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Ciencia

Algo está matando a las ballenas en la Patagonia argentina y los científicos están en alerta. Dos amenazas podrían explicar la mortandad

Decenas de ballenas muertas aparecieron en las costas de Península Valdés, Argentina. Los científicos investigan una bacteria y posibles episodios de marea roja que amenazan a la ballena franca austral.
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Cada año, las aguas de Península Valdés se convierten en uno de los espectáculos naturales más extraordinarios de Argentina. Centenares de ballenas francas australes llegan a las costas de Chubut para reproducirse, parir y criar a sus ballenatos. Sin embargo, durante los últimos meses, ese paisaje comenzó a mostrar una escena completamente diferente: animales muertos apareciendo en las playas, algunos de apenas unos meses de vida y otros adultos de varias toneladas.

La mortandad inusual de ballenas en la Patagonia argentina preocupa a los científicos desde julio de 2026. Las investigaciones apuntan a dos posibles procesos distintos: una infección bacteriana detectada en crías y una posible intoxicación por algas nocivas, conocida como marea roja, entre los ejemplares adultos. Todavía no existe un balance oficial definitivo, pero los investigadores advierten que la temporada podría superar algunos de los peores registros históricos.

Las ballenas están muriendo por causas que podrían ser distintas, según su edad

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La aparición de ballenas francas australes muertas en Península Valdés movilizó a los equipos de investigación y monitoreo sanitario. © Instituto de Conservación de Ballenas (ICB).

La primera señal de alarma apareció entre los ballenatos. Los análisis realizados sobre ejemplares muertos identificaron la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, un microorganismo capaz de provocar infecciones sistémicas graves, incluida la septicemia. Según el Gobierno de Chubut, que coordina las investigaciones sanitarias, su presencia está asociada a los cuadros observados en las crías, aunque todavía se investiga cómo se produjo la infección y qué factores favorecieron su gravedad.

Una de las hipótesis contempla que las heridas provocadas por ataques de gaviotas puedan facilitar la entrada de bacterias. Sin embargo, detectar el microorganismo no demuestra por sí solo que esas lesiones hayan sido la vía de contagio en los casos actuales.

En los adultos, la situación es diferente. Las primeras evaluaciones no encontraron señales que permitan relacionar sus muertes con el mismo cuadro bacteriano. Los especialistas investigan entonces otra posibilidad: una proliferación de microalgas capaces de liberar toxinas que terminan incorporándose a la cadena alimentaria marina.

El antecedente más preocupante ocurrió en 2022, cuando una floración algal nociva estuvo vinculada con la muerte de decenas de ballenas en la misma región.

La marea roja vuelve a estar bajo sospecha en uno de los mayores santuarios de ballenas del mundo

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Especialistas del Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral examinan un ejemplar muerto en las costas de Chubut. Estas investigaciones permiten obtener muestras biológicas y estudiar las posibles causas de mortalidad, incluida la exposición a toxinas asociadas a la marea roja. © ICB / PMSBFA.

La marea roja es un fenómeno asociado a determinadas proliferaciones de organismos microscópicos. Algunas especies producen biotoxinas que pueden acumularse en otros seres vivos y llegar a grandes mamíferos marinos mediante su alimentación.

Eso no significa que todas las mareas rojas sean tóxicas ni que los episodios actuales tengan necesariamente ese origen. Los científicos todavía deben analizar muestras para confirmar si las toxinas están presentes y si efectivamente contribuyeron a las muertes.

El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) recordó que en 2022 fueron necesarios meses de investigación para establecer el papel de las biotoxinas. Esta vez, los especialistas están realizando necropsias, análisis microbiológicos y estudios del agua y los moluscos de los golfos Nuevo y San José.

Las cifras históricas ayudan a dimensionar la preocupación. En 2012 murieron 113 ballenatos, mientras que en 2022 se registró un episodio excepcional que afectó principalmente a ejemplares adultos. Los especialistas consideran que 2026 podría alcanzar cifras todavía mayores, aunque las autoridades no publicarán un balance consolidado hasta finalizar el relevamiento.

La amenaza llega cuando la población de ballenas parecía recuperarse

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Las aguas protegidas de Península Valdés son fundamentales para la reproducción y crianza de la ballena franca austral. © Instituto de Conservación de Ballenas (ICB).

La situación resulta especialmente delicada porque la ballena franca austral protagonizó una importante recuperación después de décadas de caza comercial. En Península Valdés, los relevamientos de 2025 identificaron 2.110 ejemplares, incluidas 816 crías. En 2026 se contabilizaron 1.375 ballenas, de las cuales 409 eran ballenatos, según los datos citados por los investigadores.

Sin embargo, una población en recuperación no está libre de amenazas. La especie tarda alrededor de nueve años en alcanzar la madurez reproductiva, por lo que una pérdida elevada de crías o adultos puede tener consecuencias que solo se manifiesten a largo plazo. Por eso, el ICB insiste en la necesidad de analizar los resultados científicos antes de establecer responsabilidades o pronosticar el impacto poblacional.

La pregunta ya no es solamente cuántas ballenas están muriendo, sino qué está cambiando en el ambiente que debería protegerlas. La Patagonia argentina atraviesa uno de sus episodios sanitarios más preocupantes para esta especie, y comprender lo ocurrido será fundamental para determinar si se trata de una crisis excepcional o de una amenaza que podría repetirse.

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