Imagen: White Death. Funker530

A finales de 1939 la vida de Simo Häyhä había cambiado. Su anodina rutina como granjero en las montañas de Rautjärvi (Finlandia) había pasado a mejor vida. Ese invierno se levantaba, preparaba los alimentos para varios días que irían en el interior de su traje especial de camuflaje para la nieve. Un atuendo totalmente blanco que completaba con una mascara y guantes del mismo color. Tomaba su fusil y subfusil y se dirigía al punto más alto de las nevadas colinas. Meses más tarde Häyhä se revelaba como White Death, el francotirador que más soldados ha matado en la historia.

Obviamente el hombre no siempre fue un granjero que sobrevivía en ese enclave frío e inhóspito del planeta. La historia de Simo Häyhä como personaje bélico comenzaba tres meses después de que se iniciara la Segunda Guerra Mundial, concretamente en el evento que históricamente se ha llamado la Guerra de Invierno.

Winter is coming

Imagen: Soldados finlandeses durante la Guerra de Invierno. Wikimedia Commons

Más o menos en el mes de abril de 1938 se presentan un nutrido grupo de representantes de la antigua URSS ante el gobierno finlandés. Los soviéticos transmiten a los finlandeses su preocupación de que la Alemania nazi pueda intentar invadir Rusia, y que tal ataque se produzca a través de las tierras de Finlandia. La respuesta de los finlandeses en ese momento fue que ellos eran oficialmente neutrales, pero que en cualquier caso y llegado el momento, cualquier incursión de los nazis en sus fronteras tendrían su réplica con fuego.

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Los soviéticos no quedaron contentos con la respuesta, probablemente recordando el propio manifiesto de Hitler, Mein Kampf, el cual se había publicado varios años antes con un apartado específico donde Hitler hablaba de la invasión a la Unión Soviética. Así que el Ejército Rojo vuelve a intentar iniciar negociaciones diplomáticas con Finlandia instándoles a desarrollar una defensa conjunta en sus tierras contra Alemania. Lo que en un principio fueron solicitudes para intercambiar territorio poco a poco se fue transformando en demandas, y un año después las negociaciones se rompen.

Tras el último intento de los soviéticos para convencer a los finlandeses de una cesión de un área que sirva como amortiguador para Leningrado, el 30 de noviembre de 1939 se inicia la denominada Guerra de Invierno, el ataque de la Unión Soviética para invadir Finlandia.

Simo Häyhä

Imagen: Simo Häyhä. Wikimedia Commons

En el municipio de Rautjärvi, cerca de la frontera soviética/finlandesa, vivía el hombre que iba a marcar el curso de este conflicto. Se trataba de Simo Häyhä, de 34 años de edad. En aquella época era granjero y cazador con una vida ciertamente aburrida. Por aquellas fechas también le llega la noticia de las hostilidades y en ese momento nuestro hombre lo tiene claro. Debía tomar sus armas y defender a su país.

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Si uno entraba en la pequeña granja de Häyhä podía darse cuenta de que no era un simple granjero. En su interior se encontraban numerosos trofeos que había ganado debido a su extrema puntería. Häyhä podría alcanzar un blanco a 150 metros de distancia, no una, sino 16 veces en un minuto. El hombre también había servido al ejército del país desde 1925 hasta llegar a ser cabo. Después de eso se unió a la Guardia Civil y con el tiempo lo dejó todo para tener una vida tranquila alejada de la civilización. Un poco como John Rambo o John Matrix en Commando, tipos duros que un día les da por cambiar las armas por la paz y la naturaleza… hasta que tu país te vuelve a reclamar.

Para hacernos una idea en números, por aquellas fechas toda la población de Finlandia era de alrededor de tres millones, en cambio la URSS era de algo más de 170 millones. Por tanto los finlandeses sabían que las matemáticas no cuadraban y que los rusos les superaban en número, más o menos de 100 a 1. Por ello optaron por un tipo una defensa basada en una estrategia de guerrillas desgastando al enemigo en su propio terreno... y que sea lo que dios quiera. A Häyhä le llega su primera asignación como parte del Jaeger Regiment 34, estacionados a lo largo del río Kollaa.

Imagen: Soldados finlandeses durante la Guerra de Invierno. Wikimedia Commons

El nombre de la guerra no fue un simple ejercicio estilístico. Si lo llamaron la Guerra de Invierno fue porque se encontraban en un clima brutalmente frío, con temperaturas que jamás fueron superiores a los 0 grados centígrados, y donde la media era de unos -25 grados (con mínimas de hasta -40). Todas las partes del cuerpo humano incluyendo aquellas que estamos pensando debían estar congeladas a esas temperaturas. No para Häyhä.

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Como contábamos al comienzo, el tipo, por norma general, llevaba un ritual diario antes de comenzar la batalla. Se ponía su uniforme polar de camuflaje blanco, sus guantes, máscara blanca, alimentos para estar varios días esperando al enemigo, cargaba sus bolsillos de 50 a 70 cartuchos de munición y comenzaba su camino hacia el monte con su inseparable fusil estándar M28 Pystykorva junto a un subfusil finlandés Suomi KP/-31.

Cuando llegaba a su destino, normalmente zonas en alto con nieve y matorrales que le hacían “invisible” al enemigo, nuestro hombre esperaba pacientemente la llegada del enemigo. Podía esperar horas y días hasta tener un blanco. La razón era sencilla: mientras que Häyhä conocía de memoria el terreno, los soviéticos tendían a adherirse por los caminos establecidos, lo que daban una situación favorable para Häyhä. Además era muy selectivo a la hora de elegir los blancos, normalmente esperaba y renunciaba a posibles objetivos esperando crear en el enemigo una sensación de seguridad hasta que apareciera un alto mando en la zona, momento que aprovechaba para ponerlos en su punta de mira.

White Death

Imagen: Simo Häyhä/White Death. BI

Así fue como el hombre se fue haciendo un nombre. En su bando como un héroe y entre los soviéticos como un enemigo invisible que los estaba atemorizando. Los soviéticos reaccionaron al éxito de Häyhä ordenando ataques de artillería sobre la sospecha de que existía en algún punto de la zona un francotirador infalible, además enviaron a un némesis de nuestro hombre, otro francotirador ruso de leyenda que debía enfrentarse en la batalla de todas las madres contra Häyhä. Un señor villano.

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Este último comenzó su periplo en la batalla matando a varios soldados finlandeses y a tres oficiales. Acto seguido fue a la caza de Häyhä con una Mosin-Nagant M91. Grave error, el ruso moriría al día siguiente de iniciar la caza. A la noche nuestro hombre ya había notado la presencia del soviético. Häyhä se deslizó lentamente a través de la nieve para ganar la posición, allí esperó hasta los primeros rayos de sol. En un instante, el ruso que había mantenido la misma posición toda la noche realiza un cambio y deja al descubierto su rostro. Fueron apenas unos segundos, suficientes para que Häyhä pusiera un único disparo en la cabeza del francotirador soviético.

Imagen: Simo. Wikimedia Commons

A pesar del éxito de Häyhä, los soviéticos estaban ganando la guerra. Los finlandeses fueron obligados a retroceder casi 40 kilómetros de las orillas del río Kollaa y sabían que si los soviéticos ganaban el camino a través del río estaban perdidos. El enemigo lo sabía también y tienen como prioridad hacerse con una colina que les permitiría cruzar el río. El regimiento de Häyhä es el elegido para defender dicha colina.

Ambas partes saben que los finlandeses eran superados en número y que la artillería de la que disponían era vieja e inútil en comparación con la infantería acorazada soviética. Los soviéticos inician el intento de toma de la colina, pero jamás pensaron que el reducto de hombres que allí se atrincheraban, comandados por esa figura helada que era Häyhä, pudiera resistir tanto. La batalla continuó durante semanas, y mientras los finlandeses fueron perdiendo efectivos y provisiones, las fuerzas soviéticas se iban reforzando. Durante el día, los rusos atacaban desde la lejanía bombardeando las líneas finlandesas, por la noche era el momento de cierta paz para los finlandeses, quienes aprovechaban para refugiarse y paliar las bajas.

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Lo cierto es que al inicio de la batalla de Kollaa los soviéticos emplearon tácticas de fuerza abrumadoras, pero en cambio los finlandeses desarrollaron una contra-estrategia, la llamada táctica “Motti”. En ella, los finlandeses abrían todas sus líneas defensivas para dejar entrar el avance soviético, unas vez que los tenían agrupados, los finlandeses hacían acto de presencia a los lados cerrando líneas mientras les emboscaban . Obviamente los soviéticos los superaban en número, pero debido a la táctica los avances de los soviéticos se hicieron más lentos por temor a otro ataque.

En una de esas emboscadas Häyhä batió un récord personal. Ocurrió el 21 de diciembre de 1939, fecha en la que mató a 25 rusos en un solo día. Fue el momento en el que los soviéticos se dieron cuenta de su presencia. A partir de ahí se referían a él como White Death.

Imagen: Barricadas en la Guerra de Inviernos. Wikimedia Commons

Häyhä utilizaba principalmente un fúsil M28 y prefería no usar mira telescópica porque decía que, con frecuencia, los francotiradores eran delatados por el reflejo del sol en las lentes de estas miras. Además, decía que con tan bajas temperaturas las miras se empeñaban o se rompían con facilidad. Otra de sus tácticas consistía en poner montículos de nieve sobre su posición para que el disparó no saliera movido. Este Rambo de las nieves también contaba que para evitar su propio vaho y que este le delatase, se llenaba la boca de nieve ante un encuentro con el enemigo.

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Las batallas se sucederían hasta el 6 de marzo de 1940. Ese día, el recién ascendido a teniente, Simo Häyhä, se encontraba con un pequeño grupo de tropas luchando contra los soviéticos. Ese día también, al mediodía, Häyhä llevaba un nuevo récord de 40 muertes rusas en apenas unas horas. Pero su suerte cambió. Una explosión del enemigo le impactó en el lado izquierdo de su mandíbula. Sus hombres lo evacuaron y relataron a sus superiores que “la mitad de su cara había desaparecido”. Las heridas lo habían dejado en coma durante cuatro días.

Imagen: Simo Häyhä en 1940, con su mandíbula deformada a causa del proyectil enemigo. Wikimedia Commons

El 13 de marzo por la mañana despertó con la mandíbula destrozada. Unas horas después se firmaría la paz entre la Unión Soviética y Finlandia, 105 días de guerra que terminaron con el tratado de paz por el que Finlandia cedía cerca de un 10% de su territorio y un 20% de su capacidad industrial a la Unión Soviética.

La guerra había sido un desastre militar para la Unión Soviética y sirvió para que el Kremlin hiciera autocrítica interna e iniciara el proceso de reinstaurar a oficiales cualificados, una decisión que a la larga, permitiría a los soviéticos resistir la invasión alemana.

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Entre los términos del tratado se permitió a los soviéticos retener el hogar de Häyhä, Rautjärvi. Nuestro hombre, finalmente, fue uno más de los 400 mil finlandeses que se quedaron sin hogar por la guerra. Aún así, tras la misma fue ascendido a teniente segundo y llegó a escribir un libro sobre sus batallas.

Luego volvió a su antigua rutina. Como Rambo y Matrix, hastiado de tanta sangre, se dedicó nuevamente a la caza y a la cría de perros en una pequeña aldea, Ruokolahti. Allí volvió a cambiar las armas por la paz y la tranquilidad a la espera de que nuevamente su país lo necesitase.

Jamás volvió a ocurrir. El mayor francotirador de la historia de las guerras, el tipo que mató a más de 500 soldados soviéticos, falleció de muerte natural el 1 de abril del 2002 a la edad de 92 años.


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