En 1951, cuando el mundo todavía se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial, una familia inglesa tomó una decisión radical: dejar todo atrás e instalarse en una isla casi deshabitada en el otro extremo del planeta. No había caminos, ni muelles, ni electricidad. Solo viento, mar y unas 7.400 hectáreas de vegetación salvaje.
La isla se llama Three Hummock, “tres colinas” en inglés, y está en el estrecho de Bass, el brazo de mar que separa la isla australiana de Tasmania del continente, frente a la costa noroeste de Tasmania. Allí vivieron los Alliston durante 55 años. Hoy, esa misma tierra es una reserva natural protegida por el Estado.
Una vida al ritmo de las mareas

La familia estaba encabezada por John Alliston, un excomandante condecorado de la Marina Real británica, y su esposa Eleanor. Llegaron con tres hijos; la cuarta, Ingrid, nació después de la mudanza. Todo lo que necesitaban debían construirlo con sus propias manos: refugios, sistemas para recolectar agua de lluvia e incluso una pista de tierra para que pudieran aterrizar avionetas.
Vivían de la cría de ovejas y vacas, y dependían de las mareas para que los barcos de abastecimiento pudieran llegar desde Tasmania. Los hijos estudiaron durante una década por correspondencia, con lecciones que llegaban por correo, hasta que partieron a internados en Tasmania. Eleanor narró esa experiencia en dos libros, Escape to an Island, publicado en 1966, y An Island Affair.
De estancia a reserva
Con los años, el valor natural de la isla se volvió evidente. En 1978, la mayor parte de sus 7.400 hectáreas fue declarada reserva natural, y en 2001 recibió la categoría de reserva estatal. La familia, que ocupaba la tierra bajo un contrato de arrendamiento, mantuvo su presencia hasta 2006, cuando vendió el arriendo y la gestión pasó a manos de las autoridades de parques.
Ese mismo año, un relevamiento de flora y fauna del gobierno de Tasmania documentó en la isla 289 especies de plantas vasculares, de las cuales unas 60 eran introducidas, y seis especies nativas consideradas raras o vulnerables. La huella de décadas de ganadería seguía presente, pero el ecosistema conservaba un valor notable.
Un refugio para aves marinas

Hoy, Three Hummock es un santuario para la vida silvestre del sur de Australia. En sus costas anidan pingüinos pequeños, también llamados pingüinos azules, la especie de pingüino más pequeña del mundo, junto con pardelas, gaviotas del Pacífico, ostreros y el chorlito encapuchado, un ave playera amenazada.
El gran desafío para su conservación son las especies introducidas, como los gatos asilvestrados, que cazan aves y ponen en riesgo a las poblaciones que anidan en el suelo. Controlarlos es una de las prioridades para proteger a las especies más vulnerables.
La isla funciona actualmente como un destino de ecoturismo con capacidad para unas pocas personas a la vez, lo que permite visitarla sin alterar su carácter salvaje. La historia de los Alliston muestra cómo un lugar que durante medio siglo fue un hogar aislado terminó convirtiéndose en un refugio para la naturaleza.