Hace unos días, Angela Merkel encendió el reactor de fusión Wendelstein 7-X con el que Alemania consiguió batir el récord de producción de plasma de hidrógeno —un hito que la ciencia lleva décadas persiguiendo. Horas después, China anunció un nuevo récord con su propio reactor de fusión.

El reactor alemán, de tipo stellarator, llegó hasta los 80 millones de grados Celsius y consiguió confinar una nube de plasma durante un cuarto de segundo. El reactor chino, de tipo tokamak, produjo plasma de hidrógeno a 50 millones de grados Celsius y lo mantuvo girando durante unos impresionantes 102 segundos.

Ambas son máquinas experimentales: no están diseñadas para producir energía a gran escala sino para desarrollar las tecnologías que nos harán capaces de dominar la fusión. La fusión nuclear se considera la energía limpia definitiva: su combustible abunda en el universo y no deja residuos radiactivos como el uranio o el plutonio (los materiales de la fisión).

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Los reactores de fusión producen energía emulando al Sol: mediante la fusión termonuclear del algún isótopo de hidrógeno (deuterio o tritio) o de helio. Son grandes maquinarias que confinan el plasma en una cámara toroidal (con forma de donut) utilizando campos electromagnéticos. La complicación está en las grandes cantidades de energía y altísimas temperaturas que requiere el proceso.

El reactor de fusión chino, Experimental Advanced Superconducting Tokamak o EAST, no ha roto ningún récord de temperatura pero ha conseguido mantener el plasma de hidrógeno durante el intervalo más largo de la historia (otros experimentos lo evitan por el peligro de que el reactor se venga abajo). Los tokamak fueron inventados por la URSS en los años 50. [vía ScienceAlert]

Imágenes: Academia China de las Ciencias

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