Un cohete de la compañía aeroespacial SpaceX explotaba el pasado 1 de septiembre en Cabo Cañaveral pocas horas antes del lanzamiento. Se llevó consigo toda su carga, $780 millones dólares de Elon Musk y el primer satélite de Facebook, valorado en $95 millones de dólares.

Tras semanas de investigación (e incluso de pedir ayuda a Twitter), la compañía tiene más claro que sucedió. Los primeros resultados apuntan a que una brecha en el sistema de helio del sistema de oxígeno líquido que lleva el cohete causó la llamarada y posterior explosión.

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El equipo de investigación reunió grabaciones que muestran el fuego y ha traslado los restos del Falcon 9 a un hangar cercano. A partir de ambas pruebas, SpaceX elaboró un gigantesco “árbol de errores” bien descartando o bien validando la causa del fuego hasta llegar al origen. El incidente destrozó el cohete, pero los tanques de oxígeno líquido y de queroseno quedaron intactos, con lo que podrán ser reutilizados en futuras misiones.

Aunque el misterio se ha aclarado parcialmente, todavía es pronto para evaluar hasta qué punto serán significativos los daños y el impacto de la explosión. El área de lanzamiento original, por ejemplo, ha sufrido daños importantes que deben ser reparados.

Los sistemas de control están más o menos indemnes pero también requieren una exhaustiva revisión de seguridad antes de volver a estar operativos.

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Sobre cuándo podremos ver un Falcon 9 de nuevo en el espacio, la compañía apunta a que podría ser relativamente pronto, en noviembre.