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Ciencia

Unos lagartos llevan generaciones engañándose, peleándose y robándose parejas. Los científicos han descubierto que hay un método detrás del caos

Un pequeño lagarto norteamericano lleva generaciones alternando tres estrategias para reproducirse. Los investigadores descubrieron que el éxito de cada una depende de sus rivales y que incluso el clima puede cambiar las reglas.
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En los paisajes áridos del oeste de Norteamérica vive un pequeño lagarto que parece desafiar una de las ideas más intuitivas sobre la evolución: que una estrategia especialmente eficaz debería imponerse sobre todas las demás. Entre los machos de esta especie existen individuos agresivos que conquistan grandes territorios, otros que prefieren proteger a sus parejas y unos terceros que recurren al engaño para reproducirse.

Lo sorprendente es que ninguno consigue dominar de manera permanente. Los científicos descubrieron que estos animales participan en una especie de partida evolutiva de piedra, papel o tijera, donde cada estrategia derrota a otra, pero también tiene una debilidad que sus competidores pueden aprovechar. Y después de décadas de investigaciones, los resultados sugieren que este extraño equilibrio depende de algo más que la competencia entre machos.

Tres colores que esconden una auténtica guerra reproductiva

Unos lagartos llevan generaciones engañándose, peleándose y robándose parejas. Los científicos han descubierto que hay un método detrás del caos
Un macho de lagarto moteado lateralmente fotografiado en California. Esta especie se ha convertido en un modelo fundamental para estudiar cómo diferentes estrategias reproductivas pueden competir y coexistir durante generaciones. © Walter Siegmund / Wikimedia.

El protagonista es el lagarto moteado lateralmente (Uta stansburiana), una especie relativamente pequeña que habita regiones desérticas y zonas rocosas de Estados Unidos y México. En determinadas poblaciones, los machos presentan tres colores de garganta asociados con estrategias reproductivas diferentes.

Los de garganta naranja son los más agresivos. Defienden territorios extensos y pueden acceder a varias hembras. Los azules mantienen territorios más pequeños, vigilan estrechamente a sus parejas e incluso pueden cooperar con otros machos de su mismo tipo para defenderse de intrusos.

Los amarillos, en cambio, recurren a una estrategia completamente distinta. Su coloración y comportamiento se asemejan a los de las hembras, lo que les permite introducirse en territorios ajenos y conseguir apareamientos sin necesidad de enfrentarse directamente a sus rivales.

En 1996, los investigadores Barry Sinervo y Curtis Lively publicaron en Nature un estudio que demostró cómo estas tres estrategias competían siguiendo un patrón sorprendentemente parecido al conocido juego infantil.

Los naranjas desplazan a los azules gracias a su agresividad. Los azules consiguen impedir que los amarillos se acerquen a sus parejas. Y los amarillos aprovechan las dificultades de los naranjas para vigilar territorios tan extensos. En otras palabras: naranja vence a azul, azul vence a amarillo y amarillo vence a naranja.

El problema de convertirse en el ganador es que alguien acaba aprovechándose

Unos lagartos llevan generaciones engañándose, peleándose y robándose parejas. Los científicos han descubierto que hay un método detrás del caos
Dos ejemplares de Uta stansburiana durante el apareamiento en la reserva natural de Torrey Pines, California. La competencia por reproducirse está relacionada con un extraordinario sistema de estrategias alternativas entre los machos. © Stickpen / Wikimedia.

Este sistema se conoce como selección dependiente de la frecuencia. Significa que el éxito reproductivo de una estrategia no depende únicamente de sus características, sino también de cuántos individuos utilizan las estrategias rivales.

Cuando los naranjas dominan una población, generan oportunidades para los amarillos. Cuando aumentan los amarillos, los azules adquieren ventaja. Y cuando estos últimos se vuelven numerosos, los naranjas pueden recuperar terreno.

Los investigadores originales documentaron fluctuaciones de las tres variantes a lo largo de aproximadamente seis años. Pero la historia no terminó ahí.

Un estudio posterior publicado en PLOS ONE, basado en 25 años de seguimiento de una población y 14 años de experimentos con otras tres, encontró ciclos de aproximadamente cuatro o cinco años y confirmó que las interacciones competitivas contribuyen a mantener estas oscilaciones. También descubrió que la temperatura y la densidad de población modifican considerablemente el resultado.

Esto implica que el sistema no funciona como un reloj perfecto. Los cambios ambientales pueden acelerar, alterar o incluso favorecer la desaparición local de determinadas estrategias.

La evolución no siempre premia al más fuerte, y estos lagartos lo demuestran

El descubrimiento convirtió a esta especie en uno de los ejemplos clásicos de la teoría evolutiva de juegos, una disciplina que utiliza modelos matemáticos para comprender cómo compiten diferentes estrategias biológicas.

Su importancia va mucho más allá de unos lagartos con gargantas de distintos colores. En determinadas circunstancias, la competencia puede ayudar a conservar la diversidad dentro de una población porque ninguna estrategia mantiene una ventaja absoluta frente a todas las demás. Sin embargo, esto no significa que el sistema sea invulnerable. El clima, las características del hábitat y las fluctuaciones demográficas también influyen en la supervivencia de cada variante.

De hecho, Sinervo explicó en un artículo de la Universidad de California en Santa Cruz que las investigaciones realizadas durante décadas habían revelado cómo las variaciones ambientales podían transformar las relaciones entre los distintos tipos de lagartos.

El resultado cuestiona una representación demasiado sencilla de la evolución como una competición con vencedores definitivos. A veces, la estrategia más eficaz no es la que consigue imponerse sobre todas las demás, sino aquella que logra aprovechar las debilidades del rival dominante. Y en estos lagartos, precisamente cuando una estrategia parece estar ganando la partida, puede estar creando las condiciones para su próxima derrota.

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