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Ciencia

Messier 74 llevaba décadas posando como una de las galaxias espirales mejor estudiadas del cielo. Un telescopio de solo un metro acaba de revelar que su disco llega casi al doble de lo que creíamos y que esa periferia nació hace apenas 640 millones de años

M74 parecía una espiral perfectamente conocida hasta que una observación diez veces más profunda reveló un disco azul de estrellas jóvenes que se extiende hasta casi 100.000 años luz desde su centro.
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Messier 74 es una de esas galaxias que parecían tener pocas ganas de guardar secretos. Está relativamente cerca (a unos 32 millones de años luz), presenta su disco casi completamente de frente y lleva décadas siendo observada por algunos de los mejores telescopios disponibles. Hubble la convirtió incluso en uno de los ejemplos clásicos de una galaxia espiral de “gran diseño”, con dos brazos perfectamente visibles rodeando su núcleo.

El problema era que estábamos viendo solamente la parte fácil. Un equipo del Instituto de Astrofísica de Canarias acaba de detectar alrededor de M74 una región estelar extremadamente tenue y azul que amplía su radio conocido desde unos 14 hasta aproximadamente 30 kilopársecs. Eso equivale a pasar de unos 45.000 a casi 100.000 años luz desde el centro. Y lo realmente extraño es la edad de las estrellas que viven allí: alrededor de 640 millones de años. En términos galácticos, prácticamente acaban de llegar.

Estaba delante de nuestros telescopios. Simplemente era demasiado débil para verla

Messier 74 llevaba décadas posando como una de las galaxias espirales mejor estudiadas del cielo. Un telescopio de solo un metro acaba de revelar que su disco llega casi al doble de lo que creíamos y que esa periferia nació hace apenas 640 millones de años
© Instituto de Astrofísica de Canarias / IAC.

El descubrimiento tiene una peculiaridad: no hizo falta construir un telescopio gigantesco. Los investigadores utilizaron el Transient Survey Telescope (TST), un instrumento robótico de apenas un metro instalado en el Observatorio del Teide. Acumularon observaciones en varias bandas y alcanzaron niveles de brillo superficial cercanos a 31,5 magnitudes por segundo de arco cuadrado, unas diez veces más profundos que grandes cartografiados utilizados durante años.

Ahí apareció la periferia. Las fotografías convencionales parecían terminar alrededor de los 14 kilopársecs, pero las nuevas imágenes muestran estrellas mucho más lejos. Curiosamente, esa extensión coincide aproximadamente con regiones donde observaciones anteriores ya habían encontrado hidrógeno neutro y emisión ultravioleta. Había gas allí. Incluso había señales de formación estelar.

Lo que faltaba era ver la población de estrellas extremadamente débil que las acompañaba. Y el nuevo disco es enorme, pero no especialmente pesado. Los cálculos del trabajo indican que extender la medición hacia esas regiones exteriores aumenta relativamente poco la masa estelar total. M74 no habría engordado de forma proporcional: habría construido una periferia gigantesca y extraordinariamente poco densa.

Es casi como descubrir que una ciudad que creíamos terminada tiene suburbios extendiéndose otros 50 kilómetros, pero con muy pocos habitantes.

Esa periferia podría haber aparecido en menos de 1.000 millones de años

Messier 74 llevaba décadas posando como una de las galaxias espirales mejor estudiadas del cielo. Un telescopio de solo un metro acaba de revelar que su disco llega casi al doble de lo que creíamos y que esa periferia nació hace apenas 640 millones de años
© ESA/Hubble & NASA, R. Chandar.

El color azul contiene la pista fundamental. Las poblaciones estelares jóvenes emiten más intensamente en longitudes de onda azules y ultravioletas. Al combinar los nuevos datos con observaciones de GALEX y modelos de evolución estelar, el equipo obtuvo una edad característica cercana a 640 millones de años, aunque depende de factores como la metalicidad y conserva incertidumbres importantes.

Eso abre una posibilidad espectacular: M74 podría haber experimentado un episodio de crecimiento exterior extremadamente rápido durante el último gigayear.

Las galaxias espirales suelen describirse como sistemas que crecen “de dentro hacia fuera”, acumulando gas y formando nuevas estrellas gradualmente durante miles de millones de años. M74 plantea que, al menos algunas veces, ese proceso puede tener acelerones.

Y hay una pequeña galaxia rondando la escena del crimen

El equipo tiene incluso un posible sospechoso: UGC 1176. Los investigadores calculan que esa pequeña galaxia podría haber pasado relativamente cerca de M74 hace aproximadamente 930 millones de años. La interacción gravitatoria no habría necesitado terminar en una colisión. Un sobrevuelo habría bastado para perturbar el enorme reservorio de gas de la periferia y favorecer una oleada de formación estelar.

La cronología encaja, pero todavía no demuestra que UGC 1176 sea la responsable. Ese será el siguiente problema. Porque si M74 es una rareza, estaremos viendo una galaxia que acaba de atravesar un episodio extraordinario. Pero si observaciones ultraprofundas empiezan a encontrar periferias jóvenes similares alrededor de otras espirales, el problema será mucho mayor.

Quizá las galaxias no crezcan siempre con la paciencia de miles de millones de años. Quizá algunas puedan pasar media vida pareciendo perfectamente normales y, de repente, construir casi otro disco entero antes de que el Universo tenga tiempo siquiera de pestañear.

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