Australia se separó del supercontinente Gondwana hace unos 40 millones de años y, desde entonces, quedó rodeada por aguas profundas que funcionaron como una barrera prácticamente infranqueable para buena parte de la fauna terrestre. Sin puentes de tierra que la conectaran con Asia ni con el resto de las masas continentales, sus especies evolucionaron de forma aislada, sin el intercambio genético ni la competencia de otras faunas que sí ocurrió en el resto del planeta.
La línea que separó dos mundos

Ese aislamiento tiene, además, un correlato geográfico famoso: la línea de Wallace, trazada por el naturalista británico Alfred Russel Wallace en el siglo XIX entre las islas de Bali y Lombok, en el sudeste asiático. A un lado de esa línea predominan animales de origen asiático, como tigres y rinocerontes; al otro, especies de linaje australiano. Entre ambas hay una franja de transición conocida como Wallacea, rica en especies endémicas propias. Australia y Nueva Guinea, más al sudeste, comparten la plataforma continental de Sahul, la verdadera frontera biogeográfica que terminó de aislar a los animales australianos del resto de Asia.
El resultado de tantos millones de años de evolución en soledad se puede medir con bastante precisión. Según el Museo Australiano, más del 80% de las especies de mamíferos de Australia son endémicas, es decir, no existen en estado natural en ningún otro lugar del planeta. El nivel de endemismo varía bastante según el grupo animal: ronda el 93% en reptiles, el 94% en anfibios y baja al 46% en aves, que al poder volar tuvieron muchas más oportunidades de cruzar el océano en ambas direcciones.
Un bestiario que no se parece a nada más

Ese aislamiento dio lugar a linajes completos que no tienen equivalente en el resto del mundo. Los marsupiales (mamíferos que dan a luz crías poco desarrolladas y las terminan de criar en una bolsa externa) se diversificaron en Australia en formas tan distintas como los canguros, los koalas, los wombats y los quolls. Todavía más excepcional es el caso de los monotremas, el grupo de mamíferos que pone huevos en lugar de parir crías vivas: hoy sobreviven apenas cinco especies en el mundo, y todas están confinadas a Australia y Nueva Guinea, entre ellas el ornitorrinco y el equidna.
Fama por lo peligroso
Australia también concentra buena parte de la fauna más venenosa y peligrosa del planeta, otra consecuencia de esa larga historia evolutiva aislada. La serpiente marrón oriental figura entre las responsables de más muertes por mordedura en el país, mientras que el taipán del interior posee, según distintos estudios toxicológicos, el veneno más potente de cualquier serpiente terrestre conocida, aunque su comportamiento esquivo hace que las mordeduras a humanos sean extremadamente raras. El cocodrilo de agua salada es el reptil vivo más grande del planeta, el casuario puede infligir heridas serias con las garras de sus patas, y la avispa de mar, un tipo de medusa, se cuenta entre los animales marinos más venenosos que existen.