En 2015, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry y El Grito de Edvard Munch, obras europeas, pasaron a ser del dominio público. ¿Cuántas obras estadounidenses perdieron sus derechos de autor? Ninguna. Ni libros, ni cuadros, ni canciones, ni artículos científicos. El culpable de esto se llama Mickey Mouse.

Al principio de los tiempos, el copyright en Estados Unidos duraba 28 años. Después se amplió a 56, suficientes para que el autor se lucrase toda la vida de su obra antes de que pasara al dominio público. Pero en 1998, el presidente Bill Clinton aprobó una ley para extenderlo más allá: toda la vida del autor + 70 años tras su muerte, en el caso de una obra personal; o 95 años tras su publicación, en el caso de una autoría corporativa.

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Se la conoce como Ley de protección de Mickey Mouse porque coincidió con dos eventos: por un lado, el ratón de Disney estaba a punto de entrar en el dominio público; por otro, The Walt Disney Company hizo una donación de 6,3 millones de dólares para la campaña de Clinton. Como te puedes imaginar, todo esto estuvo descaradamente relacionado.

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Lo cuentan, con dibujos animados que se parecen sospechosamente a los de Disney, en el programa de Adam Ruins Everything:

Disney no deja de ser una empresa que protege sus intereses (al fin y al cabo Mickey Mouse está valorado en 3.000 millones de dólares). Pero lo verdaderamente hipócrita de esta “visión mercantilista” de los derechos de autor es que la propia Disney utilizó el dominio público para crear muchas de sus obras. El corto Steamboat Willie con el que nació Mickey era una parodia de la película de cine mudo Steamboat Bill Jr.

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Este procedimiento se repitió a lo largo de la historia de la compañía. Blancanieves, La Cenicienta o La Bella Durmiente eran obras de los hermanos Grimm. Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. La Sirenita, de Hans Christian Andersen. Pinocho, de Carlo Collodi. Y un largo etcétera.

¿Por qué es importante el dominio público? En el Centro de Estudio del Dominio Público lo resumen así:

Nuestra economía, la cultura y la tecnología dependen de un delicado equilibrio entre lo que está y no está protegido por derechos de propiedad intelectual. Tanto los incentivos proporcionados por la propiedad intelectual y la libertad proporcionada por el dominio público son cruciales para el equilibrio. Pero hoy en día la atención se ha centrado en el reino de lo que está protegido.

Sin embargo, con la Ley de Mickey Mouse en vigor, ninguna obra estadounidense pasará al dominio público hasta el año 2019. Sólo a partir de entonces podremos aprender de esas creaciones y reimaginarlas para crear nuevos iconos culturales. Como lleva décadas haciendo la propia Disney. [Adam Ruins Everything]

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