El largo del fósil, de 26 cm, conserva el lado derecho del cráneo de una Birgeria americana. Imagen: Universidad de Zúrich

Hace 252 millones de años, la Tierra era un lugar terrible. Entre los períodos Pérmico y Triásico, nuestra biósfera experimentó la más dramática extinción masiva (hasta la fecha), una de proporciones tan descomunales que ha sido bautizada con el nombre de Gran Mortandad.

Poco logró sobrevivir, y por mucho tiempo se creyó que pasaron millones de años hasta que la vida surgió nuevamente. Sin embargo, el reciente descubrimiento de un fósil está ayudando a dejar de lado la idea de una lenta recuperación tras la Gran Mortandad. Data poco después de este apocalíptico evento y es evidencia no solo de que el ecosistema se recuperó mucho antes de lo que se pensaba, sino que estaba floreciente y “lleno de dientes”. Hileras e hileras de afilados dientes.

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Conozcan a la Birgeria americana, un largo pez depredador descrito por primera vez en un reciente artículo publicado en el Journal of Paleontology por un equipo de paleontólogos suizos y estadounidenses. Los investigadores descubrieron un cráneo parcialmente fosilizado del animal al noreste de Nevada —una región que, hace 250 millones de años, estaba cubierta por un mar ecuatorial—. Tomando en cuenta el tamaño del cráneo, se estima que la Birgeria americana tenía el tamaño de un humano. Este pez primitivo tenía mandíbulas abiertas con tres hileras de afilados dientes de poco más de 2.5 cm.; y por si fuera poco, tiene más dientes que adornan el centro de su voraz boca. Han sido descubiertas, previamente, otras especies de Birgeria, pero esta es la más grande que se conoce. Al parecer, era un superdepredador, con un estilo de vida y alimentación parecido al de un tiburón: perseguía peces más pequeños, los despedazaba y los engullía por completo.

Posible apariencia del recientemente descubierto depredador marino, la Birgeria americana, junto al fósil del cráneo (en el extremo inferior derecho). Ilustración: Nadine Bösch

Sin embargo, la condición de gran depredador de la Birgeria americana no es lo que hace que este descubrimiento sea tan sorprendente. Lo increíble es cuándo es que vivió este curioso animal parecido a una barracuda. El fósil data de un millón de años después de la Gran Mortandad, lo que nos sugiere que, a pesar del caos ecológico sin precedentes que provocó la extinción, algunas redes alimentarias oceánicas se recuperaron rápidamente. No solo eso, sino que adquirieron tal profundidad y complejidad como para permitir la existencia de grandes superdepredadores. Mucho tiempo antes de lo que se creía posible, la Birgeria americana y su poderosa aleta de hierro ya reinaban sobre el vibrante ecosistema marino.

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El descubrimiento de este dentudo depredador marino nos ilustra con mayor detalle cómo fue la recuperación de la vida tras uno de los eventos más catastróficos jamás acontecidos. También nos habla de la tenaz persistencia de la vida tras el cataclismo. Los fósiles del Triásico temprano son muy raros, pero la evidencia acumulada hasta la fecha encaja perfectamente con la existencia de un depredador como la Birgeria americana. Para acobijar a este sorprendente animal, es necesario un rico ecosistema en el océano, como el que existió cerca del sureste de Idaho. Los reptiles de tierra, por su parte, reaparecieron casi inmediatamente en Sudáfrica. Sin embargo, a pesar de la evidencia con la que se cuenta, el panorama que estas reliquias fósiles nos muestran es todavía incompleto. Son necesarios más estudios para saber si la vida en el planeta logró recuperarse rápidamente en todos lados o si los lugares en los que los científicos han encontrado ecosistemas posteriores al período Pérmico son solo una excepción.

De una u otra manera, este cambio de perspectiva sobre cómo la vida puede pulverizarse y surgir nuevamente brinda algo de alivio a los que se preocupan de que una nueva extinción, esta vez provocada por la humanidad, pueda terminar con la vida para siempre. No es tan simple como decir “la vida se abre camino”; los sobrevivientes se abren camino, y construyen un nuevo mundo que resulta completamente extraño para los que se quedaron atrás. La pregunta que debería retumbar en nuestras cabezas no es si es que habrá o no sobrevivientes luego de la siguiente extinción masiva, sino cuántas especies se perderán para siempre en el camino.