En toda su historia, la humanidad no ha encontrado nunca la mínima evidencia de que existe vida extraterrestre, pese a las altísimas posibilidades de que exista. Esta contradicción es lo que se conoce popularmente como la Paradoja de Fermi. Una nueva teoría está intentando resolver dicha particularidad con un enfoque diferente.

Afirma en concreto que los planetas habitables son, efectivamente, bastante comunes en nuestra galaxia, pero la vida que aparece en ellos se desvanece rápidamente. Una solución que se cita a menudo para la Paradoja de Fermi (es decir, la falta de evidencia de que nuestra galaxia ha sido colonizada por una civilización extraterrestre), es la hipótesis del Gran Filtro. Elaborada por Robin Hanson de la Universidad George Mason, la teoría sugiere que hay algún tipo de obstáculo cósmico desconocido que previene que la vida se desarrolle pasada una cierta etapa. El problema: no estamos del todo seguro de que este Gran Filtro exista siquiera, y si lo hace, qué aspecto o estructura tiene.

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Algunos astrobiólogos miran al pasado de nuestro planeta para señalar la existencia de tres posibles puntos de filtro: la aparición de moléculas con capacidad de reproducirse, vida unicelular simple y vida unicelular compleja. Si probamos que cualquiera de estos pasos críticos en la evolución es cierto, sería una gran noticia, porque implicaría que el Gran Filtro ya ha quedado atrás para nosotros. Por otra parte, otros más pesimistas, temen que el Gran Filtro esté todavía por delante de nosotros, un evento que probablemente venga en forma de catástrofe autoinflingida.

Un nuevo estudio de la Universidad Nacional de Australia, elaborado por los astrobiólogos Adita Chopra y Charley Lineweaver, apunta a otra nueva posibilidad. Afirman que la vida existe durante un breve periodo de tiempo en otros planetas, pero se extingue rápidamente. Los investigadores lo llaman “la hipótesis del cuello de botella de Gaia”.

Apuntan a Marte y Venus como posibles ejemplos. Ambos planetas pueden haber sido habitables en el pasado, pero ambos fallaron al tratar de estabilizar un entorno que cambiaba rápidamente. Hoy, Marte es un páramo helado y Venus es un hervidero. Aquí en la Tierra, en cambio, la vida jugó un papel fundamental estabilizando el clima del planeta. Tal y como explican los investigadores:

Si la vida emerge en un planeta, solo en muy raras ocasiones lo hace lo suficientemente rápido para regular los gases invernaderos y el albedo, manteniendo por tanto la superficie del planeta compatible con la existencia de agua líquida y con la habitabilidad.”

La presencia del cuello de botella de Gaia, por tanto, sugiere que la extinción es el “modo cósmico por defecto” para la vida que emerge en la superficie de planetas rocosos aislados en el universo y que dichos planetas “necesitan estar habitados para ser habitables”, paradójicamente.

Credit: Chopra & Lineweaver, 2016/Astrobiology.

El misterio de por qué no hemos encontrado todavía signos de vida alienígena tiene poco que ver con la probabilidad del origen de la vida y la inteligencia como tal y mucho con lo raro que es que una nueva forma de vida emerja rápidamente para regular los ciclos de feedback en las superficies planetarias” afirma Lineweaver.

Es una teoría intrigante, pero para que satisfaga las demandas de la hipótesis del Gran Filtro, necesita ser completamente universal. No queda claro, no de manera inmediata al menos, del trabajo de Chopra y Lineweaver si la regulación de Gaia debería ser así de rara en otros mundos, o cómo de poco frecuente es realmente el proceso. Dado que existen, probablemente, decenas de millones de planetas potencialmente habitables en nuestra galaxia, y dado que la galaxia ha sido capaz de ser habitada durante 5 o 6 mil millones de años, ese cuello de botella tiene que ser de proporciones absurdamente grandes.

Robin Hanson comparte este sentimiento. Tal y como explica a Gizmodo en un email:

La idea básica es bastante plausible entendiéndolo como un Gran Filtro. Pero el Gran Filtro tal y como está explicado debe ser enorme, y este estudio no concreta por qué deberíamos esperar que el filtro sea tan grande. Así que sí, podemos añadirlo a nuestra larga lista de teorías y filtros, pero no tenemos motivos claros para considerar que sea LA causa detrás.

Del mismo modo, el astrónomo Milan Ćirković del Departamento de la Universidad de Novias en Serbia y Montenegro explica sus dudas sobre el mismo. Tal y como cuenta, la premisa básica se predica bajo una visión bastante antropocéntrica de la vida en el universo:

Todo lo que plantea el estudio es demasiado antropocéntrico, tanto como todas las demás hipótesis en ese sentido. Para pasar de la conclusión de que los planetas que se parecen extremadamente a la Tierra son muy raros a que es la razón por que la no percibimos extraterrestres, necesitamos el paso en el que probamos que cualquier vida extraterrestre avanzada debería evolucionar bajo unos parámetros como los que tiene la Tierra. Y esa prueba no va a llegar pronto. Creo que es un error considerarla siquiera como hipótesis. La convergencia evolutiva suele ser a menudo un sinsentido con bases religiosas. No he visto, por ejemplo, ninguna razón remotamente aceptable acerca de por qué la vida marina no pudo haber evolucionado hasta alcanzar un grado de inteligencia y de civilización similar. Y eso que los hábitats marinos son mucho menos susceptibles al cambio y la alteración que los de Tierra.

Dicho eso, esta posible solución a la Paradoja de Fermi puede de hecho llegar a ser evaluada:

Una predicción intrigante de la hipótesis del cuello de botella de Gaia es que la amplia mayoría de fósiles en el universo serán de formas de vida microbianas ya extintas, no de especies multicelulares como dinosaurios o humanoides, las cuales requieren años de vida para evolucionar” precisa Lineweaver.

¿De verdad vamos a buscar pistas en exoplanetas lejanos? Que cuenten con nosotros entonces. [Fuentes: Astrobiology, Australian National University]

Imagen: ESA

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