Venus suele describirse como el gemelo infernal de la Tierra. Tiene un tamaño parecido al de nuestro planeta, una composición similar y probablemente compartió parte de su historia temprana con nosotros. Sin embargo, hoy está cubierto por una atmósfera abrasadora, temperaturas capaces de fundir plomo y una superficie que sigue planteando preguntas que los científicos no consiguen responder del todo.
Una de esas preguntas gira en torno a unas extrañas estructuras circulares que aparecen repartidas por todo el planeta. Durante años fueron consideradas simples huellas geológicas de procesos antiguos. Sin embargo, un nuevo estudio acaba de sugerir que podrían estar contando una historia mucho más interesante: la de un planeta que quizá siga geológicamente activo bajo su aparentemente inmóvil superficie.
Las misteriosas coronas que cubren Venus

La investigación, presentada durante la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias (EGU) de 2026, analizó 741 coronas identificadas en la superficie venusiana.
Estas estructuras son enormes sistemas de fracturas y deformaciones con forma aproximadamente circular que pueden extenderse a lo largo de cientos o incluso miles de kilómetros. Desde que fueron observadas por primera vez gracias a la misión Magellan de la NASA, los científicos han debatido cuál es exactamente su origen.
La explicación más aceptada sostiene que se forman cuando grandes cantidades de material caliente ascienden lentamente desde el interior del planeta. Ese empuje eleva la corteza, la fractura y crea los característicos anillos y patrones circulares que los orbitadores detectan desde el espacio. Sin embargo, hasta ahora seguía sin estar claro si se trataba de procesos antiguos ya extinguidos o de fenómenos que continúan desarrollándose en la actualidad.
Los datos de una misión terminada hace más de 30 años siguen dando sorpresas
La investigación fue liderada por Anna Gulcher, científica planetaria de la Universidad de Freiburg. Para llevarla a cabo, el equipo recurrió a los datos obtenidos por la misión Magellan, una nave de la NASA que cartografió Venus mediante radar entre 1990 y 1994.
Aunque la misión terminó oficialmente hace más de tres décadas, la calidad de los datos sigue permitiendo realizar nuevos análisis gracias a herramientas informáticas mucho más avanzadas que las disponibles en aquella época.
Los investigadores construyeron modelos tridimensionales detallados de las coronas más grandes y compararon su relieve, estructura y características geológicas. Los resultados apuntan a algo llamativo.
Venus podría seguir liberando calor desde sus profundidades
El equipo identificó señales compatibles con ascensos de material caliente bajo al menos 52 coronas. En otras palabras, existen indicios de que enormes plumas térmicas continúan ascendiendo desde el manto venusiano hacia la superficie.
Este hallazgo refuerza una idea que ha ido ganando fuerza en los últimos años: Venus no sería un planeta geológicamente inactivo, sino un mundo donde todavía existen mecanismos capaces de remodelar la corteza.
Lo interesante es que no parece existir un único proceso responsable. Las coronas analizadas muestran características diversas, lo que sugiere que Venus podría estar utilizando distintos mecanismos para liberar el calor acumulado en su interior.
Una pieza clave para entender también la historia de la Tierra

La importancia del descubrimiento no se limita a Venus. Los científicos consideran que estudiar estos procesos puede ayudar a comprender cómo funcionaban los primeros capítulos de la historia terrestre.
La Tierra actual dispone de un sistema muy eficiente para liberar calor gracias a la tectónica de placas. Las placas se desplazan, reciclan materiales y transportan carbono hacia el interior del planeta en un ciclo que lleva funcionando durante miles de millones de años.
Venus parece haber seguido un camino completamente distinto. La ausencia de océanos extensos y la posible falta de tectónica de placas comparable a la terrestre habrían obligado al planeta a desarrollar otros mecanismos para gestionar su energía interna. Las coronas podrían ser precisamente una de esas soluciones.
El próximo gran salto llegará con nuevas misiones
Los investigadores creen que todavía estamos viendo solo una parte de la historia. Las futuras misiones VERITAS de la NASA y EnVision de la Agencia Espacial Europea prometen obtener mapas mucho más detallados de la superficie y del subsuelo venusiano.
Esos datos permitirán comprobar si las coronas siguen evolucionando, si existen regiones volcánicamente activas y hasta qué punto el interior del planeta continúa moldeando su superficie.
La posibilidad resulta fascinante. Durante décadas, Venus fue visto como un mundo relativamente estático, una especie de cápsula geológica congelada en el tiempo. Ahora empieza a emerger una imagen muy diferente: la de un planeta que todavía podría estar cambiando desde dentro y cuyos secretos siguen escondidos bajo una corteza que, poco a poco, comienza a revelar lo que ocurre en las profundidades.