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Ciencia

Asia vuelve a dominar PISA: por qué los estudiantes de Singapur, Japón, Corea y China superan a los españoles

Los últimos resultados de PISA vuelven a situar a varios sistemas educativos asiáticos muy por encima de España en lectura, matemáticas y ciencias. Disciplina, cultura del esfuerzo, control de las pantallas, presión académica y una fuerte implicación familiar ayudan a explicar la diferencia, aunque el modelo también tiene costes importantes.
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El informe PISA 2025 vuelve a dejar una fotografía preocupante para buena parte de los países de la OCDE. Durante la última década, el rendimiento medio cayó 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas, una pérdida considerable si se tiene en cuenta que unos 20 puntos equivalen aproximadamente a un curso escolar.

España tampoco sale especialmente bien parada. En lectura obtiene 451 puntos, por debajo de los 461 de media de la OCDE. Pero mientras gran parte de Occidente pierde terreno, varios sistemas educativos de Asia Oriental y el Sudeste Asiático continúan ocupando las primeras posiciones.

Singapur, Japón y Corea siguen arriba

En lectura, Singapur alcanzó 535 puntos, las jurisdicciones chinas analizadas —Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang— 527, Taipéi 508, Japón 503 y Corea del Sur 501.

La diferencia es todavía mayor en matemáticas. Las regiones chinas participantes obtuvieron 612 puntos, seguidas de Singapur con 563, Macao con 549, Taipéi con 546, Japón con 525 y Corea del Sur con 522. La media de la OCDE quedó en 463.

En ciencias vuelve a repetirse el patrón: China lidera con 597 puntos, seguida por Singapur, Macao, Taipéi, Japón y Corea del Sur.

Eso no significa que estos países sean inmunes al deterioro general. Singapur, Japón y Corea también han retrocedido respecto a 2022 en distintas áreas. Lo llamativo es que, incluso bajando, continúan muy por encima de España y del promedio occidental.

Asia vuelve a dominar PISA: por qué los estudiantes de Singapur, Japón, Corea y China superan a los españoles
© Magnific

Disciplina, esfuerzo y menos distracciones

Una de las explicaciones propuestas está en la cultura educativa.

Francesc Pedró, catedrático y antiguo analista de la OCDE, señala factores como el respeto a la autoridad, la disciplina, el esfuerzo y un mayor control del uso de pantallas y redes sociales.

La cuestión de las distracciones digitales no es menor. PISA advierte precisamente de una posible erosión de la capacidad de concentración de los adolescentes y recomienda utilizar herramientas digitales e inteligencia artificial de forma moderada y con objetivos concretos.

También existe una fuerte implicación de familias, docentes y administraciones. En muchos sistemas asiáticos, la educación ocupa un lugar central y los resultados académicos condicionan en gran medida las oportunidades futuras.

Corea del Sur muestra el extremo del modelo

El caso surcoreano permite entender también la cara menos amable de este éxito.

El país cuenta con una enorme red de hagwons, academias privadas donde los alumnos continúan estudiando después del horario escolar. Alrededor del 80% de los estudiantes pasa por ellas y en 2020 funcionaban más de 73.000 centros de este tipo.

El objetivo es prepararse para un sistema extremadamente competitivo y, especialmente, para el suneung, el examen que condiciona el acceso a las universidades más prestigiosas.

Esa presión produce excelentes resultados académicos, pero también plantea dudas sobre el bienestar de los estudiantes. Como resume Pedró, la excelencia no puede conseguirse “a cualquier precio”.

China requiere una lectura más cuidadosa

China merece además una precaución especial.

Los resultados de PISA no corresponden a todo el país, sino a determinadas provincias y municipios, entre ellos Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang. Investigadores como Nick Eberstadt han cuestionado hasta qué punto esa muestra representa a la enorme y diversa población china, especialmente a las zonas rurales.

Por eso, comparar directamente “China” con España puede simplificar demasiado el escenario.

Aun con estas limitaciones, el patrón resulta difícil de ignorar: los sistemas asiáticos que más destacan combinan exigencia académica, disciplina, continuidad en el estudio y una fuerte valoración social de la educación. El desafío para Europa no parece consistir simplemente en copiar ese modelo, sino en recuperar parte de su capacidad de concentración y exigencia sin reproducir también sus niveles extremos de presión.

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