Es el proyecto más ambicioso y a la vez surrealista de las últimas décadas: un viaje tripulado a Marte sin retorno. Una misión "suicida". Es lo que quiere hacer Mars One. 200.000 personas de todo el mundo se presentaron como voluntarios astronautas. Ya hay 100 finalistas. Hemos hablado con dos de ellos. Esta es su historia.

"Yo no voy a Marte a morir, voy a vivir". Así de tajante lo expresa Pablo Martínez, uno de los finalistas seleccionados entre los 200.000 que, según Mars One, han solicitado una plaza en el viaje sin retorno a Marte en 2024. Al decirlo, su voz suena firme al teléfono, plenamente convencido, casi desafiante. Es normal. Muy pocos entienden el rocambolesco proyecto en el que está a punto de embarcarse.

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¿Presentarse voluntario para viajar a Marte, en un vuelo sin retorno, para morir allí, si es que la misión llega a pisar Marte, si es que siquiera se produce el intento, de la mano de Mars One, una organización holandesa sin ánimo de lucro desconocida que apenas ha documentado cómo piensa hacerlo? "Para mi sería cumplir un sueño, ir al espacio, vivir en otro planeta, investigar. Si lo piensas bien, allí no habrá ni políticos ni gobernantes poniendo leyes, será la lucha por la supervivencia", dice Pablo.

Pablo Martínez, 37 años, uno de los 100 finalistas de Mars One.

Pablo es uno de los dos españoles entre los 100 primeros finalistas. Madrileño, de 37 años, soltero y sin hijos. Es licenciado en Físicas y doctorado en electroquímica, ciencia y tecnología. Cuando se enteró del proyecto de Mars One, allá por el 2013, no tenía trabajo. Lo vio como una oportunidad. Tras una primera fase de entrevistas de personalidad ("ninguna en persona, todas por Internet", remarca) y una segunda fase de análisis médicos, Martínez resultó ser uno de los 100 escogidos. Ahora comienza la tercera y cuarta fase de selección. Consistirá en pruebas en equipo. Se reunirán los 100 finalistas, se harán múltiples ejercicios y a finales de año se conocerán los 24 "afortunados" que viajarán a Marte en diferentes tandas de 4 astronautas cada vez. Suena a proyecto histórico, salvo por un detalle: nadie tiene ni idea de cómo Mars One va a conseguir el dinero y la tecnología necesaria para lograr algo así.

¿Un fraude?

Pablo Martínez se pone ligeramente en guardia de nuevo al oír la palabra fraude. ¿Es Mars One un fraude, un proyecto megalómano, alejado de la ciencia e irrealizable tal y como está planteado?

No creo que sea un fraude. Está apoyada por varios premios Nobel que ponen en juego su credibilidad. Están en contacto con SpaceX y las agencias espaciales. Y estoy de acuerdo con lo que dicen: la tecnología para viajar a Marte ya existe, ya está ahí, no hay que empezar nada de cero como ocurrió con la misión Apolo, solo hay que modificarla. Realmente me han convencido de que son capaces de hacerlo.

Mars One cuenta con el apoyo de un premio Nobel en su grupo asesor y varias empresas privadas, entre ellas SpaceX o Lockheed Martin, pero no oficialmente de la NASA o la ESA. Asegura que lanzar en 2024 la primera misión sin retorno de 4 astronautas costará 6.000 millones de dólares. Eso incluyendo los 9 años de preparación y desarrollo de tecnología. Para conseguirlo, confían en donaciones públicas, privadas y en organizar una especie de programas a mitad de camino entre el documental y el reality show que, por la venta de derechos, deberían empujar la cifra a los 6.000 millones. Esa es la teoría. Para muchos, como la escritora australiana y periodista Elmo Keep, que dedicó casi un año a analizar el plan de Mars One, las cifras no cuadran en absoluto. Por ejemplo, el coste de una misión tripulada que barajaba la NASA hasta ahora supera en miles de millones el presupuesto de Mars One. A Pablo las cifras no le hacen sospechar:

Ni la NASA, ni la ESA ni la Agencia Espacial Japonesa se han planteado seriamente hasta ahora una misión tripulada a Marte. La NASA de pende de un presupuesto, se lo están recortando. No están en condiciones de plantearlo. Solo ha sido al conocerse el plan de Mars One cuando la NASA se lo ha replanteado. Antes hablaban de 50 años para llegar a Marte. Ahora hablan del 2030. Es perfectamente posible.

Curiosamente, los argumentos de Martínez son casi idénticos en muchos puntos a los del otro finalista español, Ángel Jané. A sus 39 años, separado y con una hija, este técnico de energías renovables en paro cree que Mars One no tiene barreras tecnológicas ni financieras. Es, dice, el comienzo de un sueño histórico. La organización parece haber logrado generar tal fe ciega entre sus voluntarios que a veces a uno le da la sensación de estar hablando más con los integrantes de una extraña secta galáctica que con los de un proyecto supuestamente científico.

Foto: Ángel Jané, el segundo de los españoles entre los 100 finalistas en Mars One

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Jané echa por tierra, por ejemplo, uno de los informes elaborados por el MIT respecto a los enormes riesgos de una misión como Mars One. En él se analizan decenas de obstáculos tecnológicos aún por resolver, desde la radiación a la complejidad de obtener alimentos, agua u oxígeno. De llegar a la superficie de Marte, el MIT da a los voluntarios 68 días de vida. Con suerte.

"Todo el mundo se quedó con esa cifra, solo se leyeron las 10 primeras páginas donde hablaban de los obstáculos, pero no las 20 últimas donde habla de cómo se podrían solucionar. Gente como Michio Kaku, con quien pude hablar, confía en el proyecto. Eso me da mucha seguridad", dice Jané. Martínez coincide: "Leí el artículo del MIT. Me pareció serio, pero no la interpretación que se hizo en los medios. El propio MIT da soluciones a los problemas. Es posible".

"Viviré en Marte 30 o 40 años"

Además de los argumentos, si algo sorprende en Pablo y Ángel es su extremo optimismo. Ambos coinciden de nuevo en que la parte más dura de la misión será el viaje. Según Martínez:

Cuatro personas viajando entre 6 a 8 meses encerrados en una nave del tamaño de un autobús. Eso va a ser muy duro para quien vaya finalmente. La salud en ese viaje, la parte médica, será el punto crítico. Una vez en Marte no será tan complejo. Soy optimista, si llego a ir, creo que viviré 30 o 40 años. Si no cogemos ninguna enfermedad grave, si no nos caemos o ocurre algo que no se pueda solucionar, probablemente la esperanza de vida allí es similar a la Tierra.

Pese a que ni un solo informe científico asegura que algo así sea viable, voluntarios de Mars One como Pablo creen firmemente que llegar a Marte en 2024 y establecer allí una colonia permanente con éxito será posible. Tal vez. Ojalá. Lo preocupante es que Mars One de momento no ha ofrecido ni una prueba concreta de que sepa cómo hacerlo o de tener los recursos necesarios para conseguirlo. La vaguedad del proyecto tampoco le preocupa a Ángel Jané. Cree que la vida en Marte no será tan peligrosa ni solitaria:

Para 2024 seguro ya nos podremos comunicar desde allí con la Tierra por vídeo e Internet. Elon Musk ya ha dicho que planea enviar satélites de comunicación, comenzar a montar la infraestructura. Psicológicamente será más como ir a trabajar a una plataforma petrolífera, una gran aventura.

Salvo que de esta no regresas vivo...

No pienso que voy allí a morirme, cada uno tiene que hacer su introspección. Me da más miedo vivir esta vida en la Tierra sin pena ni gloria, solo para trabajar, consumir y morir. La sociedad necesita un empuje espiritual. Tenemos la oportunidad de hacer historia, de crear una nueva cultura en otro planeta.

Con tanto optimismo se hace casi imposible no dejarse llevar. Así que jugamos por un instante. Imaginamos que todo es un éxito, que la misión llega a Marte sin problemas, tal y como estaba planeado. Imaginamos que Pablo Martínez es uno de los cuatro primeros elegidos. Desciende de la nave. Pone un pie en Marte. El primer ser humano en hacerlo. ¿Qué pensará en ese instante, cuando mire al otro lado en dirección a la Tierra?

Se oye una pequeña sonrisa de satisfacción al otro lado del teléfono. Silencio. Tras unos segundos, Pablo se lanza: "¿La verdad? No sentiría pena de no regresar nunca más. Sería un sueño hecho realidad. Como cuando te vas de casa de tus padres, a vivir solo. Lo mismo. Solo que esto sería una gran mudanza, para toda la vida".

Foto apertura: NASA

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