Desde tiempos remotos, la humanidad ha mirado al cielo con temor y fascinación. Hoy, los telescopios y sistemas de la NASA permiten rastrear cada roca espacial que amenaza con repetir el cataclismo que acabó con los dinosaurios. En esta crónica cósmica, los asteroides más temidos se convierten en protagonistas de una lista inquietante.
Vigilancia constante desde la NASA

El sistema Sentry, dirigido por el Centro de Objetos Cercanos a la Tierra, monitorea de forma incesante cada cuerpo que pueda poner en riesgo al planeta. La misión no es solo científica: busca anticipar catástrofes comparables a la del meteorito de Chicxulub, que borró al 75 % de la vida terrestre hace 66 millones de años.
En este registro aparecen nombres que van desde números en clave hasta denominaciones apocalípticas. Todos comparten un mismo hilo: la posibilidad, aunque remota, de impactar la Tierra con energías equivalentes a miles de bombas nucleares.
Gigantes en espera de su turno

El catálogo incluye al 1979 XB, una roca de 390 millones de toneladas que podría liberar la energía de 30.000 millones de toneladas de TNT si llegara a golpearnos en 2113. También está el 2007 FT3, desaparecido desde hace años, pero aún con una probabilidad mínima de acercarse de nuevo en 2030.
A estos se suma el recién descubierto 2023 TL4, con un peso de 47 millones de toneladas y una posibilidad de impacto calculada en 1 entre 181.000. Y, más allá en el calendario, el 29075 (1950 DA) amenaza con liberar una devastación global el 16 de marzo de 2880.
Bennu y Apofis, los nombres que inquietan más
Entre todos, Bennu se considera el mayor riesgo. Su aproximación en 2182 mantiene a los científicos en alerta: un impacto liberaría energía suficiente para borrar ciudades enteras. No menos simbólico es 99942 Apofis, bautizado con el nombre del dios egipcio del caos. Aunque se descartó una colisión en el próximo siglo, en 2029 pasará tan cerca que superará la órbita de algunos satélites.
La NASA insiste en que las probabilidades de un choque son bajas, pero la historia demuestra que un solo asteroide puede alterar la evolución de la vida en la Tierra. La lista no es un anuncio del fin, sino un recordatorio de que seguimos siendo vulnerables bajo el cielo estrellado.