La constelación satelital Qianfan —también conocida como Thousand Sails— se concibió como la gran apuesta china para competir con los gigantes occidentales en el mercado del internet espacial. Impulsado por la empresa Shanghai Yuanxin Satellite Technology, con apoyo del gobierno municipal de Shanghái, el plan contempla desplegar más de 15.000 satélites en órbita baja antes de 2030.
Pero a mitad de 2025, el proyecto está lejos de sus metas. De los 648 satélites que deberían estar en órbita para brindar cobertura regional a finales de este año, solo han sido lanzados 90. Esta cifra representa apenas el 14% del objetivo y sugiere que el ritmo actual no permitirá alcanzar las fases siguientes del despliegue.
La falta de cohetes frena los lanzamientos

Uno de los mayores obstáculos de Qianfan está en tierra firme: la falta de lanzadores. Mientras SpaceX lanza los satélites Starlink de 20 a 24 por misión con su reutilizable Falcon 9 —capaz de despegar hasta dos veces por semana—, China no cuenta con un sistema de lanzamiento equivalente en frecuencia ni en eficiencia.
Yuanxin depende de lanzamientos con cohetes de la familia Long March (como los LM-6A, LM-8 y LM-8A), fabricados por empresas estatales, que también deben atender otros programas, incluida la megaconstelación Guowang, prioritaria a nivel nacional. Esta competencia interna por recursos logísticos ha generado cuellos de botella que retrasan los planes de Qianfan.
Entre agosto de 2024 y marzo de 2025, apenas se realizaron cinco lanzamientos de satélites Qianfan, y la empresa incluso perdió dos licitaciones clave para garantizar lanzamientos futuros. La escasa disponibilidad de cohetes amenaza seriamente la hoja de ruta del proyecto.
Problemas técnicos en el espacio complican aún más la situación
A las limitaciones logísticas se suman dificultades técnicas en órbita. Los satélites de Qianfan se colocan primero en órbitas más bajas y luego deben ascender por medios propios mediante propulsión eléctrica. Sin embargo, 17 de los 90 satélites lanzados aún no han logrado alcanzar su órbita final de 1.070 kilómetros y permanecen a altitudes inferiores, en torno a los 800 km.
Estas anomalías, que afectan a casi una quinta parte de la flota actual, ponen en duda la fiabilidad del sistema y generan nuevas preguntas sobre la madurez tecnológica del programa. Fallos en la propulsión o errores de navegación pueden comprometer la cobertura y la estabilidad de la red.
Qianfan ya es la tercera mayor constelación, pero corre el riesgo de estancarse
Con los 90 satélites actuales en órbita, Qianfan ya se posiciona como la tercera mayor constelación de internet en órbita baja, por detrás de Starlink (más de 6.000 satélites activos) y OneWeb. Sin embargo, la diferencia es abismal.
Si China no logra escalar su capacidad de lanzamientos ni mejora la confiabilidad de sus satélites, el proyecto podría verse relegado en la carrera global por la conectividad espacial. En este mercado, los años y los ritmos importan. Y mientras Starlink amplía su cobertura y OneWeb consolida su presencia en regiones clave, Qianfan se enfrenta a una encrucijada entre la ambición y la realidad técnica.