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Ciencia

Los átomos existen desde el Big Bang. Los seres vivos estamos hechos de ellos. Entonces, ¿por qué no somos eternos?

Los átomos son, para efectos prácticos, casi inmortales: existen desde el Big Bang y seguirán aquí mucho después de que la Tierra haya dejado de ser habitable. Sin embargo, todo organismo construido con ellos muere. La paradoja se resuelve cuando entendemos que la vida no depende de la eternidad de la materia, sino del frágil orden que los átomos consiguen mantener solo por un tiempo.
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Cuando pensamos en la inmortalidad solemos mirar hacia arriba, a las estrellas, o hacia dentro, a la materia que nos compone. Y ahí aparece un dato que desconcierta: casi todos los átomos de tu cuerpo nacieron hace 13.800 millones de años, y probablemente sobrevivirán a la humanidad entera.

Entonces, ¿por qué nosotros no? ¿Cómo puede morir algo formado por piezas casi eternas? La ciencia tiene una respuesta fascinante.

El universo fabrica átomos casi indestructibles, pero no fabrica seres inmortales

Los átomos parecen inmortales. Pero todo lo vivo muere. La ciencia explica por qué esas dos cosas no se contradicen
© Shutterstock – Yurchanka Siarhei.

Lo primero es aceptar un hecho contundente: los átomos llevan aquí desde el Big Bang. Durante los primeros minutos del universo se formó el hidrógeno. Más tarde, en las estrellas y supernovas, se forjaron los elementos más pesados que hoy componen tus huesos, tus músculos y tu cerebro.

Y esos átomos, en esencia, no desaparecen.

El protón —el corazón del hidrógeno— tiene una vida media estimada en 10³⁴ años. Para comparar: el universo actual tiene “solo” 10¹⁰ años. Estamos hablando de un margen tan grande que, para cualquier escala humana, un átomo simplemente es eterno.

El hidrógeno que hay en tu sangre será hidrógeno mucho después de que la Tierra deje de existir. Incluso si se transforma en otro elemento —por radiactividad o colisiones extremas— sigue siendo materia. Nada se crea, nada se destruye.

Y entonces llega el misterio: si los átomos duran tanto, por qué la vida no lo hace?

La vida no es materia: es organización. Y toda organización termina deshaciéndose

Los átomos parecen inmortales. Pero todo lo vivo muere. La ciencia explica por qué esas dos cosas no se contradicen
© Shutterstock – Yurchanka Siarhei.

Aquí entra en juego la biología, que mira la vida no como un conjunto de átomos, sino como un conjunto de procesos. Lo vivo funciona porque sus átomos están ordenados de una forma muy improbable:

  • moléculas que se copian
  • sistemas que se reparan
  • metabolismo en marcha
  • información que fluye y cambia

Esa arquitectura no es estable eternamente. De hecho, es frágil por definición: exige energía constante para mantener el orden. Cuando ese flujo energético se interrumpe, la estructura se degrada. No es la materia la que muere, sino el patrón que esa materia formaba.

La astrobióloga Betül Kaçar lo resume así: “La vida es química que tiene memoria”. Los átomos son solo el soporte. La vida es el juego que hacen juntos. Y ningún juego puede sostenerse para siempre.

Los átomos sobreviven, pero sus configuraciones no: la entropía siempre gana

De esto ya hablaban Schrödinger y Prigogine: los seres vivos son “islas temporarias de orden” dentro de un universo que tiende al desorden. En otras palabras:

  • El átomo puede durar millones de trillones de años.
  • El organismo que lo usa para estar vivo no.

Con el tiempo, las células acumulan daños, los sistemas pierden eficiencia, la reparación deja de ser perfecta. El organismo se apaga, pero sus átomos… siguen ahí, intactos, listos para formar otra cosa.

Tú mueres, pero ellos continúan su viaje.

En realidad, nuestros átomos sí son “inmortales”: simplemente dejan de ser nosotros

Los átomos parecen inmortales. Pero todo lo vivo muere. La ciencia explica por qué esas dos cosas no se contradicen
© SAMPSON WILCOX.

Cuando un ser vivo muere… nada, pero nada, se destruye. Todo pasa a otra parte:

  • Los átomos de carbono que hoy están en tu piel mañana estarán en un hongo.
  • El nitrógeno de tu ADN terminará en el suelo.
  • El calcio de tus huesos será parte de una roca sedimentaria.

En un sentido profundo, no desapareces: te redistribuyes. Pero lo que desaparece es la forma organizada que llamamos “tú”. Es la identidad, no la materia, la que resulta mortal.

Pero hay un giro inesperado: somos la materia que piensa sobre su propia mortalidad

Y aquí aparece la paradoja final: los átomos llevan existiendo desde el nacimiento del cosmos. Muchos han sido parte de estrellas, nubes de gas, montañas y océanos. Pero ahora —por un azar casi inimaginable— forman algo que reflexiona sobre ellos.

Como dice Kaçar: “Podríamos ser la única colección de átomos en el universo que piensa sobre su existencia”. Es decir: átomos prácticamente eternos formando criaturas que saben que van a morir.

No hay una contradicción. Hay poesía científica.

Quizá no seamos inmortales, pero estamos hechos de materia que sí lo es. Y, mientras dure, seguiremos siendo ese raro fenómeno cósmico: átomos del Big Bang que un día aprendieron a preguntarse por qué todo muere.

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