SWAT

Lo último que pensó David Jessen el día que llamaron a la policía porque había un vagabundo en su granja era que horas después iba a estar irreconocible. Ese día se acabó montando un despliegue policial similar al de una película de Michael Bay. Una operación surrealista para capturar al misterioso hombre.

La historia tuvo lugar hace varios meses en la ciudad de Clovis, en el condado de Fresno (California). Según se puede leer en la demanda que ha interpuesto ahora el hombre, su casa de campo, una granja a las afueras, quedó destrozada tras la entrada en acción de varias agencias policiales.

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El día de los hechos habían descubierto a un vagabundo durmiendo en un armario de una casa abandonada. Este hombre fue expulsado de la casa, salió pacíficamente y accedió a la casa de Jessen. Allí lo descubre un obrero que trabajaba para Jessen y este hace lo que se supone que debemos hacer en estos casos: llamar a la policía.

Clovis. Wikimedia Commons

El señor Jessen es notificado poco después, acude a su casa y se encuentra cuatro coches oficiales de la policía estacionados en su residencia (uno de ellos en el césped). Cuando se baja del vehículo ve como hay un agente gritando con un megáfono enfrente de la casa.

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La policía le comunica que el vagabundo se ha negado a salir y ha amenazado con disparar a cualquier persona que entre. La policía le pregunta al señor Jenssen si tenía armas en la casa. El hombre dice que sí, pero dos estaban descargadas y sin munición y la tercera estaba escondida tan bien que sólo él la podría encontrar.

En ese momento le piden que mueva su camioneta y salga de la zona por su propia seguridad. Los policías también le piden una llave de la casa y que abra el garaje antes de que se fuera. Jessen y su familia se desplazan a la casa de un amigo.

Varias horas más tarde le dicen que puede regresar a su hogar.

Arma letal 8

SWAT. Wikimedia Commons

Según queda reflejado en la demanda, cuando Jessen regresa y mientras conducía hacia la granja, el hombre ve a lo lejos algo inusual. Cuenta aproximadamente 55 o más vehículos de policía. Al llegar a un punto no puede continuar, los policía le piden que estacione el coche y que a partir de ahí se dirija caminando hasta su residencia.

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Jessen no da crédito a lo que está viviendo. En el camino tropieza con un SWAT, este lo detiene, Jessen le dice que es el dueño y el SWAT le comunica que “no hay nada que temer”, la operación ha sido un éxito. “¿Operación?”, habrá pensado Jessen.

Luego se cruza con un segundo Sheriff del Condado de Fresno. La conversación es más inquietante desde el momento en el que el hombre le da una tarjeta a Jessen y le comunica que “tenemos un seguro para todo esto”.

Si Jessen no lo ha entendido mal, la fuerzas del orden le acaban de dar una tarjeta de un seguro porque “las cosas no han debido ir bien”. Efectivamente, aquello era una invitación para arreglar todos los desperfectos durante el “asalto” a su casa. Cuando el hombre llega a la granja se encuentra con otro Sheriff del Condado que le enseña la magnitud de los daños.

Aquello era irrazonable e injustificable, tal y como demanda. Más aún si tenemos en cuenta que se trataba de capturar a una sola persona desarmada, probablemente hambrienta y rodeada de policías. Alguien que no debería de representar mucho peligro y que había cooperado horas antes para salir de la casa cercana en la que se encontraba.

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Una acción policial cuyo registro histórico para detener a este individuo incluyó:

  • Más de 50 vehículos.
  • Una unidad K-9.
  • Dos helicópteros.
  • Dos ambulancias.
  • Un camión de bomberos.
  • Un equipo de negociación de crisis.
  • Un robot.
  • Un equipo de SWAT.
SWAT

Es verdad los oficiales podrían estar preocupados de que la persona sin hogar se hubiera armado con una de las armas de Jessen (a pesar de que recalcó que estaban descargadas, más una oculta). Aún así, debían tener un montón de opciones disponibles que no incluyeran todo lo que acabaron haciendo:

  • Arrancaron la puerta de hierro forjado y la puerta interior de la oficina de Jessen.
  • Rompieron la pared de la oficina.
  • Utilizaron bombas de humo en el baño auxiliar.
  • Rompieron la puerta corredera de cristal a la casa para la entrada del robot.
  • Arrancaron la puerta de hierro forjado del cuarto de lavado de ropa, además de lanzar bombas de humo.
  • Rompieron otras seis ventanas de la vivienda.
  • Bombas de humo en baño principal, dormitorios y cocina.
  • Finalmente también destrozaron gran parte del exterior de la residencia con el estacionamiento de los vehículos.

Cuando Jessen llegó la policía seguía buscando la maldita arma escondida. Una pistola oculta que sólo se pudo “recuperar” cuando Jessen dijo donde la había escondido.

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En cuanto al vagabundo, sus desperfectos ascendieron a una ventana, algo de leche y un helado, el “arma” que tenía cuando este descomunal despliegue policial entró en la casa (con robot incluido).

David Jessen alega una larga lista de violaciones constitucionales, una actividad militar que fue implementada y completada sin la solicitud, aprobación o consentimiento del hombre. Una operación que cree que finalmente se convirtió en algo más cercano a un entrenamiento “en el mundo real”, uno en una zona perfecta: un área sin coches y alejada de la urbe con la que poner en práctica tácticas o el propio armamento.

Aún así y como explican en TechDirt, es muy poco probable que el litigio resulte favorable para el hombre. Sería aceptar que las agencias han desplegado sus equipos de entrenamiento en la casa de un civil. [TechDirt]