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Ciencia

Antes de las pirámides hubo tumbas que ya ensayaban cómo sostener grandes masas de piedra. Un hallazgo en Minya apunta a los primeros experimentos de la arquitectura funeraria egipcia

Arqueólogos egipcios hallaron dos tumbas del Período Dinástico Temprano en Jabal al-Tayr, en Minya. Una de ellas tiene muros que se adelgazan desde la base hacia la parte superior, una solución que podría anticipar ideas constructivas usadas siglos después en las pirámides.
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Las pirámides de Egipto no aparecieron de la nada. Antes de Guiza, antes de Keops y antes incluso de la pirámide escalonada de Zoser, hubo siglos de ensayos funerarios, soluciones constructivas y cambios en la forma de imaginar la muerte de reyes y élites. Ahora, un hallazgo en Jabal al-Tayr, en la provincia egipcia de Minya, acaba de añadir una pieza sugerente a esa evolución.

Según informó Daily News Egypt, una misión arqueológica del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto descubrió dos tumbas del Período Dinástico Temprano, junto con enterramientos del Predinástico y del Período Tardío. El detalle que más llamó la atención está en la primera tumba: sus muros son más gruesos en la base y se van adelgazando hacia arriba, una geometría que podría revelar una comprensión temprana de cómo distribuir el peso en estructuras de piedra.

Mohamed Abdel Badie, responsable del Sector de Antigüedades Egipcias, planteó que esta solución podría representar una fase temprana en la evolución de los conceptos de ingeniería que acabarían conduciendo a la pirámide escalonada y, más tarde, a las pirámides de caras lisas. Xinhua, citando el comunicado del Ministerio de Turismo y Antigüedades, recogió la misma interpretación: no como una prueba definitiva, sino como una pista arquitectónica de primer orden.

El muro que se adelgaza hacia arriba

Antes de las pirámides hubo tumbas que ya ensayaban cómo sostener grandes masas de piedra. Un hallazgo en Minya apunta a los primeros experimentos de la arquitectura funeraria egipcia
© Egyptian Ministry of Tourism and Antiquities.

El hallazgo es importante porque toca una pregunta sencilla de formular y difícil de responder: ¿cómo pasó Egipto de tumbas relativamente simples a monumentos capaces de desafiar el tiempo durante casi cinco milenios?

La primera tumba de Jabal al-Tayr parece ofrecer un punto intermedio. No es una pirámide, ni siquiera una mastaba monumental como las que asociamos con las primeras dinastías. Pero sí muestra una preocupación estructural clara: levantar muros de piedra de forma que la base soportara mejor el peso de la construcción. Esa transición de muros más gruesos abajo a muros más delgados arriba sugiere que sus constructores no estaban simplemente apilando bloques, sino resolviendo un problema de estabilidad.

De acuerdo con Archaeology Magazine, Hisham El-Leithy, del Consejo Supremo de Antigüedades, destacó que la primera tumba conserva líneas en las piedras vinculadas con prácticas precisas de corte, además de soportes de madera usados para reforzar los muros. El sitio también muestra señales de que parte de la piedra de esa primera tumba fue extraída en épocas posteriores para reutilizarse en otras construcciones.

La segunda tumba, ubicada al sur de la primera, tiene un diseño casi idéntico, pero está mejor conservada porque no habría sufrido ese proceso de extracción de bloques. Esa comparación entre ambas permite estudiar no solo la idea arquitectónica original, sino también cómo el yacimiento fue usado, saqueado o transformado a lo largo del tiempo.

Antes de Zoser, Egipto ya estaba ensayando

El contexto es clave. La pirámide escalonada de Zoser, en Saqqara, suele considerarse el gran punto de inflexión de la arquitectura funeraria egipcia. Según el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, fue construida a comienzos de la Tercera Dinastía, durante el reinado de Netjerykhet, más conocido como Zoser, hacia 2667-2648 a. C. Antes de ese momento, los enterramientos reales y de élite se realizaban en mastabas: estructuras rectangulares construidas sobre la tumba subterránea. La pirámide escalonada, explica el propio ministerio, está compuesta por seis mastabas superpuestas.

Eso convierte a Jabal al-Tayr en un lugar especialmente interesante. Las tumbas descubiertas pertenecen al Período Dinástico Temprano, fechado aproximadamente entre 3100 y 2686 a. C., es decir, antes de la gran innovación de Zoser. No muestran todavía la forma piramidal, pero podrían pertenecer al mundo técnico y funerario que hizo posible imaginarla.

El propio Daily News Egypt señala que estudios preliminares detectaron similitudes entre estas tumbas y la tumba del rey Den en Abidos, uno de los grandes referentes del Período Dinástico Temprano. Esa comparación refuerza la idea de que ciertas soluciones funerarias circulaban o se replicaban en distintas zonas del valle del Nilo mucho antes de la monumentalización plena del Reino Antiguo.

Una necrópolis usada durante milenios

Antes de las pirámides hubo tumbas que ya ensayaban cómo sostener grandes masas de piedra. Un hallazgo en Minya apunta a los primeros experimentos de la arquitectura funeraria egipcia
© Egyptian Ministry of Tourism and Antiquities.

Jabal al-Tayr no aporta solo dos tumbas llamativas. El yacimiento parece haber funcionado como necrópolis durante un arco temporal amplísimo. Según Xinhua, además de las tumbas dinásticas tempranas, los arqueólogos hallaron enterramientos del Predinástico y del Período Tardío en esta zona, situada unos 25 kilómetros al noreste de la ciudad de Minya.

Los restos predinásticos incluyen cuerpos colocados en posición fetal y envueltos en esteras vegetales deterioradas. También aparecieron vasos de cerámica de borde negro vinculados a los períodos Naqada II y Naqada III, anteriores a la formación del Estado egipcio. Más tarde, el lugar siguió siendo utilizado: la misión también documentó enterramientos individuales y colectivos, algunos en ataúdes de madera degradados, probablemente del Período Tardío.

Esa continuidad es casi tan relevante como el diseño de los muros. Tener en un mismo enclave enterramientos de épocas tan distintas permite estudiar cómo cambiaron las prácticas funerarias egipcias durante miles de años: desde tumbas simples hasta construcciones más planificadas, con piedra trabajada, refuerzos y soluciones estructurales más ambiciosas.

No es “la primera pirámide”, pero sí una pista muy valiosa

Conviene no exagerar. El hallazgo no demuestra que las tumbas de Jabal al-Tayr sean antecesoras directas de las pirámides de Egipto. Tampoco resuelve cómo se construyeron los monumentos de Guiza ni permite trazar una línea recta desde estos muros hasta Keops. La arqueología rara vez funciona con saltos tan limpios.

Lo que sí ofrece es algo más interesante: una fotografía de una etapa de transición. Un momento en el que los constructores egipcios ya estaban experimentando con piedra, peso, refuerzos y geometrías capaces de sostener estructuras más complejas. La pirámide no nació solo de una idea religiosa ni de una orden real. También necesitó soluciones materiales, errores, pruebas y una larga acumulación de experiencia técnica.

En ese sentido, el muro que se adelgaza hacia arriba en Jabal al-Tayr importa precisamente porque es modesto. No impresiona como Guiza, no domina el paisaje como Saqqara y no busca competir con los grandes iconos del Antiguo Egipto. Pero tal vez conserva algo más raro: el momento en que una civilización empezó a aprender, bloque a bloque, cómo construir hacia el cielo.

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