Photo: Wesson Wang (Unsplash)

En 2005, Steve Jobs puso fin a una vieja guerra de procesadores anunciando que el Mac abandonaría la arquitectura PowerPC y adoptaría procesadores Intel. Ayer, las acciones de Intel cayeron un 6% al publicarse que el Mac dejará atrás los procesadores Intel para usar chips de Apple. ¿Qué implicaciones tiene esto?

Aunque los rumores no aclaran qué tipo de procesadores prepara Apple para el Mac, el paso lógico sería adoptar la arquitectura ARM. Apple lleva varios años desafiando a Samsung y Qualcomm con su propia línea de SoC. El resultado es una integración cada vez mayor entre el hardware y el software de sus dispositivos, lo que se traduce en un mejor desempeño y una mayor eficiencia.

Los últimos iPhone cuentan con un chip Apple A11 de seis núcleos que aventaja a algunos MacBook Pro de 2017. Es un procesador fabricado por terceros, como TSMC, pero está totalmente diseñado por Apple en base a la arquitectura ARM. Mayor integración, mayor control, menor consumo y mejor rendimiento: dejar de depender de otros en el escritorio aportaría las mismas ventajas que en el móvil, y de paso abriría la puerta a un sistema operativo que unifique iOS con macOS de una manera similar a lo que Microsoft intentó con Windows 10.

De hecho, es posible que Apple tenga ya en desarrollo una versión de macOS para procesadores ARM o —más interesante aún— un iOS para ordenadores portátiles. La mejor prueba de ello es el rumor persistente de que las aplicaciones universales (que podrán ejecutarse en ambas plataformas) llegarán a iOS y macOS a finales de 2018. Esto ya había ocurrido durante la transición de PowerPC a Intel con los llamados “binarios universales”, apps que tenían compilaciones para las dos arquitecturas en el mismo ejecutable.

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Pero ganar más control sobre el chip también tiene sus desventajas para el usuario. El abandono de Intel cerraría aún más el ecosistema de Apple y podría significar el fin del Hackintosh. Un Hackintosh es un ordenador casero montado por piezas con el objetivo de ejecutar macOS. Es una popular alternativa a los productos de Apple para quieres quieren el sistema operativo, pero se niegan a pagar por el precio de un Mac (que es prácticamente imposible de ampliar).

Los Hackintosh aparecieron por primera vez en 2006, con la transición del Mac a la arquitectura x86 de Intel. Lo que antes era imposible (no se podía ejecutar macOS en un ordenador que no usara un procesador PowerPC) pasó a ser una posibilidad. Los Hackintosh requerían paciencia, controladores específicos y un gestor de arranque personalizado. Con cada actualización solían romperse y había que reinstalarles los controladores. Pero eran una realidad, por fin. Y se volvieron mucho más accesibles gracias a las guías que se encuentran fácilmente en Internet y a las webs que venden componentes especializados.

Para Apple, la jugada es redonda: abandonar los procesadores de Intel le aportará más control sobre el hardware, un mayor margen de ganancias y una experiencia unificada para los usuarios. Para la comunidad de Hackintosh, el futuro pinta negro: a menos que alguien desarrolle un “jailbreak” para Mac, solo un ordenador de Apple podrá arrancar la versión ARM de macOS.