En 1994 unos arqueólogos rusos excavaron en un cementerio muy pequeño. En una tumba había una mujer momificada que llevaba puesta una peluca. Ahora, más de 30 años después, unos investigadores volvieron a estudiar este cuerpo y hallaron lo que aparenta ser una prótesis primitiva en la mandíbula.
En declaraciones, los arqueólogos de la Universidad Estatal Novosibirsk de Rusia anunciaron que un análisis reciente del cráneo de 2.5000 años de antigüedad reveló que es probable que le hubieran practicado una cirugía de mandíbula a la mujer tras haber sufrido una grave lesión en la cabeza. La tomografía computarizada del cráneo reveló signos de trauma físico severo y, lo más importante, restos de un “material elástico” que se habría utilizado para estabilizar su mandíbula, según dijeron los arqueólogos.
“El tomógrafo fue una ‘máquina del tiempo’ que brindó acceso no destructivo a las estructuras anatómicas”, afirmó Vladimir Kanygin, jefe del Laboratorio de Medicina Nuclear e Innovadora de la universidad.
Un misterio preservado en el tiempo

La momia se encontró en la planicie de Ukok, región del sur de Siberia relacionado con la cultura Pazyryk, población nómada de la Edad de Hierro. Al momento de la excavación los arqueólogos calcularon que la mujer tendría entre 25 y 30 años. Y no se indagó más porque solo parte de la cabeza estaba momificada y no se pudo investigar el cuerpo. Parte de la piel momificada sobre el cráneo impedía estudiarlo sin afectar al resto.
Bajo la piel de la momia
La tomografía computarizada reveló mucho más de lo que esperaban los investigadores. La lesión facial había destruido la articulación temporomandibular derecha de la mujer, cerca del oído. Y por la gravedad de la lesión la mujer no habría podido hablar o comer.
Esa fue la parte sorprendente. Un análisis en profundidad descubrió que en esa articulación temporomandibular se habían hecho perforaciones diminutas que formaban canales, y que había una estructura de ligamento que podría haber sido un tendón animal o pelo de caballo.

Además, los dientes del lado izquierdo estaban gravemente dañados en comparación con los del lado derecho, sugiriendo que masticaba sobre el lado izquierdo. Eso implicaría que la mujer sobrevivió durante bastante tiempo después de la cirugía. Dentro de la boca crecieron tejidos nuevos y la prótesis le permitía algo de movimiento con la mandíbula.
El equipo no tiene certezas sobre la lesión, aunque podría haber caído de un caballo si se toma en cuenta que los Pazyryk eran nómades.
Maestros de la preservación
Los investigadores señalan que aunque el descubrimiento es inesperado, no fue “particularmente sorprendente”, porque los arqueólogos sabían que el pueblo Pazyryk tenía una respuesta definida ante las lesiones y la muerte. Ejemplo de ello es la “doncella del hielo de Siberia”, una momia que se encontró en una tumba Pazyryk, que tiene tatuajes perfectamente preservados.
El pueblo Pazyryk también tenía habilidades de costura y creaba sofisticadas chaquetas livianas con piel animal, con costuras paralelas y prolijas, señaló Natalia Polosmak, arqueóloga de la Academia de Ciencias de Rusia. Esas habilidades motoras por cierto habrían sido ventajosas en las operaciones quirúrgicas, añadió.
Los valores de una sociedad antigua
Es importante señalar que los hallazgos son ejemplos adicionales del profundo respeto de la cultura Pazyryk por la vida, indicaron los investigadores. La sepultura de la momia se consideraría “común y corriente” si se la compara con la de la Doncella de Hielo, lo que sugiere que tal vez perteneciera a una jerarquía social inferior.
Sus lesiones además habrían distorsionado su rostro. Con la prótesis habría podido mover un poco la mandíbula, pero con mucho dolor. Eso probablemente le impedía aportar significativamente a la sociedad, y en consecuencia, representaría una carga en las ya duras condiciones en que vivían los Pazyryk.
Y sin embargo, el registro arqueológico muestra claramente que recibió tratamiento adecuado, y luego una sepultura en un ataúd de madera, recurso valioso en la región.
“No sabemos cuál era su valor personal para la sociedad, que se caracterizó por valorar a todos simplemente por existir y los honraba después de su muerte”, señaló Polosmak.