La noche prometía un espectáculo clásico: el pico de las Perseidas, con decenas de meteoros surcando el cielo. Sin embargo, un fenómeno inesperado —una inmensa espiral luminosa— acaparó las miradas y las cámaras. Lo que parecía un suceso astronómico nuevo resultó ser un conocido efecto de la exploración espacial… aunque con un responsable todavía no identificado.
Un remolino inesperado sobre las Perseidas
A las 22:30 horas ET del 12 de agosto, mientras los meteoros comenzaban su máximo esplendor, un punto tenue apareció sobre partes de EE. UU. y Canadá. En cuestión de segundos, se desplegó en una espiral blanca que navegó lentamente durante diez minutos antes de desvanecerse.
Testigos en al menos diez estados —de Maryland a Nebraska— lograron capturar imágenes y vídeos, como el fotógrafo Joshua Thum en el Observatorio Yerkes, Wisconsin, y el astrofotógrafo Dan Bush en Missouri. El espectáculo, aunque etéreo, no era un misterio total: consistía en combustible de cohete liberado en la atmósfera antes de su reentrada. Al congelarse, el combustible forma cristales que reflejan la luz solar, y la rotación del cohete crea la forma de espiral.
Entre dos cohetes y una duda persistente
Las primeras sospechas apuntaron al lanzamiento del cohete Vulcan Centaur de United Launch Alliance, que despegó desde Cabo Cañaveral a las 20:56 ET para colocar satélites militares en órbita. Pero otro candidato surgió pronto: un Ariane 6 de la Agencia Espacial Europea, lanzado desde la Guayana Francesa solo 19 minutos antes, que transportaba un satélite meteorológico europeo.
El astrónomo Jonathan McDowell, del Harvard & Smithsonian Center for Astrophysics, considera al Ariane 6 el más probable, basándose en su trayectoria. Sin embargo, la certeza aún se escapa, y los expertos evitan conclusiones precipitadas.
Espirales del espacio cada vez más comunes
Este tipo de figuras luminosas se ha vuelto más habitual con el aumento de lanzamientos espaciales, sobre todo por parte de compañías privadas como SpaceX. Sus Falcon 9 han originado remolinos famosos, como uno sobre el Reino Unido en marzo de 2024, una espiral “cornuda” sobre Europa en mayo de ese año o un espectacular vórtice azul junto a auroras en 2023.
Aunque hoy comprendemos el mecanismo que las forma, el remolino que interrumpió las Perseidas recuerda que el cielo nocturno es un escenario compartido entre la naturaleza y la tecnología, y que no siempre es sencillo distinguir una de otra.