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Así es la vida en los barrios “pobres” de Suiza: una realidad que en muchos países hispanohablantes sería incluso considerada de clase alta

La pobreza suiza casi nunca tiene la imagen que imaginamos: suele esconderse en departamentos modestos, facturas elevadas y salarios que parecen enormes desde el extranjero.
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La escena podría ocurrir en las afueras de Zúrich, Ginebra o Basilea. Una persona sale temprano de un departamento alquilado, toma el tranvía para ir a trabajar y hace las compras en un supermercado económico. No tiene automóvil, evita comer afuera y calcula cada gasto antes de que termine el mes.

En Suiza, probablemente sería considerada una persona de bajos recursos. Vista desde España o Latinoamérica, su vida podría parecer la de alguien perteneciente a una clase media relativamente cómoda.

La contradicción se explica con dos características del país: sus salarios son extraordinariamente altos, pero también lo son la vivienda, la salud, los alimentos y prácticamente cualquier servicio. Por eso, ser “pobre” en Suiza no suele significar vivir en la calle. Significa habitar uno de los países más ricos del mundo sin poder participar plenamente de la prosperidad que se observa alrededor.

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© Mikadun – shutterstock

Qué significa realmente ser pobre en Suiza

Los barrios de menores ingresos en Suiza están lejos de parecerse a los asentamientos informales que existen en algunas ciudades latinoamericanas. Suelen ser zonas periféricas con edificios más antiguos, departamentos pequeños, mayor presencia de viviendas cooperativas y familias que dependen del transporte público.

Las calles continúan teniendo buenos servicios, las escuelas funcionan y las conexiones de tren, autobús o tranvía permiten llegar al centro sin necesidad de tener automóvil. La diferencia social se percibe menos en la infraestructura y más en el tamaño de la vivienda, el acceso al ocio, la posibilidad de ahorrar y la tranquilidad con la que se enfrentan los gastos inesperados.

Según la Oficina Federal de Estadística de Suiza, en 2024 alrededor de 743.000 personas, el 8,4% de la población, vivían bajo la línea oficial de pobreza. El límite estaba situado en 2.388 francos suizos mensuales para una persona sola y en 4.159 francos para una pareja con dos hijos.

Estos montos corresponden al dinero disponible para cubrir vivienda, alimentación, transporte, ropa y necesidades cotidianas. Las primas del seguro médico obligatorio, los impuestos y las contribuciones sociales se descuentan previamente.

En la vida diaria, esta pobreza puede traducirse en compartir departamento, comprar productos rebajados, renunciar a las vacaciones, postergar tratamientos dentales o no disponer de dinero suficiente para afrontar una reparación. La privación existe, aunque quede escondida detrás de edificios cuidados, calles limpias y servicios públicos eficientes.

Cuánto gana un trabajador suizo considerado de bajos ingresos

Suiza no tiene un salario mínimo nacional. Algunos cantones establecen sus propios pisos salariales y numerosos sectores se regulan mediante convenios colectivos. Para comprender qué significa tener un salario bajo, resulta más útil observar la distribución real de los ingresos.

En 2024, el salario mediano suizo alcanzó los 7.024 francos brutos mensuales. Sin embargo, el 10% de los trabajadores peor remunerados cobraba menos de 4.635 francos por mes, según la estadística salarial oficial.

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© Liliana Drew – shutterstock

Por lo tanto, una cifra razonable para representar el sueldo de un trabajador suizo de bajos ingresos es de aproximadamente 4.500 francos brutos mensuales, siempre que tenga un empleo de tiempo completo. Dependiendo del cantón, la situación familiar y las deducciones, podrían quedarle alrededor de 3.700 a 4.000 francos antes de pagar por separado el seguro médico.

La comparación internacional resulta impactante. En España, el salario medio bruto fue de 2.385,60 euros mensuales en 2024 y la mediana quedó en 2.001,40 euros, según el Instituto Nacional de Estadística. Es decir, un sueldo ubicado en el tramo bajo de Suiza supera ampliamente, en términos nominales, al ingreso de un trabajador promedio español.

La distancia con buena parte de América Latina es todavía mayor. La OCDE calculó que el salario medio suizo, convertido a dólares, era casi once veces superior al mexicano y más de quince veces mayor que el colombiano. Incluso ajustando por poder adquisitivo, Suiza continúa encabezando la clasificación salarial de la organización.

El enorme costo que se esconde detrás de esos salarios

El problema es que esos 4.500 francos no pueden gastarse en España o América Latina, sino dentro de una de las economías más caras del planeta. El alquiler promedio de una vivienda alcanzó los 1.485 francos mensuales en 2024, aunque puede ser considerablemente mayor en Zúrich, Ginebra o Zug, de acuerdo con la Oficina Federal de Estadística.

A eso se suma el seguro médico obligatorio. La prima promedio llegó en 2026 a 393,30 francos por persona y por mes, sin incluir determinados copagos y franquicias, según la Oficina Federal de Salud Pública. Para una familia, solamente esta cobertura puede representar una parte considerable del presupuesto.

Después aparecen los alimentos, la energía, el transporte, el cuidado infantil y cualquier gasto inesperado. Una persona con sueldo bajo puede tener vivienda, teléfono, cobertura médica y transporte confiable, pero llegar a fin de mes sin capacidad de ahorro.

Esa es la verdadera paradoja. Ser pobre en Suiza no equivale a ser rico, ni significa vivir sin preocupaciones. Sin embargo, el piso material suele ser más alto: incluso los barrios populares conservan infraestructura, seguridad, escuelas, servicios y conexiones de transporte que en otros países están asociados con zonas de clase media.

Desde España o América Latina, esa vida puede parecer privilegiada. Dentro de Suiza, en cambio, significa estar permanentemente a una factura, un aumento del alquiler o una pérdida de empleo de caer en una situación realmente crítica. La pobreza sigue existiendo, aunque tenga trenes puntuales, calles impecables y un salario que desde el extranjero parece una pequeña fortuna.

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