La contaminación del aire en Pekín comienza a ser un problema serio para la salud de sus habitantes. El primer ministro del país, Li Keqiang, acaba de anunciar una guerra a la contaminación. El primer paso en esta guerra es poblar los cielos de la ciudad de drones que limpien la atmósfera rociándola con productos químicos.

Combatir la contaminación con más productos químicos no parece la mejor de las ideas, pero hasta que Li Keqiang lleve a la práctica su promesa de crear una normativa que limite las emisiones de fábricas y plantas de energía, los drones parecen una solución relativamente aceptable.

De hecho, no es la primera vez que Pekín rocía su atmósfera con productos para limpiarla. En los últimos años ya se han empleado drones convencionales para llevar a cabo esta tarea antes de eventos de importancia. La diferencia es que ahora se hará con regularidad. Los drones encargados de la limpieza son lo que se denominan Parafoil UAV. Básicamente se trata de vehículos a motor que se ayudan de un parapente para su sustentabilidad. Esta solución es más barata que los drones tradicionales que se sostienen mediante hélices o alas rígidas. También pueden cargar más peso y estar más tiempo en el aire.

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Según Ma Yongsheng, CEO de la empresa nacional que fabrica estos vehículos, los drones con parapente son capaces de llevar hasta 700 kilos de productos químicos que rocían para limpiar un área de cinco kilómetros de radio. Una vez vaporizados en el aire, los químicos se adhieren a las partículas contaminantes en suspensión, haciéndolas caer al suelo. Los primeros drones despegarán de los aeropuertos locales a finales de marzo y serán gestionados por la administración china de aviación. [South China Morning Post]

Foto vía AP Images

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