La historia de los primeros vertebrados terrestres está llena de lagunas. Muchos de los animales que vivieron antes de la era de los dinosaurios dejaron registros fósiles escasos o fragmentarios, lo que hace difícil reconstruir cómo eran realmente los ecosistemas de aquella época.
Un conjunto de mandíbulas fósiles descubiertas en Brasil acaba de aportar una pieza inesperada a ese rompecabezas: un tetrápodo desconocido con una dentadura tan extraña que podría representar una de las primeras adaptaciones para triturar plantas.
Un animal de hace 275 millones de años
La nueva especie ha sido bautizada Tanyka amnicola, un nombre inspirado en el idioma guaraní. “Tanyka” significa mandíbula, mientras que “amnicola” hace referencia a un animal que vive cerca del agua.
Los fósiles proceden de la Formación Pedra de Fogo, en Brasil, un yacimiento que conserva restos del Pérmico temprano, hace aproximadamente 275 millones de años. En ese periodo, los continentes formaban parte del supercontinente Gondwana, que incluía regiones que hoy corresponden a Sudamérica, África, Australia y la Antártida.
Los investigadores creen que el animal se parecía a una salamandra grande, de hasta un metro de longitud, que habitaba ambientes lacustres y zonas húmedas.
La mandíbula más extraña del Pérmico

El rasgo más llamativo de Tanyka amnicola es su mandíbula inferior. Los paleontólogos han encontrado nueve ejemplares, todos ellos con la misma característica: una torsión muy marcada en el maxilar. En esa mandíbula, algunos dientes apuntan hacia fuera y hacia los lados, mientras que otros más pequeños aparecen alineados en el interior.
Al principio, los científicos consideraron la posibilidad de que se tratara de una deformación causada por procesos de fosilización. Sin embargo, el hecho de que todas las mandíbulas presenten exactamente la misma torsión descartó esa hipótesis. La forma, por lo tanto, era parte normal de la anatomía del animal.
Un sistema dental para triturar plantas
Aunque todavía no se han encontrado los huesos de la mandíbula superior, los investigadores creen que la dentadura estaba diseñada para que los dientes superiores e inferiores rozaran entre sí al cerrar la boca. Ese contacto habría generado un efecto de trituración similar al de una molienda.
En la naturaleza, este tipo de mecanismo suele asociarse a animales que se alimentan de materia vegetal, ya que las plantas requieren ser trituradas para poder digerirse. Si esta interpretación es correcta, Tanyka amnicola podría representar uno de los primeros ejemplos conocidos de un tetrápodo primitivo adaptado parcialmente a una dieta herbívora.
Un fósil viviente incluso en su propia época
El equipo de investigación considera que este animal ya era un linaje antiguo incluso en el momento en que vivía. Pertenece a un grupo temprano de tetrápodos que sobrevivió durante millones de años mientras otros linajes más modernos evolucionaban.
Los científicos comparan esta situación con la del ornitorrinco actual, un mamífero que conserva rasgos ancestrales, como la capacidad de poner huevos, a pesar de formar parte del grupo de los mamíferos modernos. Tanyka sería un ejemplo similar dentro del mundo de los vertebrados del Pérmico.
Una ventana única a los ecosistemas de Gondwana
El hallazgo también es importante por el lugar donde se produjo. Los fósiles del Pérmico temprano en el hemisferio sur son relativamente escasos, lo que dificulta entender cómo eran los ecosistemas de Gondwana en ese periodo. La Formación Pedra de Fogo es uno de los pocos yacimientos que permiten observar la fauna de esa época.
Gracias a especies como Tanyka amnicola, los paleontólogos pueden empezar a reconstruir cómo funcionaban estas comunidades antiguas: qué animales vivían allí, cómo interactuaban entre sí y qué papel desempeñaba cada uno dentro del ecosistema.
Y en este caso, todo comenzó con algo aparentemente modesto: una mandíbula fósil con una forma tan extraña que terminó revelando un capítulo desconocido de la evolución temprana de los vertebrados terrestres.