En el mapa, Qiddiya todavía tiene algo de espejismo. Está a unos 45 kilómetros del centro de Riad, rodeada por el paisaje árido de las montañas Tuwaiq, y se presenta como la “primera ciudad construida para jugar”. No es una metáfora menor: Arabia Saudí quiere convertir este desarrollo en un gran polo de entretenimiento, deportes y cultura dentro de su estrategia Vision 2030. Según la propia Qiddiya Investment Company, la ciudad ocupará más de 360 kilómetros cuadrados, tendrá más de 20 barrios y reunirá ocio, deporte, comercio y vida residencial en un mismo destino.
La ambición es enorme. De acuerdo con el Public Investment Fund saudí, Qiddiya aspira a convertirse en una comunidad de 500.000 residentes, con 20 distritos y unas 400 atracciones repartidas entre entretenimiento, deporte y cultura. El objetivo es claro: posicionar al país como un destino turístico global y diversificar su economía más allá del petróleo.
Y una ciudad así, incluso antes de estar completa, tiene un problema muy terrenal: hay que mover a toda esa gente.
El contrato de Alsa: 156 autobuses y ocho años de operación

Alsa ha encontrado ahí su oportunidad. Según informó la propia compañía, la empresa española se adjudicó, junto con la saudí Hafil, un contrato de ocho años para operar la red de autobuses de Qiddiya. El acuerdo está valorado en 500 millones de euros e incluye también la construcción y operación de tres bases logísticas para dar soporte a la flota.
La flota estará formada por 156 autobuses, de los cuales 126 serán eléctricos. El servicio se dividirá principalmente en dos áreas: una red Park & Ride para conectar los aparcamientos con las zonas de ocio, y una línea directa entre Riad y Qiddiya para facilitar la llegada de visitantes desde la capital saudí. Según Alsa, el contrato forma parte de la primera fase del despliegue de movilidad del proyecto.
El dato importante no es solo el dinero. Es el tipo de contrato. Alsa no entra para operar una línea aislada, sino para participar en la movilidad inicial de una ciudad diseñada alrededor del consumo de experiencias: parques, estadios, recintos culturales, deportes electrónicos y grandes eventos. En una megaciudad pensada para atraer visitantes, el autobús no es un complemento. Es infraestructura básica.
Indra pone la capa tecnológica
Indra entra en la misma ecuación desde otro ángulo. De acuerdo con la compañía, desplegará su plataforma de movilidad inteligente para centralizar y optimizar la gestión de la red de autobuses operada por el consorcio Alsa-Hafil. En la primera fase, su sistema permitirá monitorizar en tiempo real los 156 vehículos de la flota.
La tecnología embarcada incluirá comunicaciones 5G, videovigilancia, conteo automático de pasajeros, consolas para conductores e información multimedia para los usuarios. Según Indra, el objetivo es controlar puntualidad, calidad del servicio, estado de la infraestructura y operación general de la red desde un centro de control en la nube.
En otras palabras: Alsa y Hafil ponen la operación; Indra pone la inteligencia del sistema. Y todo esto en un entorno que, si Qiddiya cumple sus planes, no se parecerá a una ciudad convencional, sino a una mezcla de parque temático, distrito deportivo, escaparate tecnológico y urbanismo de marca.
Una ciudad de parques, montañas rusas y Fórmula 1
Qiddiya ya tiene una de sus piezas más vistosas: Six Flags Qiddiya City. Según el sitio oficial del parque, será el mayor parque de atracciones de Arabia Saudí y contará con Falcons Flight, presentada como la montaña rusa más alta, larga y rápida del mundo. La propia Qiddiya también señala que Six Flags tendrá 28 atracciones, cinco de ellas de récord.
El proyecto no se queda ahí. Qiddiya también promociona Aquarabia, su parque acuático; un distrito dedicado al gaming y los esports; un estadio preparado para grandes eventos deportivos y culturales; y el Speed Park Track, un circuito diseñado para acoger competiciones de primer nivel, incluida la Fórmula 1. Según Qiddiya, el trazado tendrá 21 curvas, 80 garajes y una sección elevada de 20 pisos conocida como The Blade.
Ese punto es clave para entender la dimensión del proyecto. Qiddiya no quiere ser solo un parque temático con hoteles alrededor. Quiere funcionar como una ciudad espectáculo: un lugar donde el entretenimiento, el deporte y el turismo se mezclan con vivienda, transporte, comercio y tecnología.
La expansión española en el Golfo no es casual
El contrato también encaja en una tendencia más amplia: empresas españolas de transporte, ingeniería y tecnología ganando peso en Oriente Medio. Indra recuerda que este proyecto refuerza su presencia en la región y su relación con Alsa, mientras que la propia compañía ya trabaja en sistemas de movilidad y ticketing en otros proyectos saudíes, incluido el metro de Riad.
Para Alsa, la operación de Qiddiya supone otro paso en su expansión internacional. Su matriz, Mobico, comunicó que el contrato con la joint venture en Arabia Saudí tendrá un valor total de 500 millones de euros en ingresos durante ocho años.
La paradoja es evidente: una ciudad nacida para vender experiencias extremas (montañas rusas imposibles, eventos masivos, Fórmula 1, esports, estadios y parques acuáticos) necesita empezar por algo mucho menos espectacular, pero igual de decisivo: que los visitantes puedan llegar, moverse y volver sin colapsar el sistema.
En mitad del desierto, antes que el vértigo de la montaña rusa o el ruido de los motores, Qiddiya necesita autobuses, datos y puntualidad. Y ahí, por ahora, el sello español ya está dentro del proyecto.