Cinco kilómetros mar adentro, frente a la costa occidental de Noruega, existe un pequeño islote rodeado de corrientes peligrosas y un oleaje que puede cambiar rápidamente. Hoy llegar hasta allí requiere precaución, pero hace miles de años, cuando todavía no existían los barcos modernos ni los instrumentos de navegación, algunos grupos humanos cruzaban esas aguas para conseguir algo aparentemente sencillo: piedras.
No eran piedras cualquiera. En aquel lugar se encontraba una cantera de roca verde especialmente apreciada para fabricar herramientas. Y ahora, a unos veinte metros bajo la superficie del mar, los arqueólogos han encontrado un objeto que podría revelar cómo conseguían realizar aquellos viajes.
Se trata de una piedra de más de 30 kilos con una ranura tallada alrededor de su superficie. Los investigadores sospechan que pudo funcionar como un ancla y que, de confirmarse su antigüedad, estaría entre las más antiguas conocidas.
Una piedra bajo el agua que podría reescribir miles de años de historia marítima

El hallazgo se produjo junto a Hespriholmen, un islote del municipio noruego de Bømlo, conocido desde 1923 por albergar una importante cantera prehistórica. Durante una exploración submarina realizada en 2025, los investigadores localizaron una piedra de grandes dimensiones sobre una acumulación de residuos procedentes de la explotación. Meses después, en 2026, regresaron para recuperarla.
El objeto presentaba una característica poco habitual: una ranura continua alrededor de su cuerpo, aparentemente adecuada para sujetar una cuerda sin que resbalase. Según explicó el arqueólogo Leif Inge Åstveit, del Museo Universitario de Bergen, al medio científico noruego Forskning.no, el peso de la piedra hace improbable que se utilizara como simple plomada de pesca.
Su interpretación es que se trata de un ancla. La hipótesis también resulta convincente para otros especialistas, aunque todavía debe demostrarse mediante investigaciones adicionales. La pieza no cuenta con una datación directa publicada que permita establecer exactamente cuándo fue utilizada.
Si perteneciera a las primeras etapas de explotación de la cantera, podría preceder ampliamente a las anclas de piedra documentadas en el Mediterráneo durante la Edad del Bronce. Pero todavía es demasiado pronto para concederle oficialmente el título de ancla más antigua del mundo.
La verdadera sorpresa es cómo transportaban toneladas de roca sin barcos modernos

Hespriholmen no era un asentamiento cualquiera. Durante buena parte de la Edad de Piedra funcionó como un centro de extracción de roca verde, un material resistente utilizado para elaborar hachas y azuelas.
Los arqueólogos estiman que la explotación comenzó hace varios milenios y se prolongó durante numerosas generaciones. Las herramientas fabricadas con esa piedra han aparecido en diferentes regiones del oeste de Noruega.
Un estudio arqueológico publicado en The Journal of Island and Coastal Archaeology documentó incluso talleres especializados en Bømlo, donde se trabajaban bloques transportados desde la cantera.
La cuestión es cómo conseguían mover semejantes cantidades de material. Las estimaciones anteriores calculaban que de Hespriholmen se habían extraído unos 430 metros cúbicos de roca, equivalentes a decenas de camiones actuales. Las nuevas investigaciones sugieren que el volumen real podría ser todavía mayor. Para transportarlo, los habitantes prehistóricos necesitaban embarcaciones capaces de llegar al islote, mantenerse cerca de sus costas rocosas y regresar cargadas.
Ahí es donde el supuesto ancla cobra importancia. Según los especialistas, una piedra pesada sujeta mediante una cuerda podría haber permitido estabilizar una embarcación mientras sus ocupantes cargaban los bloques, evitando que el oleaje la arrastrase contra las rocas.
Los investigadores consideran distintas posibilidades sobre las embarcaciones utilizadas, desde estructuras de madera y pieles hasta balsas. Por ahora, ninguna ha podido identificarse directamente en el yacimiento.
El hallazgo podría revelar una navegación mucho más sofisticada de lo que imaginábamos

La investigación también está permitiendo reconstruir la magnitud de las actividades desarrolladas en el islote. Mediante levantamientos tridimensionales y tecnología de cartografiado submarino, los arqueólogos están midiendo las antiguas canteras y los depósitos de piedra acumulados bajo el mar. Además de fragmentos procedentes de la extracción, han encontrado grandes percutores utilizados para desprender los bloques de roca.
Todo apunta a una actividad organizada que requería herramientas, conocimientos técnicos, transporte marítimo y posiblemente redes de intercambio entre distintas comunidades.
Las hachas elaboradas con la roca de Hespriholmen pudieron circular como instrumentos cotidianos, pero también como objetos de prestigio o regalos entre grupos. Aun así, quedan preguntas fundamentales. No sabemos exactamente cuándo se utilizó la piedra recuperada, quién la fabricó ni a qué tipo de embarcación perteneció. Los investigadores tampoco han publicado todavía una evaluación científica definitiva sobre su función.
Lo extraordinario del hallazgo no es únicamente que una piedra pueda convertirse en el ancla más antigua conocida. Es la posibilidad de que revele una relación con el mar mucho más compleja de lo que permiten imaginar los escasos restos de embarcaciones conservados.
Hace miles de años, alguien pudo haber atado una cuerda a aquella piedra para mantener su barco en posición mientras cargaba materiales. Hoy, ese objeto aparentemente rudimentario podría ayudarnos a comprender hasta dónde había llegado la tecnología marítima de las primeras comunidades europeas.