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Ciencia

Arqueólogos encontraron en Lleida una tecnología de hace 4.000 años que desapareció durante siglos. El gran misterio ya no es cómo aprendieron a fundir plomo, sino por qué dejaron de hacerlo

Tres pequeños restos de escoria demuestran que la técnica funcionaba y alcanzaba al menos 1.100 °C. Mientras prosperó al norte de los Pirineos, las comunidades ibéricas permitieron que el conocimiento se perdiera.
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La historia de la tecnología suele contarse como una escalera: alguien descubre un procedimiento, otros lo perfeccionan y el conocimiento se transmite hasta sustituir al anterior. Minferri conserva una historia mucho menos cómoda.

Las comunidades que habitaron este asentamiento de Lleida sabían seleccionar minerales con plomo, calentarlos a temperaturas extremas y separar deliberadamente el metal. La técnica funcionó durante siglos. Después, alrededor del 1700 a. C., desapareció del nordeste peninsular.

No fue superada por un procedimiento mejor. Sencillamente dejó de utilizarse.

Tres fragmentos que no eran residuos accidentales

Arqueólogos encontraron en Lleida una tecnología de hace 4.000 años que desapareció durante siglos. El gran misterio ya no es cómo aprendieron a fundir plomo, sino por qué dejaron de hacerlo
© Catalunya.

La evidencia procede de tres pequeños nódulos de escoria recuperados en Minferri, un asentamiento de cabañas y silos excavados en el terreno cerca de Juneda. Los análisis químicos, microscópicos y de carbono 14 sitúan la actividad metalúrgica aproximadamente entre el 1900 y el 1700 a. C.

Los fragmentos conservan hasta un 12,7% de óxido de plomo y estructuras formadas a temperaturas de al menos 1.100 °C. Según el estudio publicado en Antiquity, el proceso probablemente se realizó en las mismas instalaciones abiertas utilizadas para producir cobre y bronce: recipientes cubiertos con carbón vegetal y colocados dentro de pequeñas fosas.

La pregunta fundamental era si el plomo había aparecido por accidente al procesar minerales destinados a obtener cobre. Los residuos de cobre de Minferri apenas contienen plomo o azufre, lo que indica que los metalúrgicos seleccionaban minerales diferentes para cada operación.

No confundieron una piedra con otra. Querían producir plomo.

Una innovación que atravesó los Pirineos

Arqueólogos encontraron en Lleida una tecnología de hace 4.000 años que desapareció durante siglos. El gran misterio ya no es cómo aprendieron a fundir plomo, sino por qué dejaron de hacerlo
© Universidad de Granada.

Minferri aporta la prueba directa, pero existía una pista más antigua. En Coveta de l’Heura, a unos 40 kilómetros, apareció una cuenta de collar de plomo fechada alrededor del 2800 a. C. Los análisis isotópicos relacionaron el objeto con minerales de la cercana cuenca de Molar-Bellmunt-Falset, lo que apuntaba a una fabricación local.

La forma de aquella cuenta se parecía a ornamentos encontrados en el sur de Francia. Allí, yacimientos como Le Planet conservan residuos metalúrgicos comparables desde finales del tercer milenio antes de Cristo.

Los investigadores consideran probable que el conocimiento viajara hacia el sur a través de las redes culturales que conectaban ambos lados de los Pirineos. Las comunidades intercambiaban objetos, estilos cerámicos y técnicas. Sin embargo, compartir conocimientos no obligaba a utilizarlos de la misma manera.

En Francia, la metalurgia del plomo continuó desarrollándose. En el nordeste ibérico, los pequeños adornos dejaron de producirse aproximadamente hacia el 1700 a. C. La conexión cultural permaneció, pero la tecnología tomó caminos distintos.

Saber hacer algo no significa querer conservarlo

Los arqueólogos todavía no pueden explicar con certeza el abandono. Una posibilidad es que el plomo nunca alcanzara el prestigio del cobre y el bronce. Era blando y probablemente se destinaba a pequeños adornos, mientras que otros metales podían transformarse en armas, herramientas y objetos con mayor valor social.

La producción también debió depender de muy pocos especialistas. Si el conocimiento no se transmitía a otra generación o dejaba de existir demanda para sus productos, toda la cadena podía desaparecer rápidamente.

La Universidad de Granada describe el caso como el posible rechazo de una innovación tecnológica: no una sociedad incapaz de producir el metal, sino una comunidad que dejó de encontrar razones para hacerlo.

Cuando la producción reapareció muchos siglos después, ya pertenecía a otro sistema. Los fenicios procesaban galena argentífera para obtener plata y generaban plomo dentro de esa actividad. No parece existir una continuidad técnica directa con Minferri.

Aquellos tres fragmentos no solo adelantan una fecha. Demuestran algo bastante más extraño: una sociedad prehistórica pudo dominar una tecnología, utilizarla durante generaciones y después permitir que desapareciera por completo.

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