Seguir Martín Nicolás Parolari
Lo que empezó como un experimento extraordinario de biología reproductiva terminó convirtiéndose en una demostración involuntaria de los límites más duros de la clonación. Tras más de 1.000 ratones y decenas de generaciones, el ADN empezó a romperse hasta que la línea colapsó por completo.
Lo que parecía una noche más en órbita terminó convirtiéndose en uno de los episodios médicos más desconcertantes vividos en la Estación Espacial Internacional. Michael Fincke dejó de poder hablar sin previo aviso, obligó a adelantar el regreso de su misión y todavía hoy los médicos no tienen una explicación clara.
Cancelaciones internas, productos que no despegan y un giro hacia el negocio empresarial dibujan un cambio de rumbo en OpenAI. El problema no es solo el ajuste, sino el momento: ese mismo terreno ya está siendo conquistado por Anthropic.
La idea suena absurda, pero tiene lógica científica. Un equipo de investigadores propone usar bacterias, suelo marciano y residuos humanos para fabricar materiales de construcción directamente en Marte, evitando uno de los mayores problemas de cualquier futura colonia: cómo levantar refugios sin transportar media civilización hasta allí.
Los chips cerebrales parecían una idea lejana reservada a experimentos y promesas futuristas. Pero China nunca dejó de trabajar en ellos. Ahora, con implantes aprobados y pacientes reales, la carrera por conectar el cerebro con las máquinas entra en una nueva fase.
Mucho antes de que existieran aves o reptiles voladores, un depredador alado dominaba el aire con un tamaño que hoy resulta difícil de imaginar. Su existencia revela hasta qué punto el planeta fue capaz de albergar formas de vida radicalmente distintas.
No es una forma práctica de jugar ni una revolución gamer inmediata, pero sí una demostración tan absurda como brillante. El experimento convierte bacterias vivas en una especie de pantalla biológica y lleva al límite una vieja obsesión tecnológica: hacer correr Doom en cualquier cosa.
Un nuevo salto en precisión temporal está obligando a revisar uno de los sistemas más estables de la civilización moderna. Lo que hoy parece una mejora de laboratorio podría acabar teniendo consecuencias muy concretas en la vida diaria.
La frontera entre estar vivo y estar muerto parecía una de las más claras de la ciencia. Ahora, nuevas evidencias muestran que ciertas células pueden reorganizarse, seguir funcionando e incluso adoptar nuevos comportamientos después de la muerte del cuerpo.
Un descubrimiento arqueológico ha devuelto al mapa un enclave asociado al último gran poder anglosajón antes de la conquista normanda. El hallazgo podría obligar a revisar cómo vivió, gobernó y fue recordado uno de los monarcas más eclipsados de la historia inglesa.
Un pico anómalo de berilio-10 encontrado en sedimentos marinos apunta a un episodio de radiación cósmica que alcanzó el planeta durante el Mioceno. El hallazgo sugiere que eventos estelares lejanos pueden quedar registrados, de forma casi invisible, en la historia geológica de la Tierra.
Lo que comenzó como una campaña científica en el Atlántico terminó confirmando una de las anomalías geológicas más sorprendentes de la costa este de Estados Unidos. Bajo el lecho marino permanecía sellado un enorme reservorio de agua dulce formado hace miles de años.
El interior profundo de la Tierra siempre ha sido una región inferida, modelada y discutida, pero nunca tocada. Ahora, una nueva plataforma científica china quiere intentar lo que parecía casi imposible: perforar la corteza oceánica hasta llegar al manto terrestre.
A más de un kilómetro bajo la superficie, en uno de los ecosistemas más extremos del planeta, los científicos han encontrado una criatura tan extraña como reveladora. Su aspecto no solo impresiona: también confirma que las profundidades oceánicas siguen siendo uno de los grandes territorios desconocidos de la Tierra.
Durante siglos, la ciencia clasificó a los animales por su forma, tamaño y apariencia. Ahora, los análisis genéticos muestran que muchas especies aparentemente idénticas esconden linajes distintos, y eso podría cambiar por completo cómo entendemos y protegemos la vida en la Tierra.
Los rovers llevan años mostrando huellas de antiguos lagos, pero los modelos climáticos dibujaban un Marte completamente congelado. Ahora, una nueva hipótesis propone que el hielo no impedía la presencia de agua líquida, sino que la hacía posible.
A casi dos kilómetros de profundidad, una cadena de sismos invisibles está alterando el equilibrio del océano antártico. Lo más sorprendente es que su efecto no queda atrapado en el fondo marino: acaba alimentando gigantescas floraciones de fitoplancton detectables por satélite.
Tras atravesar terrenos complejos, el rover ha alcanzado un enclave clave donde podrá analizar rocas con precisión inédita. El foco está en “Tarija”, una formación que podría contener pistas sobre el pasado ambiental de Marte.
Un nuevo estudio ha observado por primera vez un fenómeno predicho hace décadas: estructuras oscuras incrustadas en una onda luminosa que avanzan más deprisa que la propia luz que las contiene. No rompe la relatividad, pero sí obliga a entender mejor qué significa realmente “moverse”.
La especie Centrochelys sulcata empezó a excavar túneles de hasta 10 metros de profundidad. Esos agujeros cambiaron el suelo, retuvieron agua y generaron microclimas. El resultado obliga a repensar cómo restaurar ecosistemas en el Sahel.