Cuando hablamos del universo solemos pensar en galaxias, estrellas y cúmulos brillando en todas direcciones. Pero a gran escala, lo que falta puede ser tan importante como lo que vemos. Según explica la NASA, la estructura del cosmos no es uniforme: forma una especie de red hecha de filamentos, láminas y grandes concentraciones de materia, moldeadas sobre todo por la gravedad y la materia oscura.
Entre esos filamentos aparecen los vacíos cósmicos. No son agujeros absolutos ni regiones completamente desiertas, sino zonas con menos galaxias, gas y materia que el promedio. Y ahí entra la nueva hipótesis: quizá nuestra galaxia no está en una zona representativa del universo, sino dentro de una gran región subdensa capaz de distorsionar nuestras mediciones.
Una burbuja de mil millones de años luz
La idea fue defendida por Indranil Banik, investigador de la Universidad de Portsmouth, durante el National Astronomy Meeting 2025 de la Royal Astronomical Society. Según la RAS, para que este escenario funcione, la Tierra y el Sistema Solar tendrían que estar cerca del centro de un vacío de unos mil millones de años luz de radio, con una densidad cercana a un 20% por debajo de la media cósmica.
La explicación es sencilla, aunque sus implicaciones no lo sean. Si vivimos dentro de una región menos densa, la materia situada en los bordes más densos ejercería una atracción gravitatoria hacia fuera. Eso haría que el vacío se vaciara lentamente aún más, empujando a las galaxias cercanas hacia zonas de mayor densidad. Desde nuestra perspectiva, ese movimiento adicional podría confundirse con una expansión local más rápida del universo.
Banik lo resume como una posible solución a la tensión de Hubble: no necesariamente estaríamos viendo que todo el cosmos se expande mal respecto al modelo estándar, sino que nuestra posición dentro de una región poco densa estaría sesgando parte de la medición cercana. La Royal Astronomical Society señala que el conteo directo de galaxias da cierto apoyo a la idea, aunque también remarca que un vacío tan grande y profundo es controvertido porque no encaja fácilmente con el modelo cosmológico estándar.
El problema de fondo: dos universos que no dan el mismo número
La tensión de Hubble es uno de los problemas más incómodos de la cosmología actual. La constante de Hubble mide la velocidad a la que se expande el universo. El problema es que los métodos basados en el universo temprano y los métodos basados en el universo cercano no coinciden.
El valor inferido a partir del fondo cósmico de microondas por la misión Planck, bajo el modelo cosmológico estándar, es de 67,4 kilómetros por segundo por megapársec. El Instituto de Astrofísica de Canarias recoge ese valor en el resumen de los resultados cosmológicos finales de Planck y señala que existe una tensión significativa con las mediciones locales.
En cambio, las mediciones del equipo SH0ES, liderado por Adam Riess y basadas en la escalera de distancias con Cefeidas y supernovas de tipo Ia, dan un valor más alto: 73,04 kilómetros por segundo por megapársec. Tal como explica CERN Courier, esa diferencia supera las cinco sigmas frente al valor de Planck, lo bastante como para que no pueda despacharse como una simple discrepancia menor.
La pista del “sonido” del Big Bang

La nueva pista viene de las oscilaciones acústicas bariónicas, o BAO. La NASA las describe como ondas sonoras del universo temprano que dejaron una huella en la distribución de las galaxias. Cuando el cosmos se enfrió lo suficiente, esas ondas quedaron “congeladas” y hoy funcionan como una regla cósmica para reconstruir la historia de la expansión.
El análisis de Banik y Vasileios Kalaitzidis compara mediciones BAO acumuladas durante las últimas dos décadas con modelos de vacío local y con un modelo homogéneo basado en Planck. Según el propio trabajo, un vacío aproximadamente un 20% menos denso hasta unos 300 megapársecs podría inflar los corrimientos al rojo locales y reducir la tensión entre esas observaciones y la cosmología homogénea.
En otras palabras: las BAO no prueban por sí solas que vivimos dentro de una burbuja cósmica, pero sí hacen que la hipótesis vuelva a ser difícil de ignorar.
Todavía no es una solución cerrada
El problema es que no todos los datos apuntan en la misma dirección. Un estudio aceptado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y disponible en arXiv, basado en trazadores de distancia directa de CosmicFlows-4, encontró que algunos modelos prefieren un vacío mucho más pequeño, de menos de 70 megapársecs, muy lejos del tamaño necesario para resolver por completo la tensión de Hubble.
Ese es el punto clave. La hipótesis del vacío local es atractiva porque permitiría explicar parte del problema sin romper de inmediato toda la cosmología estándar. Pero también exige aceptar que vivimos en una región enorme y anómalamente poco densa, algo que no todos los modelos permiten con facilidad.
Por ahora, la “ilusión” cósmica sigue siendo una posibilidad, no una respuesta definitiva. Puede que el universo se esté expandiendo de una forma que aún no entendemos. O puede que el error no esté en el universo, sino en nuestra posición dentro de él: mirando el cosmos desde el interior de una inmensa zona vacía que hace que todo lo cercano parezca alejarse más deprisa.