El reloj climático avanza sin tregua. En medio de negociaciones, compromisos y discursos, un grupo de científicos de renombre ha encendido todas las alarmas: si no se toman medidas urgentes, el año 2028 marcará un antes y un después. ¿Qué significa exactamente ese punto de inflexión? ¿Y qué consecuencias podrían derivarse si no actuamos a tiempo?
Una cuenta atrás que ya ha comenzado
Según un estudio reciente publicado en Earth System Science Data y firmado por más de 60 climatólogos, el llamado «presupuesto de carbono» para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C está a punto de agotarse. Se trata de una especie de límite máximo de emisiones que aún podríamos emitir sin desencadenar cambios irreversibles en el sistema climático.
En números concretos, quedan apenas 130.000 millones de toneladas de CO₂ por emitir si se quiere evitar sobrepasar el umbral crítico. Al ritmo actual de 40 gigatoneladas por año, ese saldo se agotará por completo en poco más de tres años. Algunos cálculos más conservadores incluso reducen aún más ese margen.

Este presupuesto funciona como una cuenta bancaria atmosférica: cada tonelada emitida reduce el margen de acción. Y lo que está en juego no es menor. Pasar de un mundo con 1,5 °C de calentamiento a uno con 2 °C podría significar el colapso de múltiples sistemas naturales y sociales.
Más que cifras: lo que está en juego si cruzamos el umbral
Las consecuencias de superar los 1,5 °C no son abstractas ni lejanas. Según los expertos, un aumento de solo medio grado adicional multiplicaría los veranos sin hielo en el Ártico, pondría en riesgo a miles de especies y alteraría de forma irreversible el equilibrio de ecosistemas fundamentales. Se calcula que un 8 % de las plantas, un 6 % de los insectos y un 4 % de los vertebrados perderían más de la mitad de su área de distribución natural.
En términos humanos, los efectos serían igualmente devastadores. Las olas de calor extremo aumentarían en frecuencia e intensidad, afectando la salud y la capacidad productiva de vastas zonas agrícolas. Las cosechas, ya presionadas por sequías y fenómenos extremos, podrían fallar simultáneamente en distintas regiones, provocando crisis alimentarias globales.
Los sistemas que podrían colapsar sin retorno

Estudios recientes han identificado los llamados «puntos de inflexión climáticos»: umbrales invisibles más allá de los cuales se desencadenan procesos irreversibles. Uno de los más preocupantes es el deshielo del permafrost, que almacena enormes cantidades de carbono en forma de metano y CO₂. Si comienza a descongelarse de forma masiva, liberará estos gases, intensificando el calentamiento sin posibilidad de reversión.
Otro sumidero en riesgo son los océanos, que actualmente absorben alrededor del 30 % del CO₂ emitido. El aumento de temperatura reduce su capacidad de absorción, elevando aún más el nivel del mar y acelerando el desequilibrio climático. En un escenario de más de 2 °C de calentamiento, se estima que hasta 3.000 millones de personas podrían enfrentarse a una escasez crónica de agua.
Fuente: Meteored.