Durante décadas, los científicos han intentado comprender cómo se comunican las ballenas jorobadas. Sus cantos, formados por complejas secuencias de sonidos que pueden durar varios minutos y repetirse durante horas, esconden patrones que hasta ahora no se habían identificado con claridad.
Una investigación realizada por científicos de las universidades de Jerusalén, St Andrews y Edimburgo descubrió que estos animales utilizan secuencias sonoras cuya frecuencia de aparición sigue una regla matemática presente en el lenguaje humano: la Ley de Zipf.
El descubrimiento plantea una pregunta fascinante: ¿podrían existir principios universales que expliquen cómo se aprenden y transmiten los sistemas de comunicación?
La regla matemática que conecta a las ballenas con los humanos
La Ley de Zipf describe un fenómeno presente en numerosos idiomas. Según esta regla, la palabra más utilizada aparece aproximadamente el doble de veces que la segunda más frecuente, tres veces más que la tercera y así sucesivamente.
Este patrón se ha identificado en idiomas como el inglés, el mandarín y el árabe, y también en otros sistemas de información.
Los investigadores querían determinar si esta distribución podía aparecer en sistemas de comunicación aprendidos culturalmente, incluso cuando no funcionan como un lenguaje humano.
Para comprobarlo, analizaron los cantos de las ballenas jorobadas, una especie conocida por transmitir sus melodías de generación en generación.
Ocho años escuchando los cantos de las ballenas
El equipo, integrado por investigadores como Inbal Arnon, Ellen Garland y Simon Kirby, examinó ocho años de grabaciones de ballenas jorobadas de Nueva Caledonia, en el Pacífico Sur.
Los machos de esta especie producen canciones organizadas en unidades sonoras, frases y temas que se repiten siguiendo estructuras complejas. Además, los individuos de una misma población suelen compartir patrones de canto que evolucionan con el tiempo mediante el aprendizaje social.
Para analizar estas grabaciones, los científicos utilizaron métodos estadísticos similares a los empleados para estudiar cómo los bebés identifican palabras dentro de una conversación.
La técnica permitió reconocer secuencias de sonidos que aparecían juntas de manera recurrente. Al medir su frecuencia, encontraron una distribución compatible con la Ley de Zipf: unas pocas secuencias eran muy comunes, mientras que muchas otras aparecían con menor frecuencia.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Science en 2025.
¿Significa esto que las ballenas tienen su propio idioma?
Aunque el descubrimiento resulta sorprendente, los investigadores advierten que no demuestra que las ballenas jorobadas posean un lenguaje comparable al humano.
Las personas pueden combinar palabras para construir una cantidad prácticamente ilimitada de mensajes con significados diferentes. En cambio, no existe evidencia de que los cantos de las jorobadas funcionen de esa manera.
Los científicos consideran que una comparación más adecuada podría ser la música, ya que las melodías también pueden aprenderse, repetirse y transmitirse culturalmente sin que cada sonido represente una palabra.
Lo importante del hallazgo es que un patrón estadístico asociado al lenguaje humano también puede aparecer en otro sistema complejo de comunicación aprendido.
Esto sugiere que ciertas características de nuestras lenguas podrían estar relacionadas con mecanismos generales de aprendizaje y transmisión cultural, en lugar de ser exclusivamente humanas.
La investigación abre así nuevas posibilidades para comprender la comunicación animal y explorar qué principios comparten los sistemas de aprendizaje de diferentes especies.