¿Otra vez la neutralidad de la red? ¿Eso no se había resuelto hace tres años? Ojalá. La guerra por la neutralidad de la red llegó a una especie de tregua durante la administración Obama, pero el nuevo gobierno republicano de Trump se prepara para un segundo asalto. Esto es lo que necesitas saber.

¿Qué es la neutralidad de la red?

La Neutralidad de la red no es una ley o una norma impuesta desde algún organismo estadounidense. Tan solo es un principio teórico de funcionamiento. Es una buena práctica, si lo prefieres. En virtud de ese principio, ninguna compañía que ofrezca conexión a Internet puede bloquear o priorizar el acceso a los contenidos por razones económicas.

¿En qué se diferencia priorizar el tráfico de un servicio de pago?

Probablemente estés pensando que eso de priorizar el tráfico ya existe ¿no? Internet está lleno de servicios premium que ofrecen música sin publicidad (Spotify Premium), cine y series en tarifa plana (Netflix) o acceso prioritario con mayor ancho de banda a servicios de almacenamiento online (Mega).

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La diferencia está en que esos servicios ofrecen acceso prioritario al contenido de sus propios servidores, que para eso son suyos. En otras palabras, una vez los paquetes de datos salen de sus servidores y circulan por Internet hasta llegar a tu casa nada, salvo los problemas técnicos propios de cualquier conexión, se interpone en su camino.

¿Esto no es igual que la censura o los bloqueos regionales?

De nuevo, quizá estés pensando que ya hay muchos países en los que los gobiernos o las empresas prohiben el acceso a determinados contenidos. Es cierto, pero no tiene que ver con la neutralidad de la red. Un ejemplo de ello es la web Dolar Today, a la que es imposible acceder desde Venezuela porque ofrece información sobre tipos de cambio no oficiales que no gusta al gobierno del país. La palabra que define esto es censura.

Lo mismo ocurre cuando un vídeo concreto no se puede reproducir desde tu país porque una compañía de cine o una discográfica no ha llegado a acuerdos de distribución para ese contenido en esa región. La diferencia está en que el bloqueo a ese contenido se hace a petición de su legítimo propietario. La operadora de telefonía no decide sobre ello.

¿Cómo sería Internet sin el principio de neutralidad?

Si el principio de neutralidad desapareciera, los operadores de telefonía tendrían total libertad para regular el tráfico en virtud de sus intereses o de los acuerdos que lleguen con otras compañías. Huelga decir que a las empresas que te proveen de conexión les encantaría que esto fuera así, porque les haría ganar mucho dinero.

Un ejemplo muy cercano de esto lo tuvimos hace meses entre Netflix y Telefónica. Cuando Netflix llegó a España, los usuarios del popular servicio de streaming que tenían su conexión con Movistar comenzaron a quejarse de que Netflix les iba muy lento. Las métricas de Netflix confirmaban el bajón de velocidad para su servicio, y no falta quien sospecha que Movistar alteró el tráfico a propósito porque Netflix es competencia directa con sus propios servicios de vídeo.

Desde Movistar, por supuesto, negaron estar alterando el tráfico. Después de que responsables de Netflix y de Movistar se reunieran, la incidencia quedó resuelta. No vamos a entrar a valorar si Movistar realmente hizo trampas y trató de perjudicar a su competencia, pero es el ejemplo perfecto de lo que ocurriría en un mundo sin neutralidad de la red.

Imagen: Richard Drew / AP

Los operadores podrían beneficiar los servicios que más les paguen. El resultado es que, como usuario, no tendrías la misma calidad de acceso a todo. Algunas páginas cargarían más rápido, otras lo harían mucho más lento sin que haya un motivo técnico detrás. Incluso podría llegar el caso de que no puedas acceder en absoluto a un servicio o una página concretos porque a tu compañía telefónica sencillamente le viene bien priorizar otro. Despídete de tu libertad de elección online.

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No solo es una cuestión que afecta a los usuarios. Para las pequeñas compañías o los emprendedores sería un desastre. La desaparición del principio de neutralidad les impediría ofrecer sus contenidos o servicios en igualdad de condiciones con las grandes. En un mundo sin neutralidad de la red, en definitiva, el acceso igualitario a Internet pasaría a estar regulado por una sola cosa: el dinero.

¿No puedo solucionar eso instalando un VPN?

Sí y no. Instalar un VPN te permite acceder a ciertos contenidos si tu operador decide bloquearlos, pero los VPN no son la panacea. Todos ellos ralentizan el tráfico en mayor o menor medida. En otras palabras, si tu problema es precisamente que el operador ralentiza el tráfico proveniente de determinados servicios, acceder a ellos desde un VPN no te va a ayudar en nada.

¿Quién decide si la red es neutral o no?

Depende de cada país. En España, por ejemplo, las operadoras de telefonía están obligadas a garantizar la calidad de su red a servicios como Netflix en virtud de un acuerdo con la Comisión Nacional de los Mercados, que es el organismo que se encarga de velar porque el acceso sea igualitario.

Ajit Pai, actual preseidente de la FCC. Foto: Getty

En Estados Unidos, la neutralidad de la red la decide la Comisión Federal de Telecomunicaciones (FCC). Durante el mandato de Obama, la FCC decidió mantener ese principio a petición del presidente.

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En octubre de 2004, el presidente Obama salió en defensa de la neutralidad de la red en Estados Unidos y pidió al organismo que redactara una normativa para garantizar el tráfico igualitario. El presidente de la FCC, Tom Wheeler, accedió. En febrero de 2015, Wheeler propuso convertir Internet en un servicio básico bajo el amparo del Título II del Acta de Telecomunicaciones de 1996. La neutralidad de la red había ganado una batalla, pero no la guerra.

¿Qué es lo que quieren cambiar ahora?

La clave de todo es definir qué es el acceso a Internet. En la actualidad, la FCC lo considera un servicio básico de telecomunicaciones y, como tal, debe estar garantizado en igualdad de condiciones. Las compañías que proveen el servicio quieren cambiar esto, y para ello están presionando al gobierno con todos los medios a su alcance.

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El resultado de esta presión es el Acta para restaurar la libertad en Internet (Restoring Internet Freedom Act). Su nombre no puede ser más engañoso. Se trata de una propuesta iniciada por nueve senadores que busca privar a la FCC de la potestad para designar a los operadores de Internet como empresas de telecomunicaciones bajo el Titulo II del Acta de Telecomunicaciones de 1996.

Si la propuesta sale adelante, los operadores de Internet dejarán de estar obligados a garantizar un servicio básico e igualitario. No se trata de liberar Internet. Se trata de liberalizarlo como mercado. Los senadores detrás de esta propuesta ya trataron de hacer lo mismo en 2016 sin éxito. También son los responsables de la reciente ley que básicamente permite a los ISP vender tus datos de navegación.

No vivo en Estados Unidos ¿Por qué debería importarme?

Como dice el refrán: Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. Si Estados Unidos aprueba una legislación que mate la neutralidad de la red, se sentaría un precedente muy válido para que las operadoras del resto del mundo pidan a sus gobiernos hacer lo propio, y lo peor es que no les faltaría razón. La falta de neutralidad en un país afectaría a la competencia de las empresas que no son de ese país. Además hay que tener en cuenta que una amplia mayoría de servicios de Internet nos llega precisamente de Estados Unidos. Si allí acaban con el principio de neutralidad, todo Internet tendría que adaptarse a las nuevas normas, y los usuarios no saldríamos ganando.

Foto: Getty

¿Qué puedo hacer al respecto?

Desgraciadamente, la respuesta a esa pregunta es “muy poco”. Puedes manifestarte muy enfadado, pero la pelota de la decisión sobre la neutralidad de la red está en el tejado del senado estadounidense, la FCC, las operadoras del país y el tremendo embrollo de intereses. Por mucho que nos indigne, de momento lo mejor que podemos hacer es estar informados sobre el tema, transmitir ese conocimiento, y no dejarnos engañar por nombres que invocan libertades.

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Todos los bits de información que circulan por Internet deben ser tratados igual. De ello depende que la red que conocemos y amamos siga siendo cómo es. Si finalmente nuestros mandatarios nos la juegan, quizá sea el momento de pensar seriamente en elegir mandatarios mejores la próxima vez.