Image: El cr√°neo de uno de los cuerpos de los 36 ni√Īos encontrados en una fosa com√ļn (AP)

Hay una posibilidad de que en el a√Īo 2023, dentro de menos de cinco a√Īos, un tipo apodado como La Bestia salga de la c√°rcel a la edad de sesenta y seis a√Īos. Quedar√≠a libre porque se cumplir√≠an las tres quintas partes de su pena m√°xima (de 40 a√Īos). Su nombre: Luis Garavito, el mayor asesino en serie de la historia.

En muchos de los casos de asesinos en serie más temibles de la historia se repite un patrón: se aprovechan de las personas más vulnerables, la mayoría de ellas al margen de la sociedad, por lo que probablemente no sean denunciadas como desaparecidas. En el caso de Garavito, podría ser el ejemplo más extremo de la historia de este tipo de lacra.

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En 1992, Colombia estaba en medio de una guerra civil que duraba d√©cadas, parte de los conflictos colombianos que hab√≠an comenzado a finales de la d√©cada de 1960. Debido a ello, miles de ciudadanos se quedaron sin hogar, quedando a merced de la vida en las calles. Una situaci√≥n a√ļn m√°s tr√°gica si pensamos que gran parte de los afectados fueron ni√Īos.

Image: Wikimedia Commons

Además, muchos de los críos eran huérfanos cuyos padres habían muerto o desaparecido hacía mucho tiempo. Por tanto, eran un blanco perfecto para el uso y extorsión, nadie se daría cuenta si comenzaban a desaparecer o los esclavizaban.

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Garavito lo sab√≠a y lo us√≥ durante los siguientes siete a√Īos. Adem√°s, fue cuidadoso con sus cr√≠menes. El hombre se enfoc√≥ espec√≠ficamente en esos ni√Īos hu√©rfanos, oprimidos, sin hogar, los que vagaban por las calles en busca de comida o atenci√≥n. Una vez que encontraba uno, se acercaba a √©l, lo atra√≠a lejos de las abarrotadas calles de la ciudad, prometi√©ndoles regalos o comida a los m√°s peque√Īos, y dinero o empleo a los mayores.

El asesino tambi√©n lleg√≥ a disfrazarse si era necesario. As√≠ lo confirm√≥ a√Īos despu√©s explicando que se visti√≥ de sacerdote, granjero, anciano o vendedor ambulante, siempre buscando a alguien joven para que lo ayudara en su casa o en su negocio. Variaba constantemente y mostraba diversas caras de una misma persona, un hecho que dificult√≥ durante a√Īos su detenci√≥n, ya que trataba de no aparecer como la misma persona con demasiada frecuencia para evitar sospechas.

Image: Garavito tras su detención (AP)

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Una vez que hab√≠a atra√≠do al peque√Īo, su modus operandi era muy parecido: lo llevar√≠a consigo durante un tiempo, el suficiente para ganarse su confianza, un hecho que alentaba al chico a compartir con Garavito sobre su vida. En realidad, caminaba con ellos lo suficiente como para cansarlos, volvi√©ndolos vulnerables e incautos. Cuando ve√≠a el momento, ataca sobre ellos, los encerraba, les ataba las mu√Īecas y los torturaba hasta morir.

Cuentan los informes policiales que los cuerpos de las víctimas que fueron recuperados mostraban signos de tortura tan prolongados que resultaba difícil adivinar cuanto habían aguantado el sufrimiento con vida. Las víctimas mostraban marcas y violaciones difíciles de creer. Incluso en muchos de los casos, los genitales de la víctima se habían cortado y colocados en su boca. Varios de los cuerpos fueron decapitados.

No fue hasta cinco a√Īos despu√©s de que Garavito asesinara a su primera v√≠ctima, que la polic√≠a comenz√≥ a prestar atenci√≥n a los ni√Īos desaparecidos. A finales de 1997 se descubri√≥ el horror: una fosa com√ļn de la barbarie, lo que provoc√≥ que la polic√≠a iniciara una investigaci√≥n sobre las desapariciones.

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Image: Garavito tras su detención (AP)

En febrero de 1998 se encontraron los cuerpos de dos ni√Īos desnudos en una ladera, ambos tumbados uno al lado del otro. A unos metros de distancia se encontr√≥ otro cad√°ver. Los tres ten√≠an las manos atadas y las gargantas cortadas. El arma homicida se encontr√≥ cerca.

Aquel d√≠a dieron por fin con una pista. Mientras buscaban en el √°rea alrededor de los tres ni√Īos, la polic√≠a encontr√≥ una nota con una direcci√≥n escrita a mano. Result√≥ ser la casa de la novia de Garavito, con quien hab√≠a estado saliendo durante a√Īos. Aunque √©l no estaba en ese momento, la polic√≠a s√≠ encontr√≥ algunas de sus pertenencias.

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De hecho, en una de las bolsas de Garavito la polic√≠a descubri√≥ im√°genes de ni√Īos peque√Īos, entradas detalladas en el diario en las que describ√≠a cada uno de sus cr√≠menes y marcas de sus v√≠ctimas. Su b√ļsqueda continu√≥ d√≠as, se buscaron sus residencias conocidas, as√≠ como en las √°reas locales donde sol√≠a salir a buscar v√≠ctimas. Lamentablemente, ninguno de los esfuerzos de b√ļsqueda arroj√≥ informaci√≥n sobre su paradero.

Image: Investigadores forenses llevan bolsas con los restos de algunos de los ni√Īos encontrados en la fosa com√ļn (AP)

Sin embargo, el 22 de abril todo cambi√≥, una semana despu√©s de que comenz√≥ la b√ļsqueda. Esa ma√Īana un hombre hab√≠a tratado de raptar a un menor. Un indigente que estaba cerca de la escena escuch√≥ los gritos de auxilio del menor y se acerc√≥. Al ver lo que estaba ocurriendo, atac√≥ al tipo con piedras oblig√°ndolo a huir. Unas horas despu√©s la polic√≠a deten√≠a al criminal. Era Luis Garavito.

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Tan pronto como fue interrogado por la polic√≠a colombiana, Garavito confes√≥ todo. Primero pidi√≥ un mapa de la zona, luego se√Īal√≥ con el dedo varios puntos y dijo con frialdad: ‚ÄúAqu√≠ enterr√© todos los cad√°veres‚ÄĚ. El asesino confes√≥ haber abusado de 147 ni√Īos y enterrado sus cuerpos en tumbas sin nombre. Como explic√≥ en una de las entrevistas que concedi√≥ a medios relatando los hechos:

Generalmente voy al hotel a las nueve de la noche; empiezo a sentir esa fuerza extra√Īa que me domina, saco el cuchillo, consigo unas cabuyas, llevo licor y me dispongo a andar por las diferentes calles aleda√Īas a la galer√≠a. Hab√≠a un ni√Īo llamado Juli√°n Pinto cerca, √©l estudiaba en el SENA donde hab√≠a ido a vender ambientadores el a√Īo pasado. Estaba vendiendo tintos, le hablo, lo convenzo para que me acompa√Īe. Deja su termo y se va conmigo.

Lo introduzco al ca√Īaduzal, lo amarro, lo acaricio y despu√©s lo violo. Juli√°n Pinto grita, lo acaricio, √©l sigue gritando y posteriormente lo mato. Me acuerdo tanto de este ni√Īo por una situaci√≥n: en ese sitio hay una cruz, regreso para el pueblo y de un momento a otro siento una voz que me dice: ‚Äúeres un miserable, no vales nada‚ÄĚ. Regres√© y mire lo que hab√≠a hecho. En ese momento me arrodill√©, me arrepent√≠, y enterr√© el cuchillo. Tambi√©n practiqu√© ritos sat√°nicos con los menores que asesin√©, lo hice a mi manera, pero no quiero explicar como lo hice; yo hice pacto con el diablo.

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Image: Mural que se hizo en la memoria de los ni√Īos que fueron asesinados por Garavito en Colombia (AP)

La mayor√≠a de sus historias fueron corroboradas y finalmente fue condenado por 138 cargos de asesinato, aunque los dem√°s contin√ļan siendo investigados. La sentencia fue de 1.853 a√Īos y nueve d√≠as.

La ley colombiana establece que las personas que han cometido delitos contra ni√Īos deben cumplir al menos 60 a√Īos de prisi√≥n. Sin embargo, y debido a que ayud√≥ a la polic√≠a a encontrar los cuerpos de muchas de las v√≠ctimas, le redujeron la condena y est√° programado que quede libre en unos a√Īos.

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No est√° claro que esto vaya a ocurrir finalmente, ni tampoco el n√ļmero de v√≠ctimas totales. De 1992 a 1999, la Bestia viol√≥, tortur√≥ y asesin√≥ a cientos de ni√Īos, todos entre las edades de seis y 16 a√Īos. Su n√ļmero oficial descansa en esos 138, el n√ļmero que confes√≥ ante el tribunal y que pareci√≥ probado, pero la polic√≠a sigue pensando que el n√ļmero est√° m√°s cerca de 400, y hasta el d√≠a de hoy contin√ļan investigando para tratar de probarlo. [Wikipedia, Rolling Stone, The Guardian, New York Times]