A lo largo de millones de años, la Tierra ha sido escenario de eventos catastróficos que eliminaron casi toda forma de vida. Si bien solemos mirar hacia nuestro propio planeta en busca de explicaciones, un nuevo estudio sugiere que el origen de algunas extinciones masivas podría haber estado, literalmente, más allá de las estrellas. Una amenaza silenciosa e invisible podría seguir latente en los confines de la galaxia.
Extinciones que no vinieron del suelo, sino del cielo
Aunque el impacto de un asteroide acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años, no fue la única extinción masiva que sacudió la Tierra. Hubo al menos cinco eventos similares, muchos de ellos mucho más antiguos y letales. Entre ellos, destacan las extinciones del Ordovícico (hace unos 445 millones de años) y del Devónico (hace aproximadamente 372 millones).
Lo más intrigante es que ambas coincidieron con una importante pérdida de ozono en la atmósfera. Esto llevó a un equipo de investigadores de la Universidad de Alicante, en España, a explorar una hipótesis fascinante: ¿y si la causa hubiera estado en el espacio?
El foco se dirigió a las supernovas, explosiones colosales que se producen cuando mueren ciertas estrellas. Su energía puede viajar a través del cosmos, y si alcanza la Tierra en cantidades suficientes, podría alterar de forma crítica nuestra atmósfera.

El poder invisible de las supernovas
Cuando una supernova estalla cerca de nuestro planeta, emite una oleada de rayos gamma capaces de descomponer las moléculas de ozono. La consecuencia es una atmósfera desprotegida, donde los rayos UV del Sol penetran con brutal intensidad, afectando directamente a la vida en la superficie terrestre y marina.
Los investigadores analizaron la distribución de estrellas OB —masivas, calientes y propensas a explotar— dentro de un radio de 3.260 años luz. A partir de su ciclo de vida, estimaron cuántas de estas estrellas terminan en supernovas peligrosamente cercanas: unas 2,5 cada mil millones de años.
Sorprendentemente, esta cifra coincide con la frecuencia estimada de extinciones masivas en la historia de la Tierra, especialmente aquellas que aún no tenían una causa confirmada. Aunque no todas las extinciones se explican por explosiones estelares, estas podrían ser responsables de más eventos catastróficos de lo que pensábamos.
¿Podría volver a ocurrir?
Hoy, no hay estrellas cercanas a punto de explotar. Pero si una supernova ocurriera en un radio de 65 años luz, sus consecuencias serían devastadoras: desaparición del ozono, aumento del cáncer por radiación UV, colapso de ecosistemas enteros y probablemente, el fin de nuestra civilización.
La buena noticia es que el riesgo actual es muy bajo. La mala: el universo no pide permiso. Y en su vastedad, las probabilidades —aunque remotas— siguen abiertas. ¿Estamos realmente a salvo? Tal vez no tanto como creemos.
Fuente: Meteored.