Durante décadas, estos grabados rupestres fueron interpretados como expresiones aisladas de antiguas comunidades costeras. Sin embargo, una investigación reciente ha vuelto a examinar cada detalle con tecnología de última generación y ha encontrado coincidencias difíciles de ignorar. El hallazgo plantea un escenario inesperado sobre la navegación, el comercio y las conexiones culturales que pudieron existir hace más de tres milenios entre regiones separadas por miles de kilómetros.
Una conexión grabada en piedra durante más de tres mil años
Hace más de tres milenios, diferentes comunidades del noroeste de la península ibérica dejaron plasmadas en la roca numerosas figuras de embarcaciones orientadas hacia el océano. Lo llamativo es que esos mismos diseños aparecen también en el sur de Escandinavia, pese a la enorme distancia que separa ambos territorios.
Una investigación internacional liderada por especialistas de la Universidad de Durham recurrió a escaneo láser, fotogrametría y reconstrucciones tridimensionales para estudiar estos petroglifos con un nivel de detalle nunca antes alcanzado. Los resultados, publicados en 2026 en la revista PLOS One, muestran semejanzas tan precisas entre los grabados que resulta complicado atribuirlas únicamente a una coincidencia.
Las embarcaciones comparten rasgos como la disposición de los remos, la presencia de mástiles y determinados elementos decorativos. Estas similitudes fortalecen la hipótesis de que existieron contactos marítimos o, al menos, un intenso intercambio cultural entre comunidades separadas por miles de kilómetros durante la Edad del Bronce.

Lugares estratégicos elegidos para vigilar el océano
Los investigadores identificaron doce yacimientos con representaciones de barcos distribuidos principalmente entre Galicia y el norte de Portugal. Muchos de ellos se localizan cerca de la ría de Vigo y del estuario del río Lima, siempre en puntos con una clara relación visual con el mar o con grandes cursos fluviales.
El análisis mediante Sistemas de Información Geográfica confirmó que la mayoría de estos enclaves se sitúa a escasa distancia de la costa atlántica. Incluso algunos grabados ubicados tierra adentro fueron realizados en elevaciones desde las que era posible observar amplios sectores del horizonte marino.
Los cálculos realizados sobre la visibilidad desde cada emplazamiento indican que sus creadores eligieron cuidadosamente lugares con una posición privilegiada para controlar rutas marítimas, desembocaduras de ríos y zonas aptas para el fondeo de embarcaciones. Esta planificación sugiere que el paisaje desempeñaba un papel fundamental dentro de las actividades vinculadas a la navegación.
El escaneo 3D que reveló detalles invisibles durante décadas
Uno de los descubrimientos más destacados surgió tras el análisis de un petroglifo localizado en Santo Adrião, en Portugal. La nueva documentación digital permitió identificar elementos que habían permanecido ocultos, como una posible cabeza de animal en la proa, trazos compatibles con un remo de gobierno y líneas que podrían relacionar la embarcación con las formas naturales de la roca.
Según los investigadores, estas características recuerdan de manera sorprendente a grabados encontrados en yacimientos suecos, cuya cronología se sitúa entre aproximadamente 1400 y 1100 antes de Cristo. Si futuras investigaciones confirman esta interpretación, la relación entre ambos conjuntos arqueológicos adquiriría una relevancia extraordinaria.
Otros enclaves también presentan paralelismos llamativos. En Penedo do Muro aparecen embarcaciones representadas enfrentadas por la quilla, una composición muy conocida en el arte escandinavo. Mientras tanto, en Alto das Veigas 2 se identificó un símbolo similar a motivos ceremoniales presentes en diversos objetos rituales del norte de Europa.
La navegación a vela pudo extenderse antes de lo que imaginábamos
Otro de los aspectos más importantes del estudio gira en torno al uso de velas. Durante mucho tiempo se creyó que esta tecnología tardó en difundirse por el Atlántico europeo, pero varios petroglifos parecen cuestionar esa idea.
En Auga dos Cebros se documentó una embarcación con un mástil central y posibles elementos del aparejo, cuya antigüedad podría situarse alrededor del año 1200 antes de Cristo. Este ejemplo guarda notables semejanzas con una de las representaciones más antiguas de barcos con vela conocidas en Escandinavia.
Además, otros grabados hallados en Eira do Louvado y Laje da Churra muestran estructuras compatibles con mástiles y vergas. Para los autores del trabajo, estas evidencias indican que la navegación a vela probablemente ya se había difundido por buena parte de la fachada atlántica europea durante la Edad del Bronce, facilitando recorridos costeros y fluviales de mayor alcance.
El comercio de metales pudo unir los extremos del Atlántico
La explicación más convincente para estas sorprendentes coincidencias apunta al intenso comercio de metales que caracterizó el final de la Edad del Bronce. En aquella época, el cobre, la plata y especialmente el estaño circulaban por una extensa red que conectaba distintos territorios europeos.
El noroeste de la península ibérica desempeñó un papel estratégico gracias a la riqueza de sus depósitos de estaño, un recurso imprescindible para fabricar bronce. Esta posición habría convertido la región en un importante punto de encuentro para comerciantes y navegantes procedentes de diferentes lugares.
Los investigadores también consideran que estos contactos no solo transportaban mercancías. Las embarcaciones pudieron servir como vehículo para intercambiar símbolos, creencias e ideas religiosas. La presencia de cruces solares junto a los barcos tanto en Galicia y Portugal como en Escandinavia sugiere la difusión de una misma tradición simbólica relacionada con el recorrido del Sol por el cielo.
En conjunto, las nuevas evidencias ofrecen una imagen mucho más compleja de la Europa prehistórica. Lejos de tratarse de comunidades aisladas, estos pueblos pudieron formar parte de una red marítima capaz de conectar culturas distantes mediante el comercio, la navegación y el intercambio de conocimientos mucho antes de lo que la arqueología había imaginado.
[Fuente: Muy Interesante]