Eran ballenas sanas, en buen estado corporal y con el estómago lleno. Aun así, en menos de una semana aparecieron siete ballenas francas australes muertas en las costas de Puerto Madryn, en la provincia argentina de Chubut. Cuatro de ellas, adultas, murieron en menos de 24 horas durante el último fin de semana largo en el golfo Nuevo.
Para los científicos que siguen a esta población, ese detalle es una pista. Que los animales estuvieran bien alimentados apunta menos a una enfermedad que a algo que comieron. La principal hipótesis es una marea roja, una floración de algas que producen toxinas capaces de matar a un animal de decenas de toneladas.
Qué se sabe hasta ahora
Mariano Coscarella, investigador del Laboratorio de Mamíferos Marinos del CENPAT-CONICET, calificó la temporada como atípica por el nivel de mortalidad. Según explicó, en esta época del año las ballenas comienzan a alimentarse intensamente en el centro del golfo Nuevo, antes de su migración. Si en esas zonas se desarrollan floraciones tóxicas, pueden ingerir la toxina con su alimento.
Se tomaron muestras de tejido y contenido estomacal que serán analizadas en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Trelew, y en el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP). Los resultados pueden demorar entre un mes y un mes y medio, y dependen del estado de los cadáveres. El gobierno de Chubut, además, anunció análisis de agua y de moluscos en los golfos Nuevo y San José.
Los científicos piden cautela: la marea roja es la principal sospecha, pero todavía no hay confirmación de laboratorio. Coscarella también desmintió versiones que circularon en redes sociales sobre cientos de crías muertas.
Las crías, un caso aparte

Desde junio venían apareciendo crías varadas en la zona, y los estudios preliminares sugieren una causa distinta. En algunas se detectó Erysipelothrix rhusiopathiae, la bacteria que causa la erisipela, asociada a cuadros de septicemia y falla multiorgánica. Por eso los especialistas analizan por separado a las crías y a los ejemplares adultos y juveniles.
El contexto numérico ayuda a dimensionar. El censo de septiembre contó 1.375 ballenas francas en la costa de Chubut, incluidas 409 crías. Y la mortalidad de crías fue mucho más alta en otros años: en 2012 se registraron 113 muertas, el máximo histórico para esta población hasta entonces.
El antecedente de 2022
Si la hipótesis se confirma, no sería la primera vez. En la primavera austral de 2022 murieron 30 ballenas francas en el golfo Nuevo en pocas semanas, junto con una mortandad masiva de lobos marinos. Un estudio publicado este año en Communications Earth & Environment reconstruyó lo ocurrido: una floración del dinoflagelado Alexandrium liberó toxinas paralizantes, entre ellas la saxitoxina, que viajaron por la cadena alimentaria.
El recorrido fue preciso. Las toxinas pasaron del fitoplancton al zooplancton, que funcionó como vector clave, y de ahí a anchoítas, mejillones y mamíferos marinos. Los niveles más altos en el zooplancton se registraron justo en las zonas donde se alimentaban las ballenas. Los investigadores detectaron además saxitoxina en heces de ballenas vivas, algo que no se había documentado antes en la especie, y encontraron toxinas en fetos de lobos marinos, lo que indica transferencia de la madre a la cría.
El episodio tuvo también impacto humano: se cerró la extracción de mariscos en todo el golfo Nuevo. En 2024 hubo otro evento de mortandad vinculado a biotoxinas en la región.
Un problema que crece en los océanos del mundo
Las floraciones de algas nocivas no son exclusivas de la Patagonia. En 2015, en el sur de Chile, aparecieron 337 ballenas sei muertas en uno de los varamientos masivos más grandes registrados, y la intoxicación por biotoxinas fue la principal hipótesis. En la costa oeste de Estados Unidos, floraciones tóxicas afectaron a lobos marinos y cerraron pesquerías en distintas temporadas.
La relación con el cambio climático se estudia, pero no siempre es directa. Los especialistas también evalúan anomalías térmicas y variables oceanográficas asociadas al fenómeno de El Niño, aunque por ahora no encontraron un vínculo directo con estas muertes.
Lo que está en juego es una de las historias de recuperación más notables de la conservación marina. La ballena franca austral fue cazada casi hasta la extinción, y Península Valdés se convirtió en uno de sus principales sitios de reproducción y en un destino de avistaje conocido en todo el mundo. Cada muerte en el golfo Nuevo es, también, una señal de lo frágil que sigue siendo esa recuperación.
Las autoridades recordaron que no hay que acercarse ni tocar a las ballenas varadas, vivas o muertas, y que hay que mantener alejadas a las mascotas.