Construir una futura internet cuántica implica resolver un problema particularmente difícil: transportar estados cuánticos entre lugares separados sin que la información se degrade en el camino. La fibra óptica permite hacerlo a determinadas distancias, pero introduce pérdidas y obliga a desplegar una infraestructura física compleja. Ahora, investigadores del Laboratorio Nacional de Brookhaven y la Universidad de Stony Brook demostraron otra posibilidad: enviar señales cuánticas a través del aire durante aproximadamente 13 millas, unos 21 kilómetros, en el área de Nueva York.
El experimento consiguió mantener las propiedades necesarias de fotones entrelazados durante el recorrido sin utilizar un cable que conectara directamente ambos extremos. La demostración resulta relevante porque una futura red cuántica podría necesitar conectar universidades, centros de datos, instituciones públicas o nodos de computación distribuidos por una ciudad, y hacerlo mediante enlaces ópticos en espacio libre evitaría instalar fibra especializada en todos los trayectos.
El problema no desaparece al sacar los fotones de la fibra
Las redes cuánticas aprovechan propiedades de partículas como los fotones para transmitir información de una manera radicalmente distinta de las telecomunicaciones convencionales. Una de ellas es el entrelazamiento cuántico, mediante el cual dos sistemas pueden mantener correlaciones muy particulares incluso cuando están físicamente separados.
Mantener esos estados es complicado porque cualquier interacción no controlada con el entorno puede alterar la información cuántica. En una fibra óptica aparecen pérdidas derivadas de la absorción, las imperfecciones del material y otros efectos que se acumulan con la distancia, mientras que en un enlace abierto entran en juego problemas diferentes.
La atmósfera cambia constantemente. Temperatura, humedad, partículas suspendidas y turbulencias modifican ligeramente el recorrido de la luz, haciendo que un haz se desplace, se ensanche o pierda intensidad antes de alcanzar el receptor. Conseguir un enlace de 21 kilómetros en un entorno urbano añade todavía más complejidad debido a edificios, fuentes de calor y condiciones atmosféricas cambiantes.
Researchers at @StonyBrookU and @BrookhavenLab have achieved a major milestone, successfully transmitting quantum information through open air across 13 miles between Stony Brook’s Quantum Watchtower and Brookhaven Lab’s Quantum Lighthouse.
This groundbreaking collaboration is…
— Long Island Association (@LongIslandAssoc) August 24, 2026
Una aplicación clave sería proteger comunicaciones sensibles
Una de las aplicaciones más conocidas de estas tecnologías es la distribución cuántica de claves (QKD), que permite intercambiar claves criptográficas utilizando propiedades de la física cuántica. Si alguien intenta medir indebidamente los estados utilizados durante determinadas implementaciones de estos sistemas, esa intervención puede alterar las señales y revelar que el canal ha sido comprometido.
Un enlace cuántico metropolitano podría utilizarse en el futuro para conectar instituciones que manejan información especialmente sensible, desde centros gubernamentales hasta instalaciones de investigación o infraestructuras financieras.
Otra posibilidad, todavía mucho más exigente, es la computación cuántica distribuida. En ese escenario, varios procesadores cuánticos físicamente separados compartirían estados para trabajar conjuntamente, formando una red cuya capacidad no dependería únicamente de una máquina aislada.
Una internet cuántica sin tener que abrir calles
La transmisión por aire presenta una ventaja especialmente atractiva en las ciudades: puede reducir la necesidad de instalar nuevos cables entre determinados edificios. Tender fibra en zonas urbanas densas puede implicar obras, permisos y costes elevados, mientras que un sistema óptico podría conectar dos puntos con visibilidad directa mediante transmisores y receptores instalados en edificios.
Esto no significa que la fibra vaya a desaparecer. Una futura red cuántica probablemente combinará enlaces terrestres de fibra, conexiones ópticas por aire y comunicaciones mediante satélites, dependiendo de la distancia y de las condiciones de cada entorno.
The nation’s longest quantum network is one step closer to becoming wireless.
Researchers at Brookhaven Lab and @stonybrooku have successfully transmitted light particles containing quantum information through open air between the two institutions. https://t.co/Wp3pZyPJzM
— Brookhaven Lab (@BrookhavenLab) August 21, 2026
Todavía queda bastante antes de tener una red cuántica urbana
Los 21 kilómetros representan una demostración tecnológica, no una red preparada para utilizarse comercialmente. Para conseguir algo semejante a una infraestructura metropolitana será necesario mantener los enlaces bajo lluvia, niebla, variaciones térmicas y otras condiciones reales, además de solucionar el alineamiento permanente entre transmisores y receptores.
También habrá que pasar de una conexión entre dos puntos a redes con múltiples nodos capaces de distribuir información cuántica de manera fiable, integrarlas con las comunicaciones convencionales y reducir considerablemente el coste de los equipos.
El experimento muestra, sin embargo, que el aire puede convertirse en una vía útil para transportar información cuántica a distancias urbanas. Si esta clase de enlaces consigue ganar estabilidad y escala, algunas de las redes más seguras del futuro podrían viajar entre edificios sin necesidad de un solo cable que los conecte físicamente.