Si no lo has visto aún, lo verás seguro en las próximas horas. El empresario y escritor británico Russell Edwards asegura haber revelado por fin la auténtica identidad de Jack el Destripador, el casi mitológico asesino que en 1888 acabó con la vida de cinco mujeres en el barrio londinense de Whitechapel. Edwards dice haber utilizado una "avanzada técnica de ADN" para dar con su identidad real. Si hasta ahora todo suena poco creíble es precisamente porque lo es.

Según Edwards, la identidad del asesino que aterrorizó Londres a finales del siglo XIX es Aaron Kosminski, un barbero inmigrante polaco de 23 años que vivía cerca de la zona donde se produjeron los asesinatos. Fue de hecho uno de los seis sospechosos en la investigación del caso durante aquella época, aunque al final no se encontraron pruebas concluyentes contra él.

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Russell Edwards, un empresario metido a escritor, asegura haber dado ahora con la identidad real de Jack el Destripador analizando restos de ADN de un chal que supuestamente perteneció a Catherine Eddowes, una de las cinco víctimas del asesino. Para este trabajo contrató al experto forense Jari Louhelainen.

"No hay ninguna duda de que hemos desenmascarado al auténtico Jack el Destripador", "Poseo la única prueba forense en la historia del caso", " por fin hemos resuelto el misterio de quién era Jack El Destripador". Son algunas de las declaraciones de Edwards. ¿Por qué no debes creer ninguna de ellas?:

1) Edwards tiene un nuevo libro que vender, Naming Jack The Ripper, y sale justo mañana a la venta. Es en ese libro donde describe toda la "investigación" llevada a cabo para desenmascarar la supuesta identidad del asesino. Cuando hay un libro que vender, ya se sabe. Y no, no es el único: en las últimas décadas se han publicado decenas de libros que especulan sobre exactamente el mismo tema.

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2) Edwards y Louhelainen han decidido dar a conocer al mundo el resultado de su investigación no a una revista científica de prestigio que revisa previamente las investigaciones antes de publicar, sino a The Daily Mail, tabloide británico conocido precisamente por su sensacionalismo.

3) Todo el "descubrimiento" se basa en el chal que supuestamente perteneció a una de las víctimas. Esa prenda la compró Edwards en una subasta en 2007, pero su origen no están en absoluto probado. Puede pertenecer a la víctima o ser parte del mito creado en torno al suceso.

4) La investigación no ha sido revisada por un científico o investigador ajeno a la misma (o a la venta del libro). Louhelainen basa sus hallazgos en la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa, que permite obtener millones de copias de un fragmento de ADN para su secuenciación, pero ni la aplicación de esta técnica al caso ni las conclusiones que se fueron tomando en el proceso han sido validadas científicamente por otros investigadores.

En definitiva, campaña publicitaria para vender un libro disfrazado de ciencia. Circulen, aquí no hay nada que ver. [vía The Daily Mail]

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