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Ciencia

Una ecuación diseñada para estudiar materiales a escala atómica acaba de arrojar un escenario inquietante. La población mundial podría reducirse a la mitad antes de 2064 si varias crisis globales coincidieran

El modelo no pretende predecir el futuro ni anunciar una catástrofe inminente. Sin embargo, sus autores descubrieron que una misma ecuación capaz de describir ciertos materiales también reproduce 12.000 años de evolución demográfica y permite explorar escenarios extremos para la humanidad.
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Las matemáticas tienen una costumbre peculiar: a veces aparecen en lugares donde nadie esperaba encontrarlas. Ecuaciones desarrolladas para describir galaxias terminan utilizándose en economía. Modelos creados para estudiar epidemias ayudan a entender redes sociales. Y ahora, una fórmula concebida originalmente para investigar materiales a escala atómica ha terminado siendo utilizada para analizar el pasado y el posible futuro de la población humana.

El resultado no es una predicción definitiva ni una profecía sobre el destino de nuestra especie. Pero sí plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurriría si varias crisis globales coincidieran en las próximas décadas y redujeran drásticamente la capacidad del planeta para sostener a la humanidad?

Una ecuación nacida en la física terminó modelando a la población mundial

Una ecuación diseñada para estudiar materiales a escala atómica acaba de arrojar un escenario inquietante. La población mundial podría reducirse a la mitad antes de 2064 si varias crisis globales coincidieran
© Unsplash / Neelakshi Singh.

El estudio fue publicado en la revista Chaos, Solitons & Fractals y está liderado por Alessio Zaccone, investigador de la Universidad de Milán. Lo más llamativo es el origen del modelo matemático utilizado.

La ecuación fue desarrollada inicialmente junto al físico Kostya Trachenko para estudiar la evolución de ciertos materiales amorfos a nivel microscópico. Sin embargo, los investigadores descubrieron que la misma estructura matemática podía reproducir con sorprendente precisión algunos de los patrones observados en la evolución demográfica humana.

Para ponerla a prueba, compararon sus resultados con aproximadamente 12.000 años de historia poblacional, desde los primeros asentamientos agrícolas del Neolítico hasta la era moderna.

Según los autores, el modelo logró replicar tanto los periodos de crecimiento acelerado asociados a la industrialización como la desaceleración observada en las últimas décadas.

El escenario que más llamó la atención

La parte más comentada del estudio no se encuentra en la reconstrucción del pasado, sino en los futuros hipotéticos que permite explorar. En uno de los escenarios más extremos, los investigadores analizaron qué ocurriría si la capacidad de carga del planeta (es decir, el número de personas que la Tierra puede sostener de forma estable) sufriera una reducción drástica. Bajo determinadas condiciones, el modelo sugiere que la población mundial podría descender aproximadamente a la mitad antes de 2064.

En términos prácticos, eso significaría pasar de una población prevista de entre 8.000 y 10.000 millones de personas a cifras cercanas a los 4.000 o 5.000 millones.

Los autores plantean varios ejemplos de eventos capaces de desencadenar una situación semejante: una pandemia de gran magnitud, un conflicto nuclear, una crisis climática extrema o una combinación simultánea de varios factores globales.

Los propios investigadores piden cautela

A pesar de la contundencia de algunos titulares que ha generado el estudio, Zaccone insiste en que el modelo no debe interpretarse como una predicción. De hecho, el investigador subraya que la trayectoria demográfica actual continúa siendo relativamente estable y que no existen indicios de un colapso inminente.

La utilidad de la ecuación no consiste en anunciar exactamente lo que ocurrirá, sino en explorar cómo podrían comportarse los sistemas humanos bajo diferentes condiciones. Y aquí aparece uno de los aspectos más interesantes del trabajo.

Pequeñas modificaciones en ciertos parámetros generan resultados completamente distintos. Algunos escenarios conducen a descensos demográficos importantes. Otros, por el contrario, apuntan hacia nuevas fases de crecimiento acelerado.

Un mundo donde las tendencias ya están cambiando

Una ecuación diseñada para estudiar materiales a escala atómica acaba de arrojar un escenario inquietante. La población mundial podría reducirse a la mitad antes de 2064 si varias crisis globales coincidieran
© Unsplash / Ishan @seefromthesky.

La investigación llega en un momento especialmente complejo para la demografía mundial. Mientras numerosos países desarrollados experimentan caídas sostenidas de la natalidad, otras regiones continúan creciendo con rapidez.

Estados Unidos registra tasas de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo generacional. China atraviesa uno de los descensos de nacimientos más pronunciados de su historia reciente. Rusia mantiene una tendencia demográfica negativa que se ha intensificado en los últimos años.

Al mismo tiempo, África subsahariana continúa expandiéndose a gran velocidad. Las estimaciones de Naciones Unidas apuntan a que la región podría superar los 2.200 millones de habitantes hacia mediados de siglo.

Más que una predicción, una advertencia sobre la complejidad

Quizá la principal enseñanza del estudio no tenga que ver con cifras concretas ni con fechas específicas. Lo que realmente muestra es hasta qué punto la evolución demográfica global depende de múltiples factores que interactúan entre sí de forma compleja. Economía, salud, recursos naturales, conflictos, tecnología y clima forman parte de una red donde pequeños cambios pueden producir consecuencias difíciles de anticipar.

Por eso los investigadores insisten en que la ecuación debe entenderse como una herramienta para explorar posibilidades, no como una bola de cristal. Aun así, el trabajo deja una reflexión interesante. La humanidad suele pensar en su crecimiento como una tendencia casi inevitable. Sin embargo, los modelos matemáticos sugieren que la estabilidad demográfica es mucho más delicada de lo que parece. Y en un mundo cada vez más interconectado, comprender esa fragilidad podría resultar tan importante como intentar predecir el futuro.

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