Este fenómeno podría ofrecer nuevas perspectivas en el estudio de la regeneración humana.
Los biólogos del Laboratorio Biológico Marino de la Universidad de Chicago hicieron este descubrimiento al observar una medusa con dos órganos apicales y dos extremos aborales, es decir, dos traseros. Esto llevó a la hipótesis de que esta medusa había resultado de la fusión de otras.
Para investigar, los científicos amputaron parcialmente lóbulos de otras medusas y los colocaron en un tanque. En el 90% de los casos, los pares se combinaron en una sola entidad y sobrevivieron durante tres semanas. Dado que este fue el periodo del experimento, es posible que pudieran sobrevivir más tiempo.
Un hallazgo extraordinario
El proceso de fusión fue rápido. En sólo una hora, los lóbulos injertados sincronizaron sus movimientos, y en una noche, la unión se volvió «continuo», con capas de tejido luciendo “sin costuras”. Los sistemas nerviosos también mostraron signos de integración. Cuando se estimulaba un lóbulo, se observaba una respuesta en el otro.
“Nos sorprendió observar que la estimulación mecánica en un lado de la ctenófora fusionada resultaba en una contracción muscular sincronizada en el otro lado”, comentó Kei Jokura, investigador del estudio.
El sistema digestivo también funcionó de manera conjunta. En un video, se observó que un lado de una medusa estaba digiriendo un camarón de salmuera inyectado con una sustancia fluorescente. Las partículas fluorescentes se movieron hacia el lóbulo de su compañero, que expulsó desechos.
El transporte de partículas digestivas sugiere que estos sistemas están funcionalmente acoplados, aunque la falta de excreción sincronizada podría indicar que las medusas no se convierten en un solo animal. “La falta de excreción sincronizada sugiere que el ano y su ritmo ultradiano permanecen controlados independientemente en los individuos fusionados”, añadieron los científicos.
Aún queda mucho por aprender sobre cómo funcionan las medusas fusionadas y por qué este comportamiento les ayuda a sobrevivir. Los investigadores expresaron su interés en entender cómo se integran los sistemas nerviosos.
Este descubrimiento podría tener implicaciones más amplias. Jokura indicó que parece que las medusas carecen de un sistema de aloreconocimiento, que es la capacidad de distinguir entre las células propias y las ajenas. Este aspecto es crucial en procedimientos médicos como los trasplantes de órganos, lo que sugiere que estas extrañas criaturas podrían contribuir al avance en terapias de regeneración e inmunológicas.