La urbanización lleva décadas marcando el ritmo de la humanidad, pero los patrones actuales están empezando a parecerse poco a lo que asumíamos. Un reciente informe de Naciones Unidas confirma que casi la mitad de la población mundial vive ya en ciudades… pero los movimientos demográficos dentro de ellas muestran paradojas tan profundas que desafían la intuición y obligan a repensar la planificación urbana del siglo XXI. Hay países que crecen pero cuyas ciudades se vacían, y otros que se contraen a nivel nacional mientras sus principales áreas metropolitanas siguen sumando habitantes.
Un planeta que se urbaniza sin freno, pero no de forma uniforme

El informe Perspectivas de la Urbanización Mundial 2025, divulgado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, confirma una tendencia imparable: la humanidad sigue concentrándose en áreas urbanas. El 45% de los 8.200 millones de habitantes del planeta vive ya en ciudades, un salto enorme si recordamos que en 1950 eran apenas dos de cada diez. Para 2050, dos tercios del crecimiento demográfico global tendrá lugar en centros urbanos, mientras que el resto se dispersará en pueblos y pequeñas localidades.
Esa expansión viene acompañada del auge de las megaciudades, aquellas que superan los 10 millones de habitantes. En 1975 eran solo ocho; hoy son 33, y 19 están situadas en Asia. Yakarta encabeza la lista mundial con casi 42 millones de personas en su área metropolitana, seguida de Daca y Tokio. Únicamente El Cairo rompe un top 10 dominado casi por completo por ciudades asiáticas.
Sin embargo, el crecimiento urbano no es un fenómeno universal ni lineal. Y ahí es donde aparece la paradoja: ciudades que pierden habitantes en países que crecen, y ciudades que crecen en países que llevan años perdiendo población. Un rompecabezas que exige nuevas herramientas de análisis y una mirada mucho más fina al territorio.
Ciudades que se vacían en países que siguen creciendo

Una parte del informe que ha captado la atención de los expertos es la aparición de cientos de ciudades —sobre todo pequeñas y medianas— cuya población se está reduciendo aunque sus países sigan aumentando en habitantes. China concentra más de un tercio de estos casos, seguida por India, lo que desmiente la idea de que un crecimiento nacional sostenido garantice un crecimiento uniforme en todas sus ciudades.
La mayoría de estas urbes en retroceso tienen menos de 250.000 habitantes. En la práctica, se trata de ciudades medianas afectadas por fenómenos como la reducción de la natalidad urbana, la migración interna hacia metrópolis más competitivas o el agotamiento de industrias locales que antes sustentaban su economía. Incluso algunas grandes capitales, como Ciudad de México o Chengdu, han experimentado retrocesos puntuales en su población urbana.
Este patrón plantea nuevos desafíos: cómo evitar la degradación de infraestructuras, cómo sostener servicios públicos ante un contribuyente menguante y cómo revertir dinámicas de abandono que pueden multiplicarse en la próxima década.
Pero también ocurre lo contrario: ciudades que crecen en países que se encogen
La paradoja opuesta se observa en lugares donde la población nacional cae, pero sus principales núcleos urbanos continúan creciendo. Es el caso más llamativo de Japón. Entre 2015 y 2025, el país perdió cerca de cuatro millones de habitantes, pero Tokio ganó más de 300.000. Nagoya y Sendai también sumaron población a pesar de formar parte de una nación en claro declive demográfico.
Lo mismo se aprecia en Italia, Rusia y otras economías de renta alta: el país completo se contrae, pero sus principales metrópolis siguen absorbiendo población interna, migrantes y actividad económica. La razón parece clara: las grandes ciudades mantienen un atractivo desproporcionado en términos de empleo, servicios, infraestructuras, innovación y conectividad global. En un mundo con movilidad laboral, la población se redistribuye hacia ellas aun cuando el conjunto se encoge.
Este fenómeno podría intensificarse en las próximas décadas, hasta el punto de que algunos países pierdan decenas de millones de habitantes pero mantengan un puñado de metrópolis densas y dinámicas rodeadas de enormes áreas rurales despobladas.
La estabilidad latinoamericana y el pulso del futuro urbano

Frente a estas dinámicas tan contrastadas, América Latina se sitúa en un punto intermedio: es una región ya altamente urbanizada donde la proporción de habitantes urbanos apenas cambiará. Países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia o Perú se encuentran en una fase de estabilidad relativa: no crecerán mucho más, pero tampoco se espera un retroceso significativo en su urbanización.
Aun así, la región enfrenta otro reto: la explosión de ciudades pequeñas y medianas. El 96% de las ciudades del mundo tiene menos de un millón de habitantes, y son precisamente estas las que crecerán más rápido. En África y Asia, especialmente, su expansión será determinante para alcanzar los objetivos climáticos y de desarrollo sostenible, porque serán ellas —y no las megaciudades— las que absorberán la mayor parte de la población futura.
A contracorriente, algunos países ya han empezado a perder millones de habitantes urbanos, como Japón, Rumanía o Ucrania. Y las proyecciones para 2050 predicen un retroceso aún mayor en China, Alemania, Corea del Sur o Italia.
Un planeta que se reconfigura: menos pueblos, más tensión urbana
Mientras las ciudades se multiplican —pasando de unas 6.000 en 1975 a más de 12.000 hoy—, los pueblos y las áreas rurales siguen retrocediendo. Solo en el África subsahariana continúa creciendo la población rural. Para 2050, apenas 44 países tendrán a las áreas rurales como asentamiento dominante.
Este reordenamiento global no solo dibuja nuevas geografías humanas: también determinará la política climática, el consumo energético, el acceso a vivienda, el transporte y el futuro económico de regiones enteras. La urbanización, lejos de ser un simple fenómeno demográfico, es ya uno de los principales motores de transformación del mundo.