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Ciencia

Una sonda científica de la NASA de 600 kilos está cayendo sin control hacia la Tierra. Su reentrada atmosférica podría ocurrir hoy y nadie sabe exactamente dónde

La sonda Van Allen A, lanzada en 2012 para estudiar los cinturones de radiación de la Tierra, agotó su combustible hace años y ahora está descendiendo hacia la atmósfera de forma inevitable. La mayoría de la nave se desintegrará al reingresar, pero algunos fragmentos podrían sobrevivir.
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El final de muchas misiones espaciales no ocurre con una explosión espectacular ni con una última maniobra heroica. A veces simplemente sucede así: una nave pierde lentamente altura hasta que la gravedad termina reclamándola. Eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora con la sonda Van Allen A, una nave científica de unos 600 kilogramos que está a punto de reingresar en la atmósfera terrestre sin control.

La nave fue lanzada en agosto de 2012 junto con su gemela, Van Allen B, como parte de una misión dedicada a estudiar uno de los entornos más hostiles que rodean nuestro planeta: los cinturones de radiación Van Allen, regiones llenas de partículas energéticas atrapadas por el campo magnético terrestre. Durante años, estas sondas proporcionaron datos que cambiaron la comprensión científica sobre cómo se comporta ese entorno extremo.

Una misión diseñada para dos años que duró casi siete

Originalmente, las sondas estaban diseñadas para operar apenas dos años. Sin embargo, su rendimiento superó ampliamente las expectativas y terminaron funcionando durante casi siete años, enviando información crucial sobre cómo las tormentas solares afectan el entorno espacial cercano a la Tierra.

Entre sus descubrimientos más sorprendentes estuvo la identificación de un tercer cinturón de radiación temporal, que aparece brevemente cuando el Sol libera grandes cantidades de energía hacia el espacio. Ese tipo de fenómenos resulta clave para comprender los riesgos que enfrentan satélites, astronautas y futuras misiones espaciales.

El Sol adelantó su destino

Una sonda científica de la NASA de 600 kilos está cayendo sin control hacia la Tierra. Su reentrada atmosférica podría ocurrir hoy y nadie sabe exactamente dónde
© NASA.

La NASA desactivó las sondas en 2019, cuando ya habían agotado el combustible necesario para mantener su orientación hacia el Sol. En ese momento, los cálculos indicaban que la nave tardaría muchos años en perder altura y que su reentrada ocurriría alrededor de 2034. Pero el Sol tenía otros planes.

El actual ciclo solar ha resultado mucho más activo de lo esperado. Las erupciones solares y el aumento de energía en la atmósfera superior de la Tierra provocaron un incremento en la resistencia atmosférica, lo que hizo que la nave perdiera velocidad orbital mucho antes de lo previsto. Ese proceso ha acelerado su descenso.

Qué puede ocurrir durante el reingreso

La mayor parte de la nave se desintegrará al atravesar la atmósfera a gran velocidad. El intenso calor generado por la fricción suele destruir casi todos los componentes de los satélites en caída. Sin embargo, algunos fragmentos estructurales podrían sobrevivir.

Dado que la nave ya no puede ser controlada, resulta imposible predecir con precisión dónde podrían caer esos restos. Aun así, las probabilidades de que alguien resulte herido son extremadamente pequeñas. Las estimaciones oficiales sitúan el riesgo en aproximadamente una posibilidad entre 4.200.

En otras palabras: lo más probable es que cualquier fragmento termine cayendo en el océano o en regiones deshabitadas del planeta. Mientras tanto, la misión científica que una vez exploró los violentos cinturones de radiación de la Tierra está a punto de concluir de la manera más silenciosa posible: con una última caída a través de la atmósfera del planeta que ayudó a estudiar.

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