Cuando pensamos en el Sistema Solar, solemos imaginar mundos lejanos e inalcanzables. Pero ¿y si parte de ellos ya hubiese llegado hasta nosotros sin que lo supiéramos? Esta es la intrigante posibilidad que abre un nuevo estudio sobre dos meteoritos hallados en África. ¿Serán las primeras piezas de Mercurio en nuestras manos?
Un viaje de 4.500 millones de años
La mayoría de los meteoritos que caen en la Tierra provienen del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. Algunos pocos, más especiales, vienen de lugares tan concretos como la Luna o Marte. Se trata de fragmentos lanzados al espacio tras impactos violentos, que tras vagar durante millones de años, terminan cayendo en nuestro planeta.

Hasta ahora, Mercurio no figuraba en esa lista. Su cercanía al Sol, su gravedad y su escasa atmósfera hacen que resulte casi imposible que un fragmento suyo llegue hasta aquí. Pero puede que eso esté a punto de cambiar.
Las rocas que podrían reescribir la historia
Dos meteoritos encontrados en el norte de África —Ksar Ghilane 022 y Northwest Africa 15915— han despertado el interés de la comunidad científica. Un grupo de investigadores ha detectado en ellos una composición mineral muy similar a la corteza de Mercurio, según datos obtenidos por la sonda Messenger de la NASA.
Estas rocas contienen olivino, piroxeno, oldhamita y pequeñas trazas de plagioclasa, todos elementos presentes o esperados en la superficie mercuriana. Incluso su firma de oxígeno guarda similitudes con las aubritas, una clase de meteoritos ya vinculados a grandes cuerpos rocosos.
Pero aún quedan incógnitas
A pesar del entusiasmo, hay dudas razonables. Una de ellas es la edad de las rocas: más de 4.528 millones de años. Las regiones más antiguas conocidas de Mercurio “solo” alcanzan los 4.000 millones. Esto podría significar que estos meteoritos provienen de una etapa muy temprana del planeta, anterior a su transformación geológica.

Además, la plagioclasa está presente en una proporción mucho menor en los meteoritos que en la corteza actual de Mercurio. No invalida del todo la hipótesis, pero sí complica una confirmación definitiva.
¿Qué haríamos con un pedazo de Mercurio?
Tener un meteorito confirmado de Mercurio sería como traer el planeta a la Tierra. Permitirá conocer mejor su composición, su historia geológica y entender cómo los impactos y el tiempo han moldeado su superficie.
La misión BepiColombo, en órbita actualmente, podría aportar los datos que faltan. Mientras tanto, la posibilidad de tener entre nosotros un trozo de Mercurio ya no suena tan disparatada. Y si algo nos enseña la ciencia, es que todo gran descubrimiento empieza con una buena pregunta.
Fuente: Meteored.