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Jase creció en una isla de 2,5 kilómetros y Katie llegó como farmacéutica voluntaria. Hoy crían allí a sus tres hijos: el agua cae del cielo, la comida sale del mar y hasta ir al médico exige planificar un viaje

Uepi parece un paraíso tropical, pero criar allí a tres niños significa producir agua y energía, cultivar alimentos y anticipar cada suministro. Para esta familia, vivir aislada es sobre todo aprender a planificar.
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Desde el aire, Uepi parece prácticamente diseñada para vender la fantasía de abandonar la ciudad. Una franja verde de apenas unos kilómetros, rodeada de arrecifes turquesa en las Islas Salomón, sin tráfico, edificios ni supermercados. De un lado está la laguna de Marovo; del otro, el fondo marino cae hasta unos 2.000 metros de profundidad.

Para Jase y Katie Kelly, sin embargo, no es una escapada.

Es donde están criando a Arlo, Ophelia y Darwin, sus tres hijos, y donde han aprendido que vivir fuera de la red significa convertir cosas tan simples como beber agua, encender una luz o conseguir un repuesto en pequeñas operaciones logísticas. La familia describe su vida como una mezcla de naturaleza, comunidad y autosuficiencia, aunque admite que está lejos de ser perfecta.

Todo empieza con algo que en una ciudad damos por sentado: abrir el grifo

Jase creció en una isla de 2,5 kilómetros y Katie llegó como farmacéutica voluntaria. Hoy crían allí a sus tres hijos: el agua cae del cielo, la comida sale del mar y hasta ir al médico exige planificar un viaje
© YouTube /
The Island Life of Us.

Uepi no dispone de una red pública convencional de agua potable. El agua dulce se recoge de la lluvia, se almacena y, actualmente, la que utiliza el complejo se filtra hasta una micra y se esteriliza con luz ultravioleta antes de salir por los grifos.

La alimentación sigue una lógica parecida. Pescan, cultivan parte de los productos frescos y durante años han desarrollado incluso sistemas hidropónicos caseros. El propio resort utiliza verduras procedentes de sus jardines y pescado obtenido localmente. Pero autosuficiencia no significa independencia absoluta: todavía necesitan suministros que llegan desde otras islas y desde el exterior.

La electricidad también ha requerido generar su propia infraestructura. Durante años dependieron fundamentalmente de generadores diésel y comenzaron después una transición hacia energía solar, otro ejemplo de cómo vivir en un lugar aparentemente sencillo puede exigir sistemas sorprendentemente complejos detrás. Y si algo se rompe, no existe una ferretería a diez minutos.

Una pieza olvidada puede significar esperar al siguiente transporte.

Katie llegó para dos semanas. Terminó construyendo allí su vida

Jase creció en una isla de 2,5 kilómetros y Katie llegó como farmacéutica voluntaria. Hoy crían allí a sus tres hijos: el agua cae del cielo, la comida sale del mar y hasta ir al médico exige planificar un viaje
© UEPI.

La historia tampoco empezó exactamente como la clásica pareja que un día decidió venderlo todo. La familia de Jase lleva más de 40 años vinculada a Uepi. Sus padres se trasladaron a las Islas Salomón en los años 80 y él pasó buena parte de su infancia entre la isla y Australia.

Katie apareció mucho después.

En 2013 viajó a las Islas Salomón como farmacéutica voluntaria durante una misión médica de dos semanas. Allí conoció a Jase. Tras mantener una relación a distancia, en marzo de 2015 se mudó a Uepi pensando inicialmente en quedarse un año. Nunca terminó marchándose. Se casaron en 2016 y tuvieron después a sus tres hijos.

La medicina, precisamente, muestra mejor que casi cualquier otra cosa lo que significa la distancia. Existe atención sanitaria en la región, pero cuando nacieron sus hijos la pareja optó por regresar a Australia para los partos antes de volver a la isla. La propia información para visitantes de Uepi recomienda llevar desde el comienzo medicamentos esenciales porque reemplazarlos allí no es algo inmediato.

Incluso ir al colegio requiere inventarse otra rutina

En 2026 la familia llegó a buscar públicamente una maestra de primaria dispuesta a mudarse durante al menos un año a Uepi. El trabajo consistía en enseñar a dos de sus hijos siguiendo el currículo australiano mediante educación a distancia, mientras la persona contratada pasaba a formar parte de la vida cotidiana de la isla. Y detrás de la familia hay una comunidad mucho mayor. El resort trabaja con más de 50 empleados locales y funciona en colaboración con habitantes de las islas vecinas, algo que los Kelly consideran esencial tanto para mantener Uepi operativa como para apoyar proyectos locales de salud y educación.

Llegar hasta allí ya explica bastante bien el aislamiento: desde otras partes de las Islas Salomón hay que volar hasta Seghe y continuar después en barco a través de la laguna de Marovo.

Desde una pantalla, Uepi puede parecer el lugar perfecto para desaparecer del mundo moderno. Vivir allí demuestra casi lo contrario: cuanto más lejos estás de todo, más tienes que pensar en todo antes de necesitarlo.

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