólogos lo ha comprobado a golpes.

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El problema de las espadas de la edad de bronce son los materiales de que están hechas. Las aleaciones de cobre, latón y bronce de aquella época son blandas, fáciles de dañar, y difíciles de reparar. Los problemas metalúrgicos eran tan variados que existían muchas dudas sobre cómo podían usarse en batalla (si es que alguna vez se hizo). Un estudio publicado en la revista Journal of Archaeological Method and Theory acaba de zanjar esa cuestión. Las espadas de bronce no solo se usaron, sino que además los guerreros que las blandieron practicaron complejas artes de esgrima que se creían muy posteriores a esa época.

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Para probar su teoría, los investigadores de la universidad de Dublin estudiaron las marcas de 110 espadas de la Edad de Bronce provenientes de yacimientos en Gran Bretaña e Italia. Pero estudiar la forma de los cortes y golpes en el filo de una espada es muy diferente a averiguar cómo se produjeron esas marcas. Para poder comparar, los investigadores ordenaron la forja de siete espadas. Estas siete armas son réplicas de espadas reales de aquella época, y no solo debían respetar escrupulosamente el tamaño, forma, o peso de las originales, sino que además debían forjarse siguiendo las misma técnicas que en la Edad de Bronce. Nada de tecnología moderna, solo un martillo y un yunque de bronce y el brazo fuerte de un maestro armero.

Para que las réplicas fueran perfectas, los investigadores compararon su estructura a nivel microscópico, los procesos de cristalización del metal y su composición a nivel molecular (La mayor parte de de ellas, por ejemplo, llevan alrededor de un 12% de estaño y un 88% de cobre en su composición). El resultado son estas siete bellezas.

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Una vez forjadas, las espadas pasaron por la única prueba por la que una espada puede pasar: la del combate. Los investigadores se pusieron en contacto con especialistas en esgrima histórica (HEMA) para que probaran las armas tratando de limitarse a movimientos sencillos. Tras estas pruebas biomecánicas, los investigadores analizaron las marcas en las réplicas actuales y las compararon con las de las originales.

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La primera conclusión es que sí, las espadas de la Edad de Bronce se usaron en combate. Las marcas en las armas coinciden al milíometro con las muescas y deformaciones producidas por el entrechocar de las réplicas o de estas con escudos. No solo eso, el experimento ha arrojado alguna luz sobre las técnicas de combate de aquella época.

Se da la circunstancia de que no existen documentos que expliquen cómo luchaban los guerreros de la edad de bronce exactamente. Todo lo que podíamos hacer hasta ahora era especular sobre los movimientos de espada y escudo en función del tamaño y equilibrio de las armas y lo que sabemos de esgrima, y lo que sabemos de esgrima resulta ser muy posterior... o quizá no tanto como creíamos.

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Los especialistas en esgrima combatieron usando técnicas medievales de esgrima, y los resultados coinciden con las muescas de la Edad de Bronce. La comparación, por ejemplo, ha confirmado que los guerreros de aquella época ya practicaban el versetzen o desplazamiento, un movimiento de la esgrima medieval alemana cuya primera referencia conocida se sitúa hacia el año 1.300 de nuestra era, más de 2.000 años después del final de la edad de bronce.

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El descubrimiento indica que las artes marciales de la edad de bronce eran mucho más complejas de lo que imaginábamos. El problema es que, sin documentos que lo ilustren, tan solo podemos indagar en los daños de las armas y tratar de deducir cómo se produjeron en el contexto de un combate. Gracias a este estudio ya tenemos registrados 2.500 muescas diferentes en las armas. Con el tiempo quizá los entusiastas de las espadas tengamos toda una nueva escuela de esgrima con la que practicar, una que no se ha visto desde hace miles de años. [Journal of Archaeological Method and Theory vía Science Alert]

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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