Monkey. Getty

Una pareja entra en una sala donde solo hay una cama, se desnudan, se colocan los cables que estaban en el suelo y miran al espejo que da a una habitaci√≥n anexa y desde el que ocho se√Īores con bata blanca est√°n esperando en silencio. La bombilla se enciende en el cuarto de la pareja. Es la hora de tener sexo.

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En 1927 los doctores Ernst Boas y Ernst Goldschmidt inventaron un aparato que posiblemente no te suene: el cardiotacómetro. Se trata de un instrumento médico que permitió a los médicos hacer algo que hasta entonces no era posible: medir la frecuencia cardíaca de manera no invasiva durante períodos prolongados de tiempos.

A decir verdad, para los est√°ndares modernos aquel cardiotac√≥metro era bastante ‚Äúintrusivo‚ÄĚ. Ven√≠a a ser dos correas de goma que sosten√≠an electrodos de cobre en el pecho, y a la vez estos electrodos se un√≠an a un largo cable que conduc√≠a a una sala llena de equipos de grabaci√≥n para los registros.

Por tanto, estar atado al cardiotac√≥metro era como tener una especie de correa grande. Si las personas eran capaces de ignorar dicho cable podr√≠an hacer pr√°cticamente cualquier cosa que har√≠an normalmente. Boas dec√≠a siempre que, al igual que los ni√Īos cuando tienen un juguete nuevo, ellos dispon√≠an de un juguete adulto sin parang√≥n.

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Los investigadores decidieron que iban a medir la frecuencia cardíaca durante todas las actividades imaginables. Y sí, esa también.

El ritmo del corazón

Heart Rate Monitor. Pixabay

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Lo primero que hicieron fue reclutar a una serie de voluntarios para que acudieran al Mount Sinai Hospital de Nueva York. La idea era controlar sus ritmos cardíacos sobre las acciones cotidianas del día a día: estar de pie, caminar, hacer ejercicio, bailar, sentarse, hablar o comer. De esta forma llegaron a observar a gente que jugaba al póker e incluso descubrieron que el cardiotacómetro era infalible para detectar un farol. Como ellos mismos registraron:

Los jugadores de póker, en particular, invariablemente mostraban una breve aceleración del corazón cuando tenían una buena mano.

Pero no se quedaron en el p√≥ker. Goldschmidt y Boas comenzaron a llevar registros en otros espacios de la vida, otros como ese momento tan √≠ntimo de ir al ba√Īo. De esta forma anotaron que las medias al entrar en el servicio eran de 86, cuando estaban defecando ascend√≠an levemente tres puntos hasta los 89 (suponemos que con picos), pero lo m√°s sorprendente que es al terminar y lavarse las manos llegaban hasta los 98 de media.

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Llegados a este punto y en un esfuerzo por no dejar ning√ļn apartado importante de la vida de un ser humano, los investigadores pasaron a medir el ritmo card√≠aco de parejas durante el coito. Y claro, los resultados fueron esclarecedores.

Illustration by Angelica Alzona.

Durante el orgasmo la frecuencia card√≠aca aument√≥ hasta los 148. Dicho de otra forma, el ritmo hab√≠a excedido la tasa de cualquier otra actividad registrada, incluyendo el ejercicio extenuante que hab√≠an llevado a cabo otros voluntarios. Seg√ļn los investigadores:

La curva de la frecuencia card√≠aca indica claramente la tensi√≥n ejercida sobre el sistema cardiovascular, y ayuda a explicar algunos casos de muerte s√ļbita durante y despu√©s del coito.

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Pero adem√°s se√Īalaron algo m√°s:

El registro ilustrado en la figura 40 fue tomado la primera noche. Allí se muestra hasta cuatro picos de ritmo cardíaco en la mujer, y cada pico está representando un orgasmo.

Aunque esto queda a la imaginaci√≥n de cada cual, por la √©poca y lo ocurrido (nada menos que cuatro orgasmos delante de sus narices), nos podemos hacer una idea de la sorpresa de estos se√Īores mayores de bata blanca ante la experiencia que la mujer estaba teniendo frente al cristal.

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Aunque hoy nos parezca una nimiedad aquello fue un hecho hist√≥rico en la ciencia m√©dica. La primera vez que se grababa el ritmo de nuestro coraz√≥n en situaciones tan diversas como el sexo, ir al ba√Īo o jugar una partida de p√≥ker. De hecho y gracias a estos trabajos luego se pudo avanzar en la prevenci√≥n ante posibles ataques al coraz√≥n.

Tuvieron que pasar m√°s de 30 a√Īos para que otro investigador, en este caso el doctor Roscoe Bartlett (luego reconvertido en pol√≠tico), volviera a retomar esta √ļltima parte de las investigaciones de Goldschmidt y Boas registrando la frecuencia card√≠aca durante el coito. Cuando lo hizo tom√≥ una serie de medidas mucho m√°s ‚Äúelaboradas‚ÄĚ que sus predecesores para proteger la intimidad de los involucrados.

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En primer lugar se neg√≥ a revelar la ubicaci√≥n del experimento o la identidad de los sujetos (hasta tres parejas). Adem√°s, Bartlett jam√°s conoci√≥ sus identidades, todo se arregl√≥ a trav√©s de un intermediario. Las parejas llegaban al centro de investigaci√≥n por su cuenta, entraban en una sala privada, se conectaban los electrodos, presionaban los botones apropiados para cada momento (‚Äúcomienzo‚ÄĚ, ‚Äúorgasmo‚ÄĚ y ‚Äúretirada‚ÄĚ) y posteriormente abandonaban el edificio. Por tanto nunca fueron vistos por los investigadores.

Y s√≠ que hubo diferencias con las primeras pruebas. Las mujeres de Bartlett no exhibieron la misma frecuencia org√°smica que las mujeres de 1928. ¬ŅLa raz√≥n? No tenemos ni la m√°s remota idea.