El ajolote mexicano es conocido en todo el mundo por una capacidad extraordinaria: puede regenerar extremidades, tejidos e incluso partes de algunos órganos. Sin embargo, existe algo que este pequeño anfibio no ha podido reparar por sí mismo: la destrucción progresiva de su hábitat.
El Ambystoma mexicanum sobrevive de forma natural en los humedales de Xochimilco, en Ciudad de México. Allí, la contaminación, la urbanización y la introducción de especies invasoras han provocado un enorme desplome de su población.
Ahora, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) preparan un nuevo intento para devolverlo a su ambiente natural: liberar 800 ejemplares en el lago Huetzalin, dentro del Parque Ecológico de Xochimilco.
Un lago se convertirá en laboratorio natural para 800 ajolotes
Los ejemplares están siendo criados en el Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC), donde existe una colonia destinada a la conservación de la especie.
El lago Huetzalin fue seleccionado porque presenta condiciones más favorables que muchos de los canales que rodean Xochimilco y recibe agua tratada.
José Antonio Ocampo Cervantes, responsable del proyecto de conservación del ajolote en el CIBAC, ya había explicado que el objetivo era evaluar primero cómo responden los animales al agua de Cuemanco para posteriormente avanzar hacia lagos del Parque Ecológico como Huetzalin.
La intención es que los animales no simplemente sobrevivan, sino que puedan establecer una colonia reproductiva.

Algunos llevarán un microchip para saber qué ocurre después
Una de las principales diferencias respecto de liberaciones anteriores será el seguimiento.
Aproximadamente un tercio de los 800 ajolotes llevará un microchip de identificación, permitiendo reconocerlos cuando sean recapturados.
Los científicos podrán comparar su peso, tamaño y condición física, además de obtener muestras biológicas y estudiar cómo responden al nuevo ambiente.
También podrán relacionar esos datos con parámetros de calidad del agua y observar hasta qué punto la contaminación condiciona su supervivencia.
Esto permitirá responder una pregunta fundamental: ¿es posible recuperar poblaciones silvestres estables simplemente mejorando las condiciones del ecosistema?
El verdadero problema del ajolote está en Xochimilco
Criar ajolotes no es especialmente difícil en condiciones controladas. Mantenerlos vivos en Xochimilco es otra historia.
Las cifras históricas ilustran el problema. En 1998 se estimaban alrededor de 6.000 ejemplares por kilómetro cuadrado. Para 2014, esa cifra había caído hasta unos 36. La UNAM está procesando actualmente los resultados de un nuevo censo y reconoce que la situación continúa siendo alarmante.
El deterioro del agua, la pérdida de chinampas y la presencia de peces introducidos, como carpas y tilapias, han transformado profundamente el ecosistema.
Por eso diferentes proyectos de conservación están apostando también por recuperar canales, instalar biofiltros y fomentar prácticas agrícolas que reduzcan el uso de agroquímicos.

Salvar al ajolote significa salvar algo mucho más grande
La liberación está prevista una vez que estén disponibles los permisos correspondientes y los animales alcancen las condiciones adecuadas.
Pero su éxito no se medirá únicamente contando cuántos de los 800 ejemplares siguen vivos unos meses después.
El ajolote funciona también como un indicador del estado ambiental de Xochimilco: si puede volver a vivir y reproducirse allí, significará que el ecosistema también está recuperando parte de su equilibrio.
Ese es precisamente el desafío. México puede criar miles de ajolotes en laboratorios. Lo realmente difícil es conseguir que vuelvan a tener un lugar donde puedan sobrevivir sin necesitarlos.